El equipo de todos

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Pese a la derrota, los Pumas fueron despedidos con aplausos por un público que se identifica con estos jugadores; viejos antagonismos del rugby argentino quedaron atrás frente a la generación de oro
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23 de junio de 2002  

Es día de derrota y, quizá por eso, de un análisis emocional superior al que sigue a un triunfo. En la victoria frente a Francia, hace ocho días nomás, se dijo que ésta es la generación de oro del rugby argentino, sosteniéndose la afirmación en que se había llegado al sueño de jugar, sí jugar con todo lo que eso implica, de igual a igual con las potencias. No se cambia de opinión por una caída por ocho tantos ante Inglaterra, por más que la formación en Vélez tuviese mucho de development team. En el momento del traspié aparece otra idea: estos pumas son el equipo de todos...

Puede quedarse uno con la tristeza natural al tener que guardarse el grito final, pensar que era factible retirarse con la sonrisa ganadora y que no se dio; tal vez amargarse un poco si se esperaba una revancha que debe dar otro deporte y no éste al que le cuesta mucho más esfuerzo ponerse a la altura de los mejores, pero que lo intenta y lo consigue a fuerza de voluntad. Pero, por qué no mirar de nuevo el resultado: 18-26. Hace años, no muchos por cierto, un resultado así contra Inglaterra hubiese generado títulos como cerca de la hazaña. Si se quería el triunfo es porque estos jugadores provocan una enorme confianza. Eso es un éxito por tomar en cuenta.

¿O alguien pensó en otro jugador mientras emprendía el regreso con la derrota como compañía? Se extrañó a Lisandro Arbizu y su tackle terminante que cierra el centro de la cancha, es cierto. Pero él se lesionó ante Francia y por eso no jugó, nada más que eso. No hay un hombre que tuviese que estar y no está. No está el debate sobre un Batistuta o un Crespo, no hay un Riquelme no es tenido en cuenta, ni un Saviola del que pueda discutirse si le falta o no experiencia para estar. Si hay un olvido en esta crónica, se acepta escuchar el nombre propuesto...

En las charlas postest se plantearon dudas por la lectura que realizaron los Pumas de la defensa inglesa, por la tozuda búsqueda de penetrar sin desorganizarla antes, sin mover a esa firme línea de tackle con variantes de kicks. Pero otra pregunta: ¿se pensó en otro plan general de juego como opción de reemplazo? No se cree. Las críticas aparecieron y murieron con este partido. Este es el equipo y éste es el esquema que la gente apoya.

Quienes no están cerca del rugby pueden pensar que éstos son temas menores, argumentos para tapar una derrota. Pero no, son vitales para entender el buen momento de los Pumas. Porque por mucho tiempo, demasiado, estas caídas proyectaban antagonismos que detuvieron el crecimiento. Que si había que jugar a la tucumana, de nueve a puro maul; que si debía imponerse la velocidad rosarina o la disciplina de Buenos Aires; que si el eje scrum-tackle-presión... Y desde esos debates interminables se pasaba a la sucesión de nombres que defendían cada estilo. Hoy tendríamos no menos de tres equipos posibles para reemplazar a quienes perdieron. Esta madurez en la derrota es lo que no debería perderse.

El profesionalismo, tan temido en la década del 90, permitió esta positiva situación de terminar con discusiones de entre casa. Estos pumas juegan en el exterior, por lo que ya no defienden dogmas, sino que tienen una apertura al juego global. Y el público los aclama igual, sin importar que ya no tengan la camiseta del club local. Es la camiseta celeste y blanca la que convoca, la que por primera vez está por encima de las ideologías rugbísticas.Cuando hubo peleas internas, los Pumas se fueron chiflados en la derrota. Ayer fueron conmovedoramente aplaudidos. Son realmente el equipo de todos. Por fin...

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