Desde afuera vamos a apoyar más que nunca

Me cuesta un poco ver que en mi bolso ya no hay botines. Ellos, los protagonistas, tienen que escribir ahora su propia historia. No tengo dudas de que van a dejar todo en cada minuto que les toque estar en la cancha
Me cuesta un poco ver que en mi bolso ya no hay botines. Ellos, los protagonistas, tienen que escribir ahora su propia historia. No tengo dudas de que van a dejar todo en cada minuto que les toque estar en la cancha
Agustín Pichot
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8 de septiembre de 2011  

No recuerdo muchas cosas del Mundial de 1991. Por esos días yo tenía 16 años y mi única obsesión era ganarme un lugar en el equipo A de la división menores de 17 del CASI. Quería salir campeón con mi club, con mis amigos.

También soñaba con poder jugar algún día en Primera... sabía que estaba lejísimos de eso, pero era en lo que pensaba. No miré todos los partidos de esa Copa de Mundo, la segunda de la historia, ya que en el Mundial de 1987 me sentí tan mal con la eliminación de los Pumas que no quería volver a pasar por eso.

Sin embargo, más allá de aquella actitud en mi adolescencia, nunca imaginé que cuatro mundiales más tarde estaría viajando hacia Nueva Zelanda, el mismo lugar donde empezó todo, para ser testigo de una competencia que marcó mi carrera y mi vida para siempre.

En verdad, se entremezclan las sensaciones. Tengo ansiedad, expectativa… pero, sinceramente, me cuesta un poco ver que en mi bolso ya no hay botines. Después de haber participado en cuatro citas mundialistas, el hábito genera una dependencia de linda melancolía.

Es difícil, y siempre costó, hacerse a un costado de un equipo con el que viví infinidad de experiencias de todo tipo. Conviví en el seleccionado durante 14 años y durante ese tiempo lo tomamos prestado, como si fuera nuestro.

En estas circunstancias fluyen miles de recuerdos; muchos tienen que ver con el sacrificio, con las caídas, las frustraciones, pero también surgen unos cuántos de asombro, porque siempre quisimos y luchamos para mostrarle al mundo que estábamos orgullosos de ser argentinos. Que éramos un equipo capaz de hacer cualquier cosa, hasta lo que parecía imposible. Todos creíamos en lo mismo: que se podía.

Pero hoy son otros los elegidos, y así corresponde, para vestir la camiseta nacional. Ellos, los nuevos protagonistas, tienen que escribir su propia historia. Frente a esa ineludible realidad sólo nos queda mantener la misma actitud positiva, creer que se puede y disfrutar de lo que nos puedan dar. Podemos jugar desde afuera, sabiendo que estamos muy bien representados, porque no tengo ninguna duda de que los jugadores van a dejar absolutamente todo en cada minuto que les toque estar en la cancha. Nosotros, los que vamos a mirar el Mundial desde la tribuna, por televisión, vamos a apoyar a la selección más que nunca. ¡Feli (Contepomi), disfrútenlo..!, sepan que hay miles de chicos y gente como yo que daríamos todo por estar dentro de la cancha.

Ustedes desde adentro y nosotros desde afuera, pero todos unidos por la misma pasión y entrega.

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