Racing: el adiós de Milito, entre otros símbolos

Gustavo Ronzano
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6 de mayo de 2016  

Si el final de este ciclo en River está marcado por la larga fila de jugadores que se va armando frente a la puerta de salida, el de Racing se caracteriza por el peso específico de quienes dejarán la institución a la brevedad. Y el primero, claro, es el de mayor influencia. Afuera y adentro. No se trata de una sorpresa, a esta altura, que Diego Milito dejará de formar parte del plantel a mitad de año. Claro que no. Pero no deja de ser un alto impacto. Porque se trata del símbolo mayor, el ídolo que ya se metió en las páginas más gloriosas de la historia del club, pero también el que supo cargar sobre sus hombros el reordenamiento interno del vestuario, con todo lo que eso significa para la convivencia diaria de un grupo. Quedan tres fechas del campeonato doméstico, nada más, para que la renovación de Racing empiece por el adiós del más adorado.

En Milito empieza, pero en Milito no termina el recambio. De un extremo al otro en la construcción de un Racing que, por estas horas, sigue conviviendo con las muecas de fastidio tras la eliminación de la Libertadores, está parado Sebastián Saja. El arquero, con una lesión en el sóleo de la pierna izquierda que lo venía maltratando incluso desde antes del partido de ida con Atlético Mineiro, viajó a Belo Horizonte sabiendo, con todo el dolor del alma, que no iba a poder actuar. De hecho, la delegación incluyó tres arqueros. Estos días serán decisivos para la determinación de uno de los máximos referentes del equipo de Facundo Sava. El 5 de junio, Saja cumplirá 37 años, pero la cuestión esencial -seguir o no seguir- no pasa exclusivamente por el almanaque, sino por esas sensaciones intransferibles de ciclo cumplido que en este caso sobrevuelan la mente del hombre de Brandsen.

Otro de los de adelante que ya prepara su despedida es Gustavo Bou y no, precisamente, por las mismas razones que lo llevan a Milito a convertirse en bronce. El entrerriano ya no volvió a vivir en paz consigo mismo después de aquella ira que lo invadió hacia fines de febrero contra el titular del club, Víctor Blanco, cuando Racing se paró en el medio de su transferencia a China. "Estoy triste, teníamos un pacto de caballeros con el presidente y no lo cumplió. A los chinos les pedí una locura para que me dijeran que no, y me dijeron que sí. Vinieron, pusieron los 8 palos y a último momento Racing empezó a poner trabas", dijo en ese momento el delantero. Enseguida, las secuelas de tantos nervios se tradujeron en lesiones.

Y otro de los del fondo que ya está con la mente puesta en marcharse es Luciano Lollo, quien se puso la camiseta de Racing por última vez el jueves 3 de marzo. Hasta ese momento era la bandera de la última línea y uno los pilares que sostenía la estructura general. Pero ese día, en la Bombonera y por la Copa, sufrió la fractura del quinto metatarsiano del pie izquierdo. Fue una pena grande la lesión, aunque no va de la mano de su partida, algo que los dirigentes saben bien que el defensor viene madurando.

"Lo tomamos con tristeza porque teníamos la ilusión de llegar más lejos. Estamos orgullosos porque hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance pero no nos alcanzó", trató de explicar Nicolás Sánchez.

Cuatro nombres, cuatro historias, cuatro caminos diferentes que, sin embargo, confluyen en el mismo sentido para darle paso al nuevo Racing, mientras la Copa Libertadores ya es parte del pasado.

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