Ortelli, la gloria volvió a llamar a su puerta

El piloto de Salto, con apenas 27 años, conquistó por segunda vez el título de la categoría más popular del país
Roberto Berasategui
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30 de octubre de 2000  

NUEVE DE JULIO.- No tenía más que esperar 21 giros para festejar. No había más que administrar el poderoso Chevrolet para celebrar a su manera. No debía desesperarse y sólo aguardar que la bandera a cuadros sentenciara su llegada. Fue el arribo de Guillermo Ortelli a la historia grande del Turismo Carretera, ya que, con apenas 27 años, logró por segunda vez el sueño de su vida: ser campeón de la categoría más popular del automovilismo nacional.

Gente apasionada, empujada por el afán de compartir y ser parte del logro, no razonó y se lanzó a la pista a la caza del Chevrolet azul, centro de todas las miradas porque el número 1 estará pintado a sus costados. Allí arriba marchaba Ortelli, eludiendo inconscientes hinchas de la marca y disfrutando de una jornada que será inolvidable para él.

"Es un piloto al que le sobra el tiempo arriba de un auto", lo describió Jorge Pedersoli, motorista del campeón. Y si bien la definición es perfecta para pintar a un conductor excepcional, en la vuelta de honor no le alcanzaban las manos para saludar, festejar y apretar el puño junto con su habitual acompañante, Mauricio Lupardo.

Y como en una película, el piloto de Salto vio imágenes que se sucedieron violentamente. Desde sus primeros años con los kartings, su llegada al TC 2000, el debut con una victoria en el TC (las Dos Horas de Buenos Aires, en 1994, con Fabián Acuña), su ingreso en la historia del TC al ser el campeón más joven de la historia, hace dos temporadas, con apenas 25 años...

La carrera se le hizo más fácil de lo pensado. Si bien el viernes sintió la complicación de la rotura de un impulsor (corrió con 180 kilos de lastre), el panorama se le allanó en la serie, cuando Ernesto Bessone (Dodge) abandonó tras ser embestido por Javier Balzano. Ortelli sabía que con llegar a la meta, era el campeón. Y si el Gurí Martínez abandonaba, hasta podía festejar antes de la finalización de la actividad. Por eso se ubicó cuarto y ni se preocupó por la punta, que mostró una lucha interesante y que permitió la victoria de Raúl Sinelli (ver aparte).

"Estoy muy feliz, porque salí campeón con un equipo que es íntegramente mío. Estoy tan contento como cuando logré mi primer campeonato. En aquel entonces, la lucha fue intensa con Traverso. Esta vez fue más distendido, pero con otro gusto por correr en mi team", comentó Ortelli.

Tras su ruptura con Alberto Canapino, el chasista con quien logró el título en 1998, el piloto de Salto llamó a Sandro Crespi (hijo de Tulio) y a Pedersoli para trabajar en us equipo. La apuesta fue a todo o nada. Los comienzos fueron duros, ya que a principio de año los resultados no llegaban y el primer triunfo se produjo en junio, casi a mitad de certamen, justamente en Nueve de Julio. "Recuerdo que antes de esa carrera fui a Luján para agredecerle a la Virgen por el título del 98, y vino ese triunfo. Ahora voy a ir otra vez a Luján, pero te aseguro que no voy a tardar tanto", recordó. A partir de allí se repitieron cuatro victorias (con un segundo puesto en el medio, en Balcarce) y finalmente mantuvo un promedio de 15,5 puntos por carrera, suficiente para coronarse en la penúltima fecha del certamen.

Mientras recibía las felicitaciones de su rival directo, Bessone, que se acercó para saludarlo, Ortelli confesaba: "El coche perdía en los sectores de aceleración, por el peso. Pero en las partes veloces recuperaba y pude controlar la situación, Esperé cuatro vueltas para no arriesgar y después traté de ir hacia adelante".

Ya con el 1 pintado en el coche, Ortelli saludó a cada uno de los integrantes del equipo: "Somos todos iguales. Acá no salió campeón Ortelli, sino todo un grupo. Yo rescato el valor humano, porque todos nos respetamos y cada uno cumple una función específica".

Con un perfil muy bajo, Ortelli mostró una contundencia atípica en el Turismo Carretera. La gran superioridad de su Chevrolet, que se adaptó como ninguno a cada circuito del calendario, produjo la temprana definición. Ortelli concretó lo que ya se preveía. Y que sólo era una cuestión de tiempo. Nada más.

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