Plateas frías: los aussies, sin pasión

La primera jornada apenas reunió a 1000 personas; detrás de uno de los arcos, la gente tiene lugar para tomar sol en reposeras
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25 de noviembre de 2002  

PERTH, Australia (De un enviado especial).- No braman los australianos por la 10a Copa del Mundo de hockey. El estadio de la Universidad Tecnológica de Curtin, en Bentley, con capacidad para 5000 personas, albergó una reunión colorida y amigable, pero el ambiente no alcanzó la estatura de una fiesta en su primera jornada. El domingo soleado y el debut de Australia frente a EE.UU. hacía suponer una buena convocatoria de aussies , deseosos de ver qué tal son las campeonas mundiales. A contrapelo de las expectativas, una vez más atrajeron la playas sobre Scarborough Road y las interminables series de cricket, televisadas en directo. Un ojo calculador indicó que sólo hubo 1000 asistentes en la primera jornada, que no armaron demasiado barullo.

Apenas un grupito de 20 hinchas de las hockeyroos plantó bandera antes del mediodía y dijo "aquí estamos", en una de las tres bandejas de la cancha 1, al grito de "°go go go, aussies, aussies, aussies!" . Las exclamaciones que se disparaban desde la tribuna tuvieron indudable música femenina, tal como sucedió en el Mundial que se disputó hace cuatro años en Utrecht, Holanda. La pregunta es si la asistencia se mantendrá tal cual o si efectivamente crecerá con las definiciones.

¿Bombos? ¿Banderas gigantes? Olvídese por ahora. Sí festejos y aplausos en los goles, pero todo en su medida justa, sin euforia ni grandes pasiones. Es que el australiano medio, lejos de ser frío como un escandinavo, tampoco es muy visceral; más bien muestra la sencillez de un campesino y es simpático y amable por naturaleza. Siente que no tiene por qué hacerse notar.

El público toma este espectáculo como recreación. En la zona de veinte stands, a un costado del estadio, buena parte se reúne para consumir pizza, hamburguesas, ensaladas, frutas, sushi... Otros se tientan con la compra de artículos de hockey, desde palos y camisetas hasta pads y cascos. En una tarima de madera ubicada en el corazón de los puestos de venta se recrea una coreografía malaya, con sus trajes típicos.

Hay quienes se ubican fuera de las tribunas y arman su propio solarium sobre una loma de pasto, detrás de uno de los arcos, con su reposerita y colchoneta incluida. Los que quieren sombra se echan debajo de los altísimos pine trees , los árboles más familiares para los australianos. El encuentro atrae desde el punto de vista multiétnico, entre turistas, periodistas y voluntarios -de todas las edades-.

Cae el nivel de consumo en las tribunas. Los asistentes observan el partido y unos pocos se distraen con las papas fritas con ketchup. Dietético, nada. Ajena a los menúes, la pantalla gigante de TV, en uno de los codos, recuerda las principales situaciones de los partidos y, de paso, aprovecha para vendernos publicidades. El sonido de audio atrona cuando cualquier chica convierte un gol. Sin lujos ni ostentaciones, todo funciona bien; no hay deslices. Sin fallas en la transmisión de los partidos, en la sala de prensa o en el movimiento de la gente. No hay por qué sospechar de que aquí algo puede estar mal organizado.

Como uno más

Tanta tranquilidad hay en la cancha de la Universidad de Curtin que entre los stands de promoción, mezclados con el público, se pasean los protagonistas del Mundial. Allí mismo comió ayer el DT Sergio Vigil junto con sus ayudantes, después de la última charla técnica con las Leonas.

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