La colorida fiesta de los de afuera

(0)
26 de agosto de 2001  

Las sensaciones no son extrañas en el barrio, pues cosecharon ya un centenar de percepciones. Pero, aun así, el aroma a clásico parece reciente, porque el poder de su fragancia es capaz de entumecer la memoria y renovar el asombro.

“Dale, haceme entrar. ¡Qué te cuesta!”, le suplica un diminuto simpatizante visitante a un compinche que ya traspasó la puerta y está cantando eufóricamente con los suyos, al borde del asfalto de la calle Blanco Encalada. Allí, los ruidosos del CASI despliegan sus ocurrencias, mientras los zanjeros mastican sus inquinas de espaldas a la pileta, el mismo sitio donde Marcelo Loffreda, símbolo del SIC, se confiesa: “Fui socio del CASI. Hasta jugué en la décima dvisión”, aclara con indisimulables muecas de vergüenza el técnico de los Pumas.

Son las 15.10 y los rollos de papel arrojados al césped por los del CASI detienen el partido de la Intermedia. El carisma del Colorado Patricio Fuselli, lata de cerveza y globos blancos y negros en mano, aplaca el eufórico desliz. Un aviso de lo que tenían preparado los del Atlético: pirotecnia, dos carteles municipales (“Peligro, zanja abierta” y “Aguas contaminadas, prohibido bañarse”) y un ataque con azúcar y plumas de gallina. ¿Respuesta? Los del SIC pasean chanchos y cebollas gigantes de cotillón y muestran una media docena de chicos con casacas anaranjadas del programa de TV los Cebollitas en irónica alusión al 2° puesto obtenido por el CASI en 2000.

El campo es una gran sala de espera en el entretiempo para las 5500 personas. Descansa la rivalidad y las camisetas se mezclan. “Barranca arriba no me gusta nada”, comenta un longevo aficionado académico, señalando el legendario declive de la cancha, invadida de alegría y frustración cuando el árbitro De Luca dictamina el fin de la intriga y el comienzo de la algarabía en el vestuario visitante y el silencio en las duchas locales, que demoran la salida de los perdedores.

Roles antagónicos de un añejo enfrentamiento que, lejos de adormecerse en la larga tradición, siempre guarda nuevas y agradables sorpresas.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?