El cóctel de los Pumas: fallas, carencias y retroceso

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
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22 de septiembre de 2019  • 10:37

TOKIO, Japón. Los Pumas pudieron llevarse la victoria y, con ella, media clasificación a los cuartos de final, pero no sólo no cumplieron con las expectativas de juego que ellos mismos se habían propuesto, sino que no se mejoraron cuestiones que vienen estancando un rendimiento aceptable y que conllevan a una seguidilla de derrotas que ya suman 10 consecutivas, sin contar la que también sucedió ante los Barbarians en noviembre pasado. La remontada del segundo tiempo, que sirvió para estar a punto de darle el golpe de nocaut a Francia, se basó más en la mística histórica de este equipo -carácter, vergüenza deportiva, con los forwards como bandera- que los detalles que hoy prevalecen en el rugby de alta competencia.

En un partido que era tan decisivo y esperado, el primer tiempo de los Pumas fue de lo peor de los últimos tiempos, con errores serios en la defensa y una imagen que no condijo con lo que estaba en juego nada menos que en una Copa del Mundo. "No nos podemos permitir ese primer tiempo", dijo Juan Figallo. "Debemos preguntarnos por qué no tuvimos la madurez que después sí tuvimos", remató Tomás Cubelli, entre triste y enojado. Está claro que esos 40 minutos iniciales terminaron siendo decisivos en el resultado, pero habrá que hacer mucho más de lo que se hizo en los últimos 40 para seguir con posibilidades en los tres encuentros que restan.

Los Pumas han perdido el factor sorpresa. Ayer prevalecieron en el scrum -amplia mejoría en esa formación- y en el line, pero no generaron situaciones de try más allá de las que concretaron por la vía del line y maul. Hubo pocos quiebres y los wines nunca tocaron la pelota. Falta fluidez y vértigo con la pelota, algo que sí estuvo en la primera parte de los procesos de Daniel Hourcade y Mario Ledesma. Y que también, salvando las diferencias de lo que hay en juego, con los Jaguares en esta temporada.

Además, los Pumas retrocedieron en defensa, algo que también se había recuperado. En el primer tiempo fue ostensible esta carencia, ya que Francia quebró cada vez que se lo propuso. Hubo desajustes en la marca y en el tackle. Y contra alguno de los candidatos -Inglaterra, por ejemplo- hubiese sido letal. Francia, aun en su mejoría de los últimos meses, está un escalón debajo de los que hoy están en carrera por llevarse el título en Japón. Se insiste: incluso con todos esos errores, los Pumas estuvieron a una décima de llevarse el triunfo.

Otra cuestión que también está en déficit es la concentración. Ledesma había dicho que lo mental era lo primero en lo que no se podía fallar. Los Pumas golpearon primero: forjaron dos penales en sendos scrums y abrieron el marcador. Sin embargo, ante el primer envión de Francia se desacomodaron. Y cayeron, nada menos que en este partido y en ese momento, en una vieja carencia: ceder puntos inmediatamente después de marcarlos. La pelota perdida en la salida tras el penal de Urdapilleta que puso el 21-20 a sólo 12 minutos del final y que concluyó en el drop francés que selló el 23-21 es un ejemplo de que en ese factor hay algo no resuelto.

Nadie podrá reprochar la entrega y la mejoría que tuvieron los Pumas en el segundo tiempo. Pero no alcanzará para ir por algo más grande. Hay tuerca del juego que faltan ajustarse.

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