Partes de una realidad

(0)
28 de marzo de 2000  

BOGOTA (De un enviado especial).- El diario denuncia nuevos ataques guerrilleros: veintitantos policías muertos en el departamento de Antioquia, dice. Las revistas refrescan estadísticas atemorizantes: por lo menos doce ataques desde el 15 de enero hasta la fecha, avisa. Brasil llega al Hotel Tequendama Intercontinental y la seguridad se multiplica a la enésima potencia: tres perros semiindómitos, 32 policías sólo para cuidarlos a ellos, una barrera en la puerta de ingreso que hasta para los huéspedes parece infranqueable.

Es el panorama "de exportación" que vende Colombia. Es un mal interno que parece la única cara del país. Y no resulta una mentira moldeada por el periodismo extranjero, sino una especie de carga que los mismos colombianos aceptan. Como Juan Pablo Angel, la máxima esperanza del seleccionado local en la era pos-Valderrama: "Es cierto. Lamentablemente, todo lo que se dice es verdad. Lo que pasa es que Colombia no es sólo eso. Este un país fabuloso".

Tiene razón, Angel. Quien quiera guiarse por las noticias seguramente le huirá a Colombia. Y con justificación.

Porque, para qué negarlo, las bombas, los ataques y los secuestros atemorizan a cualquiera. Si hasta varios integrantes de la delegación brasileña, off the record, aceptaron el temor que sentían por tener que venir a jugar aquí.

Pero, como dijo Angel, ésa será sólo una parte de la Colombia real. Una parte importante y significativa, pero una parte al fin. Y es que la Colombia "completa" mezcla el pánico nuestro de cada día con unas gentes de amabilidad envidiable. Con diversión, buen humor, con una predisposición que debe ser récord en el mundo. Porque eso también es Colombia. Aunque, obvio, la simpatía es mucho más difícil de exportar vía noticias.

La imagen que Colombia tiene en el planeta no es un invento. Pero es sólo una fragmentación algo tendenciosa de lo que este país posee.

Por un lado, los bogotanos advierten de la "ley zanahoria", una disposición del ex alcalde Antanas Mockus que a la una de la mañana manda a todos a dormir. Cuentan que eso hizo descender los índices de criminalidad. De la misma manera, previenen de no caminar solo por las noches, de no andar por cualquier zona...

Por el otro, recomiendan bares, pubs, restaurantes, shoppings y demás maravillas sociabilizantes en las que la gente siempre demostrará una predisposición única. Entonces, "cuidado al salir, pero salga, porque en Colombia se va a divertir".

Son las dos caras de este país. Nada forma parte de una difamación, pero tampoco es verdad que aquí sólo haya violencia.

Partes de una realidad

BOGOTA (De un enviado especial).- El diario denuncia nuevos ataques guerrilleros: veintitantos policías muertos en el departamento de Antioquia, dice. Las revistas refrescan estadísticas atemorizantes: por lo menos doce ataques desde el 15 de enero hasta la fecha, avisa. Brasil llega al Hotel Tequendama Intercontinental y la seguridad se multiplica a la enésima potencia: tres perros semiindómitos, 32 policías sólo para cuidarlos a ellos, una barrera en la puerta de ingreso que hasta para los huéspedes parece infranqueable.

Es el panorama "de exportación" que vende Colombia. Es un mal interno que parece la única cara del país. Y no resulta una mentira moldeada por el periodismo extranjero, sino una especie de carga que los mismos colombianos aceptan. Como Juan Pablo Angel, la máxima esperanza del seleccionado local en la era pos-Valderrama: "Es cierto. Lamentablemente, todo lo que se dice es verdad. Lo que pasa es que Colombia no es sólo eso. Este un país fabuloso".

Tiene razón, Angel. Quien quiera guiarse por las noticias seguramente le huirá a Colombia. Y con justificación.

Porque, para qué negarlo, las bombas, los ataques y los secuestros atemorizan a cualquiera. Si hasta varios integrantes de la delegación brasileña, off the record, aceptaron el temor que sentían por tener que venir a jugar aquí.

Pero, como dijo Angel, ésa será sólo una parte de la Colombia real. Una parte importante y significativa, pero una parte al fin. Y es que la Colombia "completa" mezcla el pánico nuestro de cada día con unas gentes de amabilidad envidiable. Con diversión, buen humor, con una predisposición que debe ser récord en el mundo. Porque eso también es Colombia. Aunque, obvio, la simpatía es mucho más difícil de exportar vía noticias.

La imagen que Colombia tiene en el planeta no es un invento. Pero es sólo una fragmentación algo tendenciosa de lo que este país posee.

Por un lado, los bogotanos advierten de la "ley zanahoria", una disposición del ex alcalde Antanas Mockus que a la una de la mañana manda a todos a dormir. Cuentan que eso hizo descender los índices de criminalidad. De la misma manera, previenen de no caminar solo por las noches, de no andar por cualquier zona...

Por el otro, recomiendan bares, pubs, restaurantes, shoppings y demás maravillas sociabilizantes en las que la gente siempre demostrará una predisposición única. Entonces, "cuidado al salir, pero salga, porque en Colombia se va a divertir".

Son las dos caras de este país. Nada forma parte de una difamación, pero tampoco es verdad que aquí sólo haya violencia.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.