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Rubinho es la gran atracción

Toda la euforia del público está centrada en Rubens Barrichelo, el gran ídolo local, que pretende el triunfo. Los pilotos salieron a reconocer el trazado que desde hoy, a las 11, será el escenario de los ensayos oficiales.
Roberto Berasategui
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24 de marzo de 2000  

SAN PABLO.- Más de 60.000 personas gritarán desde las tribunas esperando la salida a la pista del ídolo nacional, del hombre que está en boca de todos. De Rubens Barrichello, el piloto de Ferrari que mantiene en vilo a toda la parcialidad brasileña. El exitismo local empujó a Rubinho a un estado de fama inusitado. La televisión sólo se refiere a él.

Más allá de la expectación paulista, o brasileña, la Fórmula 1 comenzará a transitar la segunda fecha. A partir de las 11 (no hay diferencia horaria con la Argentina), las 22 máquinas saldrán a rodar por el flamante asfalto del circuito de Interlagos, una pista que siempre fue criticada por los pilotos, quejosos por los saltos y las ondulaciones. Y si bien ayer no se escuchó ruido de motor, los pilotos caminaron y transitaron el circuito con sumo cuidado, buscando conocer hasta el más mínimo detalle. Muchos lo recorrieron de a pie y algunos utilizaron una bicicleta.

Pero Mika Hakkinen rompió el hielo y salió con un Mercedes-Benz Clase A. Con un gran sentido deportivo, para conocer la pista, pero a la vez, con una cuota publicitaria para la empresa que abastece de los motores al equipo McLaren. Luego tomó la posta David Coulthard, su compañero, por si no quedaba alguna duda sobre la cuestión promocional. Y más tarde llegó Mika Salo, sin prensa, pero con suma atención para recorrer la pista.

Con la máxima responsabilidad en el aspecto técnico-reglamentario, el ingeniero argentino Carlos Funes se hizo un espacio en el box número 1 y comentó: "Por lo general, los pilotos salen a transitar el circuito hasta que las autoridades disponen realizar el entrenamiento para el auto de seguridad y los coches de primeros auxilios, con simulacros de carrera incluidos".

Fuera de la pista, el autódromo toma color. Una cola de unos dos kilómetros de estudiantes fue la nota del día, ya que pese a que las 62.000 entradas se agotaron una semana antes de la carrera, quieren -de cualquier manera- estar junto con su ídolo, al que prometieron recibir con una enorme bandera de 221m2 (pesa 100 kilos y costó 700 dólares) en la que se destaca la cara de Rubinho y el escudo de Ferrari.

A diferencia del GPde Australia, en el que todo estaba previsto con semanas de anticipación, aquí, la incertidumbre y la improvisación dominan la escena. Tribunas aún en construcción, zonas con pinturas frescas, carpas levantadas a medias y carteles de señalización aún no instalados acompañan una organización que se construye a paso lento y contrareloj.

Esto es Brasil, con sus pros y sus contras. En definitiva, nadie está preocupado por estas contrariedades y la alegría brota a flor de piel. Y más si se lo menciona a Rubinho, el gran ganador del Gran Premio, aunque falten aún dos días para que se apague el semáforo y acelere la F.1.

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