Perfecto final para un año de fútbol entre sospechas

Ariel Ruya
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9 de diciembre de 2009  

Pobre Banfield. Es un ordenado conjunto que hoy puede consagrase campeón del fútbol doméstico. Se defiende muy bien, ataca de vez en cuando. Es de lo mejor en este bajísimo torneo Apertura. Pobre Banfield. Casi se pasa por alto su (falta de) juego, porque el fútbol argentino, hace tiempo ya, se mueve entre sospechas. Los arbitrajes dejaron de ser malos o regulares: son parte de la suspicacia general. Cada error es señalado desde las sombras por denuncias fundadas... o no. Los arbitrajes están bajo la lupa. Después del escándalo de la definición de Vélez y Huracán en el Clausura, por aquel grosero error de Gabriel Brazenas que desmereció, en parte, el título del gran equipo de Liniers. Después (o antes) de Aníbal Hay, de Cristian Faraoni. De los arbitrajes que, decían, beneficiaron a Lanús tiempo atrás. De los arbitrajes que, dicen, benefician a Banfield por estas semanas. De...

Algún precavido habrá pensado que no era conveniente la designación de Pablo Lunati, un mal árbitro y, desde hace un tiempo, presuntamente investigado por la AFA, para dirigir Banfield frente a Tigre, días después de su polémica tarea en el match de Newell´s ante Arsenal. Algún ingenuo habrá considerado un error exponerlo. Sin embargo, la derivación, ahora, es aún más peligrosa: el juez quedó expuesto como nunca. Ya su carrera -si continúa- no será igual. Siempre será sospechado ante cada mínimo error.

El fútbol argentino es parte de una sociedad suspicaz y, en parte, corrupta: muchos creen que siempre hay algo detrás de... Vivimos entre conjeturas y suposiciones. El habrá sido por esto o por aquello . Sin embargo, en un proceso de investigación en marcha, la mirada se agudiza: el Apertura será relativizado, seguramente. Marcado en un contexto de sospechas.

Rafael Furchi, el juez que saldrá hoy a la cancha de Banfield, pertenece a la misma categoría de Lunati: es un mal árbitro. Al menos, por estas horas, no recaen sombras sobre su figura. Pero el procedimiento es tardío y, como mínimo, desprolijo. El fútbol argentino no se merece otra mancha en su cuerpo de leopardo. Ya son varias las que expone su historia.

Por lo menos, 2009 hizo lo suyo: fue un año de despropósitos. El Fútbol para Todos se construyó como una bocanada de aire fresco y continuó con un contrato oficialista con números en rojo. Un grupo de unidas barrabravas irá al Mundial como si se tratara de un viaje de placer. ¿Y pagado por quién? La violencia sigue latente. La labor del seleccionado fue, al menos, grotesca. Y los arbitrajes ya dejaron de ser malos para convertirse en esa gran nube de versiones maliciosas. Pobre Banfield: hoy puede ser campeón en el reino de la sospecha.

aruya@lanacion.com.ar

Por: Ariel Ruya
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