"¡Nos daban por muertos y estamos bien vivitos!"

La frase de Bartolomé Castagnola resume el espíritu de los ganadores
Carlos Beer
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8 de diciembre de 2009  • 00:02

De la Redacción de LA NACION.- El casco celeste y blanco iba y venía con movimientos rítmicos desde su mano derecha. La tribuna Dorrego saludaba a su dueño, Adolfo Cambiaso, con aplausos, como a sus tres compañeros. Por primera vez en la temporada, el equipo se iba con una sonrisa de la cancha. No era por el fin, es decir la victoria, sino por los medios: la actuación de La Dolfina había convencido a sus protagonistas, que en los palenques cambiaron el gesto de preocupación por uno de alegría.

"Desde que se creó La Dolfina, en la década nos clasificamos para nueve finales de diez. Algo tenemos que tener, ¿no?", resumió Cambiaso sobre la gran racha del club que creó, que sólo faltó a la definición de 2004 entre los dos Chapaleufú. Sobre el partido, resumió: "Jugamos bien de la segunda mitad para adelante, pero creo que todavía podemos mejorar más". Además, se refirió a sus 600 goles en el torneo desde 1992 ("es un halago ser el primero en superar esa cantidad") y sobre la final, comentó: "Chapaleufú II le jugó muy bien a Ellerstina. Vamos a tener que ver bien ese video. Igual nosotros tenemos nuestro estilo y sabemos cómo tenemos que jugarle".

Bartolomé Castagnola recordaba la conversación de la semana pasada, cuando su equipo le ganó con lo justo a Chapa Uno. "Te dije: teníamos que hacer el clic y lo hicimos. La Dolfina volvió a ser La Dolfina. Me voy muy contento: ¡nos daban por muertos y estamos bien vivitos!", expresó el back. Y, para destacar, en medio de la euforia por la victoria, no se olvidó de un rival: "Soy honesto: si perdía no me iba tan triste por los h... que demostró Javier Novillo en la temporada".

Parte de la buena tarea de La Dolfina hay que encontrarla en que se trató del mejor partido de Lucas Monteverde en el año. "Mejoré y, por suerte, mejoró todo el equipo. Es la historia de siempre: nosotros jugamos acá, en Palermo. Ahí mostramos lo que somos. Los cuatro jugamos bien y eso fue fundamental para conseguir esta victoria. Además, no es fácil meterles 18 goles a los Novillo. Pocos pueden hacerlo", expresó Monteverde.

Mariano Aguerre dejó rápido los palenques. En la entrega de premios de la Copa La Martina, el capitán de La Dolfina se excusó de hablar (prefirió no hacerlo a lo largo de todo el torneo) y sólo dijo: "Se lo dedicó a mi mujer, Tatiana".

La Dolfina, con otra cara. La cara de la felicidad.

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