Otras historias de la final: los caballos y sus secretos

Las características de los montados que utilizarán Chapaleufú y La Dolfina para la definición de Palermo
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12 de diciembre de 2001  

Los polistas tienen una frase símbolo que explica la importancia que les dan a los caballos. "Son el 70% del juego", dicen, por lo general, con pequeñas subas o bajas de ese porcentaje, según el caso. De ahí que la diferencia entre un equipo grande y uno chico sea mayor en cuanto a la caballada que a los handicaps.

Ya cerca de la definición del 108° Argentino Abierto Movicom Bellsouth del sábado próximo, es bueno analizar ese 70% de Indios Chapaleufú (Marlboro) y de La Dolfina. Más allá del desglose de cada uno, en la charla con los jugadores surgieron dos historias como para destacar: las de los montados por Horacio Heguy y Adolfo Cambiaso.

El capitán de Chapaleufú resume con una frase a su caballada: "Nunca estuve tan bien montado. Además tengo tres caballos nuevos en Palermo, cuando sacar uno solo ya produce una alegría enorme. Y son caballos que vi nacer y que crié". Horacio se refiere a Patito y Bárbaro, hijos por trasplante embrionario de Mala Pata y Bartola, respectivamente, dos yeguas con historia: "Con Bartola gané mi primer Argentino en 1986, y con Mala Pata, los otros cuatro".

En La Dolfina, el currículum de Colibrí, el caballo de Adolfo Cambiaso que tiene 19 años, se lleva las palmas. Más allá de todos sus logros deportivos, este año el zaino vivió un incidente especial. En marzo último, hubo una serie de robos en Cañuelas. Y, azarosamente, los cuatreros también hurtaron a Colibrí, sin saber que se trataba de uno de los montados más importantes del polo argentino. El caballo fue recuperado, aunque tenía rotos los vasos porque lo hicieron caminar sobre tosca. Por eso y por su elevada edad para la competencia, en un principio estaba retirado. Pero su evolución, sus excelentes virtudes y, sobre todo, la gratitud de Adolfito para con él -expresada en hacerlo jugar un par de chukkers de honor en Palermo- lo devolvieron al ruedo y hoy está deslumbrando en el Argentino como tantas otras veces.

Está claro: los caballos también son protagonistas de la definición.

Dos potencias en la cancha

Para Juan Ignacio Merlos, la tordilla Chapita, que le presta su hermano Agustín, es su segunda mejor yegua en su lista de caballos (en la foto de arriba aparece ganándole a Eduardo Novillo Astrada -h.-); para Horacio Heguy, Chapa Patita es uno de sus orgullos: es fruto del trasplante embrionario e hija de Mala Pata, yegua con la que el capitán de Chapaleufú ganó los Argentinos de 1991, 1992, 1993 y 1995 (en la foto de la izquierda, el binomio está en plena acción con Alberto Heguy -h.-)

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