Roland Garros: Guido Pella "se quiere morir" por tener que enfrentar a Rafael Nadal y el triunfo de Horacio Zeballos

El itrunfo de Guido Pella sobre el portugués Joao Sousa
El itrunfo de Guido Pella sobre el portugués Joao Sousa Crédito: @rolandgarros
Ariel Ruya
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29 de mayo de 2018  • 12:03

PARIS.- El irresistible encanto francés se sostiene, entre otros atributos, por el respeto a las tradiciones. El triángulo ideal de primavera, París y Roland Garros suele acabar con una respuesta de la ironía: la lluvia suele ser una intrusa especial. El juego del tenis, a diferencia de otros deportes, exige la precisión de un artesano y depende, en una medida superlativa, a los cambios de clima. Si llueve, se para. Ocurrió anoche, antes del cierre de los partidos de Rafael Nadal , Horacio Zeballos y Guido Pella , entre otros tenistas que, ante la primera gota, vuelven a casa. Se sabe: Roland Garros es el único de los grandes que todavía no tiene techo corredizo. Será para 2020, prometen.

Por la mañana, hubo una interrupción de casi una hora y, otra vez, salieron los protagonistas a la escena, con una temperatura otoñal, con la amenaza de nuevas tormentas y con el contundente cierre de Pella, que resolvió en un puñado de minutos el triunfo sobre el portugués Joao Sousa por 6-2, 6-3 y 6-4. "Me quiero morir", se ríe, porque sabe que en la próxima vuelta se debe encontrar con Rafael Nadal, el (casi, casi) imbatible en el polvo de ladrillo. El español sufrió. Sí, sufrió: 6-4, 6-3 y 7-6 (11-9), ante el italiano Simone Bolelli, uno de los ocho lucky losers. Guido, de todos modos, no pierde la fe: "Me quiero morir por tener que enfrentarme con Rafa Nadal. ¿Qué podemos decir de él a esta altura? Lo conocemos todos. Pero hasta los más grandes pueden perder. ¿Te imaginás que sea conmigo? Si yo juego como tan sólido como hoy ante Sousa y él tiene un poco de dudas, no sé qué puede pasar ¿eh?". Tuvo, al menos, ‘un poco de dudas’. Algo es algo…

Rafael Nadal y una luchada victoria sobre el italiano Bolelli
Rafael Nadal y una luchada victoria sobre el italiano Bolelli Fuente: AFP

Un par de buenos zurdazos, una ducha caliente y a casa. Con una bella sensación: hasta esta hora, ganaron todos los argentinos en su presentación. También, Horacio Zeballos: 6-4, 6-7 (3-7), 6-4 y 6-2 sobre el japonés Yuichi Sugita, con quien tuvo que reanudar en el tie break del segundo set, que se le escapó.

Queda, eso sí, la figura de Juan Martín del Potro, elogiado por Novak Djokovic: "Ahora él está de vuelta en el Top Ten, está entre los mejores cinco del mundo (en realidad, es el número 5 en este certamen). Eso es impresionante. Ese tipo de historias inspiran. Ojalá yo pueda hacer lo mismo", exclama el serbio, que fue el mejor de todos hasta hace un puñado de años atrás y que logró 12 de los grandes. Que a los 31 años trata de reinventarse… como Delpo. Una seria lesión en el codo derecho lo marginó durante media temporada el año pasado y tiempo después, se operó. Se esfuerza, lucha, se bajonea. Vuelve a empezar. Como la mejor raqueta de nuestro país. "Pienso en Del Potro. Él es alguien que ha enfrentado circunstancias aún más difíciles, como dos o tres años de problemas, varias cirugías, regresos al circuito, jugar, no hacerlo tan bien y teniendo que retirarse varias veces", asumió.

Del Potro es amigo de los grandes. Como Nole. Mantiene un estrecho vínculo con Roger Federer y una cordial simpatía con Rafael Nadal. Pero los gestos no son gratuitos: Delpo es respetado en buena parte del mundo; tal vez, más que en nuestro país. Con esa certeza, corre detrás de una pelota, se entrena en canchas subterráneas, para tratar de llegar a jugar en óptimas condiciones al último encuentro de hoy, en la segunda pista del complejo, la Suzanne Lenglen, una estructura que intimida hasta el más atrevido. El rival es Nicolás Mahut, un veterano francés, que lo mejor que tiene son sus voleas y la buena adaptación al césped.

Lo mismo que Del Potro. La hierba y, sobre todo, el cemento, son sus partes favoritas del circuito. Corre sobre el polvo de ladrillo, espía el porvenir. Con la gratitud de que los más grandes lo mantienen en ese castillo de cristal que sólo les pertenece a los elegidos.

Por: Ariel Ruya
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