Perdidos en Brasil

Concluyó la primera rueda y el DT del seleccionado argentino, José Pekerman, todavía no encontró el equipo; en la etapa decisiva, sólo resta buscar variantes para combatir los problemas.
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31 de enero de 2000  

LONDRINA, Brasil.- La Argentina caminó a tientas por Toledo, guiándose más por el instinto de supervivencia que por lo que imponía la razón. No había otra alternativa. El Sub 23, el equipo con el que todos soñaron, tenía que estar entre los cuatro mejores del continente y lo consiguió de una manera que el hincha no esperaba y que lo decepcionó, pero que el seno de la propia delegación se acostumbró a masticar desde que pisó la tierra del jogo bonito.

Días atrás se hizo mención a la falta de preparación, a las lesiones y al desgaste físico y anímico que impiden que este equipo tome el vuelo que todos pretenden. Hoy, después de la sufrida clasificación para la segunda rueda como consecuencia de la derrota con Uruguay por 2 a 1, la idea es ir más allá: encontrar el porqué de este deambular que muestra a la Argentina perdida en Brasil.

El punto principal nace en que Pekerman no encontró el equipo (¿lo encontrará en la rueda final?), y esto obedece a que, pese a saber con quiénes quiere jugar, todavía no sabe cómo y dónde hacerlos jugar. Su sueño ofensivo es juntar a Riquelme con Biagini, Aimar y Saviola. Pero los dos primeros se lesionaron y el último no encaja en el sistema de Pekerman. Entonces sólo resta buscar variantes en plena competencia, cuando lo ideal hubiese sido cargar con ellas como parte de la utilería. Pero claro, la falta de trabajo, la negativa de los clubes para ceder a los jugadores, la sobreexigencia de muchos de ellos y la imposibilidad de armar dos equipos seguidos desde que empezó el camino a Sydney atentan contra el normal desarrollo de lo planeado.

En pocas palabras: este equipo nació en estado delicado -que no significa que morirá pronto- y cuando alguien se da cuenta de que el paciente no mejora o de que un tercero (el referí ante Uruguay, el brasileño Luciano Almeida) le impide recuperarse, estalla, pierde el rumbo y culpa a un extraño (en este caso el asistente Hilton Rodrigues, que vio afuera una pelota que no salió) por el mal propio.

Lo que ocurrió en el segundo tiempo del partido con Uruguay, después de aquella cuestionada jugada anulada, da la pauta de que la preocupación que mantiene en vilo desde hace tiempo al cuerpo técnico y a los jugadores influye para dar los pasos correctos y los hace tomar actitudes que jamás antes habrían acontecido.

Hagamos un repaso detallado: primero fueron las tarjetas rojas para Markic y Placente, un punto que siempre combatió Pekerman, más allá de lo injusto que sean. Luego surgió la expulsión del preparador físico Eduardo Urtasun por patear la pelota dentro del campo para hacer tiempo, cuando este cuerpo técnico siempre se caracterizó por defender a muerte el Fair Play. Más tarde, aparecieron los insultos y las amenazas entre los jugadores argentinos y uruguayos; cosa que detesta Pekerman. Y, como punto final, cerró la disparada de Pekerman hacia el vestuario tras la caída, cuando su costumbre es saludar al técnico rival, tanto en la victoria como en la derrota, como ocurrió tras la eliminación del Mundial de Nigeria Sub 20.

Con esta realidad, el seleccionado desembarcó en Londrina, donde sabe que le resultará imposible practicar el fútbol que muchos imaginaron cuando vieron con una misma camiseta a Aimar, Riquelme, Saviola, Biagini, Cambiasso, Placente, Markic, Duscher, Scaloni y Milito, entre tantos. Eso quedará para otro momento. Ahora sólo importa encontrar el equipo adecuado para que de una buena vez camine a paso firme, y el choque con Brasil es un excelente punto de partida para que ello se concrete.

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