La mística del campeón Alumni a través de tres generaciones: Torello, Van der Ghote y Sábato

Santiago van der Ghote, entrenador; Luca Sábato, figura del equipo, y Eduardo Torello, un histórico de Alumni
Santiago van der Ghote, entrenador; Luca Sábato, figura del equipo, y Eduardo Torello, un histórico de Alumni Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Alejo Miranda
Agustín Monguillot
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19 de diciembre de 2018  • 23:59

Quien la mire con ojos ajenos dirá que es un trozo de madera pintarrajeado de dorado. En realidad, es mucho más. Es un símbolo que distingue a tres generaciones de Alumni , no tanto en el hecho de llevar el rótulo de campeón sino en reflejar la particular idiosincrasia del club. La copa apareció por primera vez cuando el equipo daba la vuelta olímpica en 1989 y solo vuelve a ver la luz cada vez que esto ocurre. Diecisiete años después y cinco finales perdidas en el camino, resurgió hace un mes, cuando Alumni volvió a lo más alto del rugby porteño.

Eduardo Torello, Santiago van der Ghote y Luca Sábato, tres generaciones de Alumni unidas por la copa de madera, le abren las puertas de su casa en Tortuguitas a LA NACION y, al repasar la conquista, revelan la esencia de Alumni.

"Esta copa nos remite a los orígenes del club", explica el Chino Van der Ghote, capitán del que había sido el último Alumni campeón, en 2001, y actual entrenador. "Somos un club de rugby y todo lo que hacemos es con mucho sacrificio, a pulmón. Nuestro orgullo es levantar la misma copa que nuestros ídolos de chicos."

La leyenda comenzó en 1989, cuando Alumni ganó su primer título de la URBA , que se convertiría en un tetracampeonato. La cuenta Eduardo Torello, capitán de aquel equipo: "A principios de año nos fuimos de gira a Entre Ríos y Agustín Lamarca, uno de los más veteranos del club, paró el bondi y bajó en lo de un carpintero. Vio la copa y dijo: ‘Esto lo vamos a levantar a fin de año’. En ese momento Alumni era competitivo, pero no habíamos salido campeones. Todos nos reímos y nos olvidamos del tema. Cuando ganamos, sin decir nada la sacó del bolso y la mostró. Ese día la copa desapareció y volvió a aparecer en el 90 cuando volvimos a salir campeones y desapareció otra vez. Y así. Lamarca la tenía escondida en su casa y la traía cada vez que salíamos campeones.

En las cinco finales que perdimos, incluida la del drop de Madero, Agustín había abierto el cierre para sacarla y la tuvo que guardar. Este año se la robé sin que él supiera. El día anterior a la final le mandé una foto de mi hijo donde se veía de fondo la copa. Y el domingo, antes de ir al CASI, le mandé de nuevo una foto de mi hijo sin la copa. Ahí se dio cuenta de que la iba a llevar y la cábala cambió."

Consumada la victoria ante Hindú , los jugadores dieron la vuelta olímpica con la copa legendaria, dejando de lado el trofeo oficial. "Para nosotros fue una alegría inmensa cuando apareció", cuenta Sábato, tryman de la URBA por segundo año seguido. "La habíamos visto hacía poco en un asado y no era lo mismo que levantarla siendo campeón. Lograr el objetivo fue increíble."

–¿A fines de los 80 Alumni no había ganado nada, ¿cómo llega a ser un multicampeón?

ET:–Debuté en el 81 con 18 años. No te digo que peleamos el descenso, pero cuando jugábamos con el CASI o con el SIC era decirnos antes del partido: ‘Cómo vamos a sufrir’. A partir del 85/86 se empezó a formar un equipo más sólido. Yo le decía a Luca que veía mucha correlación con ellos porque teníamos tipos con mucha experiencia, de edad mediana y chicos con muchas ganas. Por eso se logró.

Luca Sábato, figura del equipo, Eduardo Torello, un histórico de Alumni y el entrenador Santiago van der Ghote
Luca Sábato, figura del equipo, Eduardo Torello, un histórico de Alumni y el entrenador Santiago van der Ghote Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

–Chino, ¿Le ves similitudes con el campeón de 2001?

