La onda expansiva del boom de Japón en el Mundial tendrá efectos notables

Japón es sensación en el Mundial que organiza
Japón es sensación en el Mundial que organiza
Alejo Miranda
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16 de octubre de 2019  • 21:29

Shibuya crossing de por sí siempre está alborotada. Después de la victoria de Japón sobre Escocia, directamente se descontroló. Y eso es mucho decir de los japoneses. Ya sea vestidos con la camiseta rojiblanca o de saco y corbata a la salida de la oficina, saltaban y cantaban en medio de la calle, algunos emocionados hasta las lágrimas. Con el éxito 28-21, los Brave Blossoms hacían historia al clasificarse por primera vez a los cuartos de final de un Mundial. Su Mundial, nada menos. Un fenómeno que le da un espaldarazo decisivo al certamen y amenaza con alterar el orden establecido del rugby mundial.

Considerada la intersección más transitada del mundo, con hasta 3000 peatones cruzando cinco avenidas al mismo tiempo en todas direcciones, con sendas peatonales que van en diagonal, Shibuya crossing es uno de los enclaves emblemáticos de Tokio. El sábado a las 21.41, cuando finalizó el partido, desbordó.

No es que los japoneses sean aburridos o no sepan divertirse. De hecho, parte del éxito de este Mundial de rugby Japón 2019 radica en el entusiasmo de los fanáticos locales, que generan un gran clima en cada partido, aun cuando no juega el seleccionado local.

Cuando todavía queda lo mejor por delante, no es arriesgado afirmar que el Mundial es un éxito. Más allá de algunos contratiempos como el debate sobre la cancelación de partidos propiciada por el tifón Hagibis y la disparidad de criterios de los árbitros para sacar tarjetas, la apuesta de llevar el máximo evento de este deporte a un mercado chico en materia de rugby y alejado geográficamente puede decretarse como acertada. Los principales objetivos se cumplieron: afluencia de extranjeros, estadios llenos, un gran espectáculo dentro de la cancha y, principalmente, difusión del rugby en este mercado incipiente. El suceso del seleccionado local no hace más que confirmarlo.

"Estábamos ansiosos por ver cuánta gente vendría, si los estadios estarían llenos. Creo que este Mundial está estableciendo una manía por el rugby en todo Japón. También es increíble la cantidad de turistas. Tomando cerveza en los bares, haciendo ruido en los subtes. Nadie se habría imaginado eso 20 años atrás.", cuenta Yuji Watase, CEO de Sunwolves y encargado de desarrollo del rugby en Japón. "Hace dos años no había mucha gente que estuviera al tanto del Mundial, no había mucho entusiasmo. En Tokio todos están pensando en fútbol y béisbol. Ahora, con la gran campaña del equipo de Japón, hay cada vez más gente interesada."

Watase recuerda que en su época de jugador en la universidad, las finales eran presenciadas por 60.000 espectadores en el Estadio Nacional de Tokio, el viejo estadio olímpico demolido y reconstruido para los Juegos de 2020. Aunque no sea una potencia, Japón tiene una larga tradición rugbística. La versión más conocida hasta este descubrimiento habla de que dos graduados de Cambridge, Edward Bramwell Clarke y Ginnosuke Tanaka, introdujeron el rugby en la Universidad de Keio en 1866. De allí que el rugby en Japón tenga raíces esencialmente universitarias.

En 1948 se creó el torneo interempresarial, que en 2003 devino la Top League profesional, por la que pasaron Dan Carter, Fourie du Preez, George Gregan y Shane Williams, por nombrar algunos. Los equipos pertenecen a las compañías: Panasonic, Toshiba, Coca-Cola, Yamaha... "Tradicionalmente el rugby era un deporte serio", cuenta Watase. " Mucha gente era hincha del rugby, pero iba bien vestido, con corbata, nunca se reían durante el partido. Eso cambió con el Mundial."

Cuando el Súper Rugby se expandió en 2016, junto con Jaguares se introdujo un equipo japonés, Sunwolves. No obstante, la Sanzaar ya anunció que cuando finalice el convenio en 2021 discontinuaría a esta franquicia luego de que solo consiguiera ocho victorias en cuatro temporadas.

Con Sunwolves, Japón no supo capitalizar el impulso que había significado la victoria ante Sudáfrica en Inglaterra 2015, el mayor golpe en la historia de los Mundiales. "Eso fue algo grande. No había mucha gente mirando el partido en directo, pero para el partido con Samoa 20% de los japoneses vio el partido. Fue asombroso", recuerda Watase. "Mucha gente se enganchó con el rugby, pero no hicimos bien las cosas para promocionar el rugby. Teníamos el Súper Rugby y teníamos una buena audiencia, pero fue decayendo. No podemos cometer el mismo error después del Mundial".

Aquel récord de audiencia quedó pulverizado en Japón-Escocia. En los momentos cúlmines llegó a haber más de 60 millones de japoneses mirando el partido, igual al 54% de la población. El resultado ya no era sorpresa, máxime después de haber vencido a un candidato como Irlanda.

Con el local metido entre los ocho mejores, el Mundial entra en otra dimensión, menos inesperada que intrigante. Los efectos que esto pueda tener en la difusión del rugby en Japón y en toda Asia son incalculables.

Pero el efecto no termina allí. La Liga de las Naciones que propició Agustín Pichot, vicepresidente de World Rugby, con el fin de darles competitividad a los seleccionados del Tier 2 y frustraron los países europeos (Escocia a la cabeza) vuelve a cobrar fuerza. Por ejemplo, el exwing del seleccionado inglés Ugo Monye reclamó en su columna de The Guardian agrandar el Seis Naciones e incluir a Japón. Un Rugby Championship extendido es otra posibilidad. Fiji, Georgia y Estados Unidos también quieren su porción de la torta.

"Ya le ganamos a Sudáfrica una vez. Quizás podamos llegar lejos, sería increíble. No me lo puedo imaginar", se ilusiona Watabe. Cualquiera sea el resultado del domingo, Japón ya ganó.

Lo mejor está por venir

Inglaterra ante Australia y All Blacks frente a Irlanda:

El sábado, a las 4.15 de la Argentina, comienzan los octavos de final del Mundial entre dos equipos que tienen entrenadores australianos: Eddie Jones, de la Rosa, y Michael Cheika, de los Wallabies. Inglaterra lleva seis victorias al hilo con su actual DT ante la Australia de Cheika. Más tarde, a las 7.15, Nueva Zelanda es favorito ante el Trébol, que buscará por primera vez llegar a las semifinales tras la inesperada derrota ante Japón, que lo dejó segundo en el Grupo A.

Japón juega el domingo; además, Gales vs. Francia:

El país anfitrión se va a paralizar cuando en la Argentina sean las 7.15. Hasta 2015, Japón tenía solo una victoria en la copa y desde que venció a Inglaterra allí conquistó 7 de 8 encuentros. Antes de ese encuentro, a las 4.15, jugarán los galeses ante los franceses.

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