Despojados: el coraje de los Pumas, doblegado por un árbitro

Perdieron contra Sudáfrica A por 42 a 36; los vergonzosos fallos los privaron de una conquista histórica
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27 de junio de 2002  

PRETORIA, Sudáfrica.- Van 45 minutos del segundo y suena la sirena que indica el final del tiempo neto. La Argentina A gana por 36-35. Es una conquista histórica (nunca un equipo mayor de nuestro país superó a un seleccionado sudafricano en choques oficiales) . Comete knock-on dentro de sus 22 yardas Mark Andrews, pero el árbitro deja seguir. Se desespera Sudáfrica A, tacklean los argentinos... ¡Van 48 minutos!, pero el juez no se da por aludido. Consigue su propósito: quedar bien con su gente y hacerle una favor a un conjunto local desbordado. La defensa argentina está desparramada y Dean Hall llega con prepotencia para consumar la insólita victoria de Sudáfrica A por 42-36 (Du Toit aportó la conversión). La Argentina A acaba de ser despojada de un éxito legítimo, construido sobre un esfuerzo fuera de lo común, y el tendencioso árbitro Jamiel Tanday se retira sonriendo del PAM Brink Stadium.

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Es difícil abstraerse de las sensaciones para analizar objetivamente la presentación de los Pumas en Sudáfrica. La misma impotencia que desencajó a los jugadores nos llegó a la tribuna. Hasta los colegas extranjeros susurraron: "El árbitro no se está portando muy bien con los argentinos" . Y los mismos jugadores sudafricanos, cuando intercambiaron las camisetas, pidieron disculpas. El conjunto de Loffreda y Baetti fue permanentemente perjudicado por Tanday, cuyo desempeño fue coronado con ese siga siga que facilitó la conquista salvadora.

El desenlace no debe minimizar la gran labor de los guerreros de la Argentina A , la segunda formación nacional, porque se entregaron con el corazón ante un oponente más poderoso y lograron una de las mejores producciones de los últimos años. Fundamentalmente por cómo empezó todo: con un aluvión sudafricano y el presentimiento de que sería una caída estrepitosa.

Con un tremendo rigor físico, Sudáfrica A arrasó en los 25 minutos iniciales (18-0). Primero fue Coetzee, luego de un line y una vigorosa entrada del gigante Andrews, pero la acción que hizo imaginar lo peor estuvo a cargo de Hall: el wing corrió 70 metros en diagonal hasta la bandera derecha; un try espectacular.

Sin embargo, la Argentina A no se entregó en una lucha desigual y Durand -una de las figuras- completó un interesante avance grupal tras un line y apoyó un estimulante try. El dominio sudafricano no se aplacó y Scholtz volvió a marcar, pero Juan Fernández Miranda, con un sombrerito , generó un contraataque sensacional que Giannantonio definió para cerrar el parcial 12-25.

Pese a que Sephaka amplió las diferencias en el arranque del complemento (32-12), la Argentina A reaccionó de manera formidable . El click se produjo con la interceptación de Núñez Piossek , y con la veloz corrida desde sus 40 yardas para anotar la tercera conquista. Los sudafricanos cambiaron la pareja de medios -entraron Van der Westhuizen y Du Toit-, pero el control era argentino. La descomunal tarea defensiva y el coraje para ir hacia delante, sin importar los riesgos ( los forwards realizaron un despliegue extraordinario ), se convirtió en el común denominador de los liderados por Nico Fernández Miranda. La voluntad para atacar terminó con los tries de Senillosa y Sporleder . Para ponderar: lo que hizo la tercera línea (Ostiglia, Bouza y Durand), más Ledesma y Stortoni.

La estupenda actuación de la Argentina A es lo que permanecerá en el recuerdo . ¿El resultado? No importa. Los sudafricanos ganaron, pero el honor del rugby argentino quedó bien alto, gracias a estos jugadores, en la cuna misma del despegue internacional...

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