Para Carlsen, no todo es blanco o negro

A los 22 años, el fenómeno noruego que logró el título mundial no quiere que estar frente al tablero sea una obsesión
Carlos Ilardo
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26 de noviembre de 2013  

Ese joven de tez blanca, flequillo rubio y rostro cuadrado con mentón y nariz de boxeador posee la memoria de un genio; a los cinco años recitaba sin leer las superficies, capitales y habitantes de los 460 municipios de Noruega, a los ocho descubrió el ajedrez y cinco años después era gran maestro -una especie de cinturón negro entre los judocas-. El viernes último, en Chennai (India), el noruego Magnus Carlsen, a los 22, se convirtió en campeón mundial tras vencer al experimentado Viswanathan Anand, de 43, por 6,5 a 3,5 antes del límite de las 12 partidas previstas para el match. Una hazaña igualable a lo realizado por Garry Kasparov cuando a esa edad derrotó al ruso Karpov, en 1985.

Sin embargo, ese joven nórdico que sentado frente al tablero puede calcular y eludir jaques con hasta 15 o 20 jugadas de anticipación y reproducir de memoria más de 1000 partidas antiguas sabe que aunque la vida imite al ajedrez sus caminos no son sólo el blanco y negro. Antepone el pensamiento a la acción.

"El ajedrez no puede convertirse en una obsesión. Si no, se corre el peligro de caer en un mundo paralelo, de perder el contacto con la realidad, extraviarse en el universo infinito del juego. Y uno se vuelve loco. Por eso, entre torneo y torneo procuro tener tiempo suficiente de volver a casa, ocuparme de otras cosas. Salgo con amigos y chicas, voy a nadar, a esquiar, a escuchar música, jugar póquer por Internet o ver los partidos del Real Madrid, mi equipo favorito", contó a la nacion desde el búnker en el hotel Hyatt Regence donde se alojó junto a su coach, Espen Agdestein, durante la disputa del Mundial con Anand.

-Si te gusta tanto el fútbol, debés admirar a Leo Messi.

-Sí, por supuesto, el mejor de todos, aunque a veces no coincidimos con mi padre (Henrik) porque él cree que Maradona fue el más grande; yo pienso que pertenecen a dos etapas diferentes del fútbol.

-¿Y cuál es tú análisis del triunfo ante el indio Anand, una leyenda de este juego?

-Creo que la 3» partida del match fue determinante; él estuvo mejor pero me respetó demasiado; eso me hizo ver varias cosas, su inseguridad a causa de no hallarse cómodo con la posición y subestimar sus propias posibilidades. Eso me dio ánimo y ya en la 4» estuve mejor y después gané consecutivamente la 5» y la 6» y prácticamente el match quedó definido.

Carlsen, que a los 13 años figuraba entre los top 100 del ajedrez mundial, a los 15 entre los diez mejores del mundo y a los 18 ocupaba el primer lugar del ranking mundial, no cree que sus logros estén relacionados con la inteligencia, aunque se trate de un juego vinculado al intelecto de los hombres.

"No me siento un genio para nada, incluso a veces creo que soy un idiota para varias cosas. Juego muy bien al ajedrez; tengo muy buena intuición para este juego, pero eso no me convierte en un genio", dice el joven que admira el estilo de juego de Bobby Fischer, a quien dice intenta imitar. "Admiro la capacidad que tenía Bobby para que nos pareciera fácil lo que en realidad era muy difícil", completó. En tanto, el ruso Kasparov, uno de los mejores ajedrecistas de la historia, cree en la genialidad y el talento del noruego: "Magnus tiene muchas cosas de Karpov y Fischer, incluso podría decirse que por sus cálculos perfectos su juego se parece al de una computadora".

-Después de muchos años de confrontaciones, al fin un Mundial sin discusiones. ¿Eso sucedió porque eran dos buenos perdedores?

-No, no lo creo; no se puede ser N° 1 del mundo y ser un buen perdedor, y tampoco soy un buen ganador. No masacro a mis oponentes, al menos que se lo merezcan, por supuesto.

Acaso sin proponérselo, Carlsen posee un carisma ante los medios comparable con Bobby Fischer. Es el primer ajedrecista convertido en modelo; figura de la marca G-Star. La revista británica GQ dijo con asombro que su reportaje sobre Carlsen tuvo más éxito que las 100 fotos del desfile de lencería de Victoria's Secret.

Magnus Carlsen, el joven campeón mundial mediático que se atrevió a patear el tablero, rompió los estereotipos. Casi un genio, aunque no se sienta así.

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