Los errores se pagan

Los Pumas facilitaron la tarea de los Springboks por desatenciones y fallas en la primera línea de tackle
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30 de junio de 2002  

SPRINGS, Sudáfrica.– Esa última acción, luego de un line perdido en cinco yardas sudafricanas, en la que el ágil moreno Johannes Conradie obtuvo la sexta conquista para redondear la victoria por 49-29, puede ser tomada como la síntesis más precisa de lo que le sucedió a los Pumas durante gran parte de la cálida tarde en el PAM Brink Stadium. Impiadosos y sin la menor vacilación ante el encadenamiento de errores ajenos, los Springboks no encontraron obstáculos para lastimar con una de sus mejores armas: la reacción inmediata para contraatacar.

La Argentina cumplió con una buena labor en los primeros 20 minutos (eso fue una muestra de que se puede jugar de igual a igual); con superioridad en la posesión y un dominio territorial ostensible. Y cuando un equipo, en el nivel internacional, cuenta con tanta ventaja en el juego es lógico que marque puntos. Bueno, éso fue lo que no ocurrió; los Pumas carecieron de autoridad y solvencia para rematar las situaciones favorables (los dos penales malogrados por Quesada, una arremetida de Martin y una escapada de Camardón, fueron las más claras), y ahí se encuentra otra de las causas de esta caída sin sentido.

Queda esa extraña sensación de saber que el seleccionado argentino se equivocó tanto que les simplificó las cosas a los muchachos de Rudolf Straeuli, al margen de las virtudes indiscutidas que posee el equipo (potencia física y velocidad explosiva, especialmente). Por eso, la despedida de la gira por aquí y el cierre de la primera etapa del año, vuelve a entregar esa ambigua percepción de ver que otra vez se estuvo ante la posibilidad de obtener resultado más acorde con las aptitudes de los argentinos. Porque esos 20 puntos de diferencia no parecen tales en términos de las actuales condiciones.

Con un penal de André Pretorius, nuevo ídolo del rugby sudafricano, los locales empezaron a encontrar las soluciones al encierro en el que en la primera mitad. Una vez que Sudáfrica abrió el marcador, después ya no se detuvo. En sólo cuatro minutos ya estaban 17-0 y habiendo apoyado dos tries; el de Jacobs después de una no recepción de un kick alto por parte de Albanese, y la Davidson, luego de una sucesión de avances con cambio de los frentes, que desarmó a toda la defensa. Seis conquistas lograron los Springboks y cuatro de ellas se iniciaron desde la capitalización de descuidos argentinos.

Se produjo una reacción con el try de Fernández Lobbe –a continuación de un scrum- y tres penales de Quesada, pero cada vez que los Pumas se acercaban en los números (en el arranque de la segunda estaban abajo por 17-16), un nuevo descuido echaba todo a perder. Con esa mínima diferencia, Pretorius quebró la marca cerca de un reagrupamiento, y al ganarle la espalda de los argentinos, le despejó el camino al incisivo Terblanche.

Tres penales más de Pretorius, todo en 13 minutos, le dio más holgura al tanteador (30-16). Achicó Quesada con otros dos envíos a los palos (30-22), y de nuevo la misma película: rompe Van Niekerk la defensa y es el inquieto Pretorius el que se zambulle debajo de los palos para dejar los números el tablero 37-22. Y así continuaron las acciones hasta el epílogo: error argentino y conquista sudafricana (en el final marcaron Terblanché y Conradie).

La derrota por supuesto que estaba contemplada en un porcentaje alto, pero por cómo se dio, este traspié indica que todavía hay que mejorar bastante.

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