Un choque que supera todo

Claudio Cerviño
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12 de diciembre de 2009  • 10:30

Habrá otra final de Palermo de 80 goles? ¿Con qué argumentos podría aseverarse esa posibilidad si apenas hoy, con más de 100 años de historia del Abierto, se concretará este mágico momento para la historia? Ninguno. Es un regalo, una bendición, una experiencia única, claro. Lo coyuntural pasa a ser anecdótico sin serlo. Los precios exorbitantes de las plateas C ($ 1700), el glamour de los asistentes, los estimativos 8 millones de dólares en caballos que habrá en los palenques. El partido perfecto supera todo. Y habrá que disfrutarlo, se dé como se dé el desarrollo. Es como estar, hoy, ante una final de los 100 metros con Usain Bolt, Asafa Powell y Tyson Gay.

Ahora, ¿por qué hay que disfrutar tanto este día –si el tiempo lo permite–, siendo el polo argentino un símbolo de calidad y con chances de proponer nuevos hitos? Porque encontrar dos organizaciones tan afinadas, tan profesionales, chocando por la gloria máxima es un privilegio. Sin soslayar que será la cuarta vez que se enfrentarán en cinco años. Temporada tras temporada han mejorado su organización y si bien Ellerstina está en alza, encontrándole el gusto especial a las victorias trascedentes, La Dolfina tiene mayor peso específico a la hora de conquistas en La Catedral. Y confía en ello.

Difícil es apostar esta tarde. Sería como en el casino: uno juega a colorado o negro por intuición, sin demasiadas explicaciones sustentadas en la lógica. El año pasado pocos creían, como venía el torneo, que Ellerstina pudiera derrotar a Cambiaso y sus escuderos. Pero ocurrió. Ahora, hasta hace dos semanas, pocas chances se le asignaban en el ambiente a La Dolfina; como que lo estaban retirando del rodeo, justo del sitio de sus máximas faenas. Un ratito de Adolfito lo puso en órbita nuevamente, con el respaldo del equipo. Todo está abierto. Más que nunca. ¿Caballos? ¿Quién se anima hoy a decir que Ellerstina tiene cantidad y calidad superiores a La Dolfina? Sería una irreverencia.

Muchos se preguntaban por estas horas si es realmente un partido de 80 goles, si todos juegan el handicap que lucen. En rigor, la valorización viene de arrastre, del producido en el año anterior. Si se quiere ser agudo, los 40 de Ellerstina son más reales por lo que viene exponiendo en 2009. Pero si La Dolfina juega en la final como lo hizo de a ratos ante La Aguada y vuelve a alzar la corona, ¿habrá margen para cuestionarle la permanencia en el tope de valorización, aun cuando el approach a Palermo haya sido irregular y gris? Sería una decisión política difícil. Además, se trata de una cuestión en la que no habrá que omitir el lado marketinero: tener más choques de 80 goles a futuro siempre es una tentación. Deportiva y comercial.

Ahora, algo es más contundente antes de que se realice el primer throw-in: los 40 de Ellerstina no parecen cuestionables con una derrota, privilegio del que seguramente no gozará La Dolfina, que arrastra una baja performance en Tortugas y un golpazo en la semifinal de Hurlingham, en el primer cruce de 80 goles. Su verdad estará sí o sí en la victoria. Tanto para volver a abrazarse a la gloria como para seguir siendo perfecto y definir, después, asado de por medio en Cañuelas, los caminos de la vida.

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