Perdidos en Tokio

Ezequiel Fernández Moores
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26 de junio de 2014  

SAN PABLO.- "Brasil, decime qué se siente?", cantan en Arthilheiros Bar, en Vila Madalena, un barrio bohemio no lejos del centro de San Pablo. "Yooooo te sigo a todas partes?", inicia el nuevo canto otro de los hinchas. "Somos locales otra vez", siguen todos, con buzos de AFA y camisetas de Argentina. Se abrazan tras el gol de Marcos Rojo, que marca el 3-2 ante Nigeria. Y terminan a puro grito: "Tomala vos/damela a mí/ el que no salta es de Brasil".

Son todos brasileños.

Primero instalan debajo del plasma la bandera de seis metros de largo y casi dos de ancho que dice "Hinchada Argentina. Sao Paulo. Br" (Brasil). Se suman al "Ooooo?" mientras suena el himno en el estadio Beira Rio, de Porto Alegre. Y luego, como si se tratara de cualquier tribuna de un estadio argentino, ante un frustrado primer avance nigeriano, Aparecido Jose Damaceno, 38 años, metalúrgico, canta mirando al plasma: "Noooo pasa nada/ la puta que te parió".

"Yo -me dice Aparecido- me hice hincha de Argentina después del partido que Argentina le ganó a Brasil en Italia 90. Tenía 15 años. Leí que esa noche Maradona cenó con Careca y Alemao y ahí vi que no tenía sentido eso del patriotismo. Soy hincha del Sao Paulo", me dice y saca su carné de los "Dragones". "Pero me hice hincha de Argentina porque siempre alientan al equipo. Aquí, en cambio, alientan sólo cuando va bien. Son hinchas del resultado. Y, si hay dificultades, critican".

"Siempre veo voluntad de ganar. Y la hinchada apoya siempre", coincide Tiago da Rocha Harasymzczuk, 28 años, gerente de proyectos. Su click -me cuenta- fue cuando vio a Diego Maradona gritándole a la cámara el gol contra Grecia en el Mundial 94. Esa pasión, esa rabia? acá en Brasil juegan por el dinero, en Argentina por la camiseta". Tiago cuenta que Hinchada Argentina tiene 130 miembros. Que nació primero como "La 12" de San Pablo, por un amor inicial a Boca. Tiago pidió autorización a Buenos Aires. Se la dieron. Y le enviaron un reglamento. El artículo 1 dice que, para ser miembro de La 12 San Pablo, cada vez que juegue Boca en Brasil deben alentar por Boca. Comenzaron juntándose en Moocaires Bar, muy argentino, en la zona este de San Pablo, cerca de la sede del club Juventus, donde alguna vez jugó César Menotti. "Pero aprovecharon la fama que tuvieron por nosotros y hoy, por ejemplo, cobran 60 reales la entrada para ver ahí el partido", me dice Tiago, que entonces mudó su aliento a Artilheiros Bar. Y el aliento se hizo extensivo a la selección argentina. "Van iguales, los dos juntos", dice, mientras se corre el buzo con escudo de la AFA y muestra una camiseta blanca con la inscripción "La 12".

-¿Y a quién alentás si el 13 de julio Brasil-Argentina juegan la final del Maracaná?

"Mil por ciento a Argentina".

No son todos de Boca en "Hinchada Argentina". Julio César Lima Silva, 43 años, chofer particular, se hizo de Vélez en 1993 por la camiseta con la V azulada. Y de Argentina desde el Mundial 78, cuando tenía siete años y quedó fascinado con Fillol, Ardiles y Kempes, y con el espectáculo en las tribunas. Y también con el Mundial 86.

Ahí ya eras más grande ¿Esa fue la confirmación?, le pregunto.

"No -me corrige- lo del 78 fue bautismo y confirmación."

Y tampoco son todos de "La 12". Rodrigo Torres Toledo, 33 años, que pone imagen y sonido en eventos, siguió a Boca a todas las canchas que jugó en Brasil. Muestra tatuaje azul y oro y fotos de camisetas en su casa de Boca, Argentina y hasta de Juventus, "por Apache", porque allí juega ahora Carlos Tevez.

"Carlitos", dice, justamente, la camiseta argentina de Diego Alejandro Mérida, nacido hace 44 años en La Plata, desde los 2 en Brasil y financista. Llega más tarde al bar y cuenta que también a él el Mundial 78 lo hizo definitivamente argentino.

Al grupo se une también Ian, 31 años, madre jujeña y padre chino, y nacido en Ponta Porá, frontera de Brasil con Paraguay. Crecido en Jujuy, donde sus padres manejaron durante años el restaurante Chung King, Ian ("mi tonada es la del aeropuerto") viaja muy seguido a China por trabajo. Llega junto con su hermano William y no entiende mucho de fútbol. Pero se junta con el grupo cada vez que juega Argentina. "Es mi religión", dice.

Para Vitor, 19 años, estudiante de locución, el amor nació en el Argentina 3-Brasil 1 del Monumental, con golazo de Juan Román Riquelme, lujos de Juan Pablo Sorin y un Hernán Crespo imparable, según detalla. "Pero me gusta el país, su música, su cultura. Querría no haber nacido en Brasil", dice convencido. A Diego Alvares, 26 años, estudiante de medicina, camiseta suplente de Argentina, lo llevaron a los siete años a la Bombonera. Fue su puerta a la argentinidad.

Leonardo Pantalone, auxiliar administrativo de 30 años, se hizo "argentino" emocionado cuando asegura haber visto a hinchas en el Monumental que seguían alentando a la selección en medio del 0-5 de Colombia. "Era una prueba de amor", dice, y se suma al hit "Brasil, decime qué se siente?" y grita con fuerza "Maradona es más grande que Pelé".

-¿En serio te parece que Diego es más grande que Pelé?

"Sí, porque Pelé jugaba contra equipos como Jabaquara, contra jugadores que eran mozos, albañiles? Diego jugó contra profesionales en serio". Rodrigo añade: "Diego es más grande porque fue portavoz, fue una figura futbolística y política, porque lo vi en un video previo al partido contra Inglaterra y decía que a los ingleses había que ganarles de cualquier manera".

"Pero están locos -me dice riéndose Marina, periodista del diario Folha, que llega al bar para hacer una nota de los brasileños que hinchan por Argentina-, ¿cómo van a decir que Diego es más grande que Pelé?"

Tiago dice que hay cosas que no tienen explicación. "El Diego los gambeteó/Cani los vacunó", canta con el resto. Le recuerdo que en ese partido de Italia 90, Brasil nos dio un baile y que a Branco le dimos agua maldita. Que Brasil ganó cinco copas mundiales y Argentina dos. Y que, además de Pelé, están Garrincha, Didí, Zagallo, Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho? Hay cosas -insiste- que no tienen explicación."

Me despide de Artilheiros, un bar lleno de tapas de la revista Placar y de bufandas de clubes del mundo, muchos argentinos, como Estudiantes, Ferro y Rosario Central. Y me invita a partir juntos hacia el estadio el martes contra Suiza, porque viajarán en el subte cantando "Brasil, decime qué se siente".

¿Y si para la final en Río juegan Argentina-Brasil, cómo ves que en tu bar se grite por Argentina?, pregunto a Rodrigo, hincha de Corinthians, dueño del Artilheiros. "Este -me responde- es un bar abierto a todo el público y se sienta quien llega primero. Me gusta la pasión del fútbol, pero si para la final quieren juntarse otra vez acá, van a tener que madrugar."

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