Ronaldo: siempre aparece un genio

Con el físico maltrecho, marcó el gol del triunfo y quedó a uno de superar la barrera de los 6
Cristian Grosso
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26 de junio de 2002  • 11:52

SAITAMA.– Es la revancha que tanto esperó. Lo confesó, incluso. Hace ocho años, en la final de Estados Unidos 94, Ronaldo no actuó ni un minuto. La frustración amagó con desaparecer cuatro años más tarde, cuando Brasil se clasificó para disputarle el desenlace de Francia 98 al seleccionado local. Pero no. Vómitos, arcadas, un susto tremendo horas antes del partido y una situación jamás del todo aclarada convirtieron el día soñado en la peor pesadilla que Ronaldo quiera recordar.

Ahora, con el físico maltrecho, pero con la calidad intacta, Ronaldo idealiza un final distinto. “Lo confieso: jugar esta final es lo que vine a buscar. Siento una emoción inmensa”, confió después de un partido en el que surgió como un genio cuando su equipo más lo necesitaba.

A los 3 minutos del segundo tiempo, Ronaldo apiló rivales hasta que definió con un puntinazo. “El gol me hizo recordar mucho a Romario. El suele entrar en el área y definir así. Pero igual, más que el gol me alegra la clasificación. A mí no me interesa ser el goleador; yo sólo quiero la Copa”, sorprendió.

No le interesa ser el goleador, dice. ¿Será así? Dífícil creerlo. De hecho, está a uno de romper con la “maldita barrera de los 6”. ¿Qué es eso? Desde Alemania 74, cuando el polaco Lato marcó siete tantos, nadie pudo conseguir más de seis goles.

Por ahora, quedó uno por encima de su compatriota Rivaldo –esto, seguro, lo seduce muchísimo– y del alemán Miroslav Klose.

Además, se le acercó a Pelé en suma de goles mundialistas: lleva 10 en las Copas contra 12 de O Rei. Y está a cuatro del máximo anotador en todos los mundiales, el alemán Gerd Müller (14).

Para el partido de hoy, el Fenómeno había prometido dos sorpresas. Cumplió con ambas, desde ya. Y con suerte.

Primero, se afeitó la cabeza al estilo del rugbier neozelandés Jonah Lomu. Después, estrenó unos botines plateados especialmente confeccionados para él.

Así, con el “plumero” y los “zapatos” nuevos, fue el mejor del partido y marcó el gol de la victoria. Felicitaciones, Ronaldo. “No, no, todavía no ganamos nada”, intercedió.

No está bien físicamente (lo reemplazó Luizão a los 22 minutos del segundo tiempo) y probablemente no llegue en perfectas condiciones para la final con Alemania. No importa. Ronaldo fue figura y cumplió con una parte de su sueño: el domingo tendrá la revancha que tanto esperó.

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