Presente y futuro para un deportista diferente

Por Maximiliano Boso De la Redacción de LA NACION
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23 de diciembre de 2009  

En un año en el que el Pato Cabrera ganó el Masters de Augusta, en una temporada en la que Lionel Messi se consagró como el mejor futbolista del mundo, Juan Martín del Potro se consagró campeón del Abierto de los Estados Unidos de tenis, emulando sobre el cemento de Flushing Meadows lo que Guillermo Vilas logró en su gran 1977 sobre la arcilla de Forest Hills. Willy dio aquel salto que forma parte de la mitología del deporte argentino. En el mismo camino empieza a situarse Delpo con aquella imagen del 14 de septiembre, en la que parecía desplomarse en cámara lenta tras derrotar a Roger Federer, probablemente el mejor jugador de tenis de la historia.

Quizá no sea la oportunidad de hablar de merecimientos. Cabrera y Messi hicieron lo suficiente para llevarse ellos la estatuilla dorada del Olimpia, con la que el Círculo de Periodistas Deportivos premia al mejor deportista argentino del año. En rigor, esta temporada bien se podrían haber confeccionado tres trofeos. Hubiera sido más justo, aunque no lo acostumbrado. Este párrafo será, sin duda, la sustancia de las discusiones y polémicas que sobrevendrán. Que el triunfo del Pato quedó algo atrás en el tiempo en una época de velocidad devoradora; que Lio, en la cumbre del fútbol mundial, justo no estaba en el país...

En definitiva, Del Potro también hizo lo suyo para llegar bien alto. Se trataba, además, del único de los tres que nunca había conseguido ni siquiera un Olimpia de Plata. Claro que, a lo sumo, podría haberlo conseguido el año pasado, cuando irrumpió entre los mejores del mundo en su especialidad.

Del Potro es diferente. Hasta en lo curioso, como se citaba al principio en comparación con Vilas, de aquel salto a este desplome de emoción. El mejor exponente de la alta escuela tandilense que dirige un maestro como Marcelo Gómez salió campeón un lunes, a los 20 años.

Estadísticamente, sobran los datos que impulsan a decir que, algún día, Juan Martín del Potro será el primer número 1 del mundo del tenis con pasaporte argentino. A Vilas se lo negó la matemática, a Gabriela Sabatini esa pequeña diferencia de mentalidad, a David Nalbandian quizá le faltó un poco más de decisión.

La Torre de Tandil transita por una era en la que los números del ranking son bastante fieles a la realidad, posee cada vez una mentalidad más brava y tiene la firme convicción de dar absolutamente todo para intentar llegar a lo más alto. Ratificó el título en el US Open llegando a la final del Masters. Cuando todos se preguntaban por qué no les ganaba a los grandes, se destapó ante Rafael Nadal y cerró el año con tres victorias ante el número 1 del mundo, aquélla ante el español y luego un par sobre Federer.

¿La Copa Davis? Es la deuda pendiente, pero cuenta con una experiencia que puede ser vital para el futuro: la frustración de la final de 2008, ante España. Está por verse si, a partir de su juventud, logrará con el tiempo capitalizar esa vivencia, como también está pendiente de comprobación esa sensación de que las estrellas están alineadas en su vida.

mboso@lanacion.com.ar

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