SVDG:–La verdad, no. Veníamos de un año sufrido porque nos habíamos ido por primera vez en la historia a una Reubicación, que no era un descenso pero era una vergüenza grande. Sobre todo para los más chicos. Al otro año, el plantel era muy corto, de 40 o 50 jugadores. Fue medio a pulmón. Ahora es todo distinto. En cantidad de jugadores fichados somos el plantel más grande de la URBA. Hay una diferencia enorme.

–¿Cuál es la identidad de Alumni? ¿Qué los distingue?

SVDG:–El sacrificio. Para este año nos habíamos propuesto ampliar la base y eso nos ayudó mucho para entender cuáles eran nuestras raíces. El club no es mucho más que esto: no tenemos grandes infraestructuras. No tenemos gente del fútbol, tenis, squash o hockey: es rugby y nada más que rugby. Eso hace que nos cueste mucho más todo porque el ingreso de socios es a pulmón. Los jugadores lo entienden y ese plus que ponen en la cancha tiene que ver con la idiosincrasia de Alumni. Hay que saber que siempre hay que poner y poner.

–Después de haber perdido la final de 2017, ¿cómo encararon la temporada?

SVDG:–El 3 de febrero nos paramos ante el plantel y le dijimos: ‘Vamos a salir campeones’. Y no tenía miedo de decirlo porque el equipo estaba para salir campeón. Cualquier otra aspiración era ponerte la vara demasiado baja. Después de haber perdido una final necesitábamos mostrarle una zanahoria al equipo. Viéndolo ahora, haber empezado ganando la primera ronda siendo el equipo más goleador y menos goleado y después haber bajado, a la cabeza al equipo le hizo muy bien. A diferencia del año pasado, que la segunda parte fue mejor. Me parece que el hecho que se nos haya alejado ese sueño y al final volver a agarrarlo hizo que el equipo tuviera esa sensación de decir ‘lo consigo ahora y no se me escapa más’. Contra San Luis y contra Hindú parecía otro equiporespecto del de un mes atrás.

–Se clasificaron raspando y explotaron a partir de semifinales ¿Se liberaron de la presión?

LS:– Nos hizo muy bien como equipo haber entrado justo. Sabíamos que no nos sobraba nada y que no podíamos regalar nada. Jugáramos contra quien jugáramos teníamos que dejar todo. Semifinal y final son dos partidos aparte. Nos hizo bien el hecho de que nadie hablara de nosotros. Por ejemplo, aparecieron videos de San Luis diciendo que este era su año. Nos hizo muy fuertes como equipo. Teníamos confianza en nosotros y sabíamos que si nos hacíamos fuertes en defensa, esos dos partidos podíamos sacarlos adelante.

SVDG:–Nos prepararon bastante de la cabeza los partidos con CUBA y Pucará , porque teníamos que ganar y fueron una especie de octavos y cuartos de final. Ya los jueves venía la hinchada y el ambiente era de presión y de diversión, porque a los chicos les encanta esa presión. Al clasificarnos, quedó claro por dónde teníamos que ir. No salimos a jugar una final o una semifinal practicando cómo hacer tries por las puntas. Salimos a decir que lo único que teníamos claro es que las finales se ganan tackleando, corriendo y golpeando mucho más que el rival. Cuando iban 20 minutos del partido con San Luis el equipo empezó a disfrutar de eso y a sentir que ese era el camino, y se agrandó. El paralelismo con 2001 es que estábamos enamorados de nuestra defensa y nuestro juego pasaba por ahí.

–Luca, ¿cómo hiciste para llegar? No daban los días.

–Me había operado hacía poco, pero sabía que iba a estar disponible. Me rompí contra Hindú y me operé ese viernes, cuatro semanas antes de la final. Jugar una final con tu club es algo increíble. Más cuando vivís la semifinal de afuera, ves a tu club como no lo viste nunca antes. De adentro no se nota tanto esa locura. Eso me recargó y me dije que no me podía perder esa final. Si se me volvía a romper el dedo no me importaba

–Chino, con Neyra asumieron como head-coaches este año. ¿Hicieron muchos ajustes?

