El CASI, en el clásico N° 100

Con autoridad logró una indiscutida victoria frente al SIC por 23 a 17; se cumplió el centenar de superclásicos y la Academia es amplio dominador del historial; Martín Murgier, autor de dos tries, fue desequilibrante, pero los forwards también descollaron
Con autoridad logró una indiscutida victoria frente al SIC por 23 a 17; se cumplió el centenar de superclásicos y la Academia es amplio dominador del historial; Martín Murgier, autor de dos tries, fue desequilibrante, pero los forwards también descollaron
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26 de agosto de 2001  

Cuando existe paridad de fuerzas, el negocio pasa por ser más inteligente, para saber qué hacer en los momentos de apremio. En este aspecto estuvo la diferencia clave. Esa fórmula le dio al CASI el margen para distinguirse del SIC y ampliar la ventaja en el centenar de superclásicos al ganar por 23-17. Para la Academia son horas de placer, no sólo porque se tomó desquite del primer choque del año (cayó 30-29), sino que logró reacomodarse en las posiciones y relegó a su archirrival.

Como suele suceder en todo match de estas características, la reducción de los espacios hace que gran parte del éxito en el juego se centralice en la pulseada por prevalecer en la conquista de la pelota. Como en este aspecto ninguno llegó a dominar ampliamente, resultó fundamental no desperdiciar ninguna oportunidad. ¿Y cómo les fue? El CASI salió mejor parado, pues mostró algo determinante: su capacidad de resolución. Carente de efectividad, los límites del SIC quedaron más en evidencia.

A poco del comienzo, por dos off-sides de la línea defensiva, Cilley dispuso de penales para sumar, pero el apertura local acertó uno. Los del CASI en la primera circunstancia propicia dieron la estocada. Al pack del SIC lo sancionaron con un free-kick por empujar antes en un scrum; Pichot combinó rápido con los forwards, éstos penetraron agrupados y por el lado ciego se acopló Stortoni, que buscó apoyo en Murgier y el wing llegó a apoyar en la bandera derecha. Categórico.

Luego, López Jallaguier se equivocó al retener el balón en el piso cuando lo tackleó Gortari, y López Naguil aportó tres puntos más (8-3). Pero hubo más fallas en los anfitriones, y se produjo la mejor maniobra del encuentro. En un fijo en las 25 yardas propias, Pichot se escapó por el sector angosto, habilitó a Sanz, éste le cedió la pelota con una mano a Stortoni y en un nuevo encuentro con Murgier, el N° 14 zafó del tackle de Díaz de Vivar y a toda potencia obtuvo la segunda conquista (15-6). Aquí se vio otro motivo para darle razones a la victoria del Atlético, que transformó los errores ajenos en jugadas redituables.

Antes de concluir la etapa inicial, el SIC descontó con el controvertido try de López Jallaguier; el pase de Díaz de Vivar –por encima de la cabeza–, que el wing izquierdo se llevó con el pie hasta el in-goal, fue hacia adelante. El estrecho marcador del entretiempo (15-14) era una ventaja injusta para la eficacia del CASI.

Esa aproximación en el score de los locales no produjo ningúna recomposición en el segundo período (para colmo, se quedaron con 14 por la amonestación de Iacaruso). Sin un liderazgo en los hombres guía, al SIC le costó demasiado encontrar variantes para solucionar la franca oposición con la que chocó. Incluso, en infinidad de casos perdió la posesión por el contacto o por malos pases. Y en el scrum, además, siempre empujó, pero sus jugadores tampoco lograron cuidar el balón en la lucha en la base con Phelan, Travaglini y Sanz; tal es así que desde un fijo a favor de los zanjeros en los 22 metros visitantes nació el contraataque de Jorge, que culminó en el decisivo try de Stortoni (23-14). Del lado opuesto se dio lo contrario: hubo claridad y precisión. Pichot cumplió correctamente –con algunos destellos– su función como responsable de las decisiones, mientras que el pack nunca bajó la guardia en la batalla. Sobre estos pilares se apoyaron, entonces, los inobjetables motivos del festejo N° 54 en los clásicos.

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