–Seguimos el proceso. Sí marcamos dos cosas. Una, trabajar mucho en las destrezas. Tenemos un plantel grande y armamos un equipo de entrenadores de intermedia para abajo a los que les pedimos que tuvieron el foco en las destrezas para tener mejores jugadores y cumplir con el objetivo de terminar el año con 25 o 30 jugadores que pudieran entrar en primera sin que el equipo se resintiera. Eso fue lo que mejor nos salió en el año o en evolucionar respecto de lo que el equipo ya traía. Ampliar la base y que aparecieran un montón de chicos que necesitábamos para salir campeones. Después, es un proceso muy grande que viene de hace muchos años. Los que pusieron al club arriba fueron los entrenadores del año pasado. Lo único diferente es que el último partido lo ganamos y no lo perdimos.

Luca Sábato, figura del equipo, Eduardo Torello, un histórico de Alumni y el entrenador Santiago van der Ghote, con el trofeo
Luca Sábato, figura del equipo, Eduardo Torello, un histórico de Alumni y el entrenador Santiago van der Ghote, con el trofeo Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

–Eduardo, el rugby cambió mucho desde que vos jugabas. ¿Cómo cambió Alumni?

–Yo no veo muchos cambios en la idea del juego. Antes de los partidos me gusta ir al vestuario y saludar a cada uno de los jugadores, entonces veo lo mismo que hace 30 años. Te das cuenta de que están enchufados, dispuestos a dar todo. Veo las mismas ganas, la misma humildad. Eso es lo que tiene Alumni: el que quiere figurar o se la cree dura poco. Dar antes que recibir.

–Luca, volviste a ser el tryman del torneo ¿Cómo viviste esta temporada más allá del título?

–Muy positiva. Habiendo terminado así, mejor. Tuve un gran año, pero también se lo debo al equipo. Por la forma de jugar que tuvimos, que a los wings nos favoreció. Nos permitieron jugar con libertad y meternos por lugares que por ahí no te metés. El Chino venía y te decía: "Divertite, jugá como jugás". Aunque me puteaba a veces por salir jugando de las 22.

CVDG:– Jugando no, con un sombrerito...

LS:–Sí, pero la agarré. Aunque me insultaba, en el fondo me apoyaba.

CVDG:–Teníamos un jugador como Corneille, que tiene muchas destrezas en todos los puestos. Este año había jugado de titular de 10, 11, 12, 13, 14 y 15. Sabíamos que de wing iba a poder cumplir muy bien. No sabíamos cómo iba estar Luca. Dijo, "estoy para jugar". Vino el martes, se hizo el zonzo en el entrenamiento, no se golpeó, se quedó escondido. El jueves entrenamos más liviano, menos se golpeó, y hasta el jueves no teníamos en claro qué hacer. Al final dijimos tiene 20 tries en 17 partidos, nos aseguramos un try en la final. Nos falló (se ríe).

–¿Cuál es "la zanahoria" para 2019?

CVDG:–Para mí es seguir mejorando. Salimos campeones pero hay un montón que corregir. Ya sin la presión de ganar, sabiendo todo lo que pueden dar, queda mejorar. Alumni tiene una historia muy linda, con una generación que ganó cuatro años seguidos, una segunda generación que en 10 años llegó a nueve instancias finales, que ganó en 2001, que ganó el Nacional de Clubes 2002, y ahora ellos son muy jóvenes. El 70% es menor de 23 años. El 90% es menor de 26. Quedarse con esto no está bueno. De nuestra parte, que un año más vamos a seguir, va a ser arrancar el año con la misma intensidad, pinchándolos para que den lo mejor.

El estigma de las cinco finales perdidas

Para Alumni, este título tuvo también el valor de haberse sacado de encima el estigma de perder cinco finales después de la última conquista. Esas caídas fueron en los años 2004, 2006, 2007, 2011 y 2017.

"Nuestro plantel no lo veía como una mochila, sino como un objetivo que podíamos alcanzar", cuenta Sábato sobre el impacto que tenían esas derrotas.

–¿Fue una descarga para vos y Nahuel Neyra, que habían estado involucrados en las cinco?

Van der Ghote:– ¡Ni hablar! Le pesó a nuestra generación como jugadores. Cuando llegás a una final, todos se encargan de recordarte que perdiste cinco finales. Para los chicos es distinto. Este plantel tiene mucho por ganar. Tengo confianza en mi juego y sé que puedo hacerlo aún mejor".

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