Los Pumas atraparon a la Rosa

El seleccionado argentino consigue por primera vez un triunfo muy esperado: en el estadio de Vélez derrota a Inglaterra por 15 a 13; Hernán Vidou anota todos los puntos
(0)
20 de septiembre de 2003  

Los Pumas siguen derribando barreras en sus enfrentamientos con las potencias; el 4 de agosto de 1990, en el estadio de Vélez Sarsfield, derrotan por primera vez al seleccionado de Inglaterra, por 15 a 13, en el segundo test match de la serie. Todos los puntos argentinos llegan a través del pie de Hernán Vidou, un apertura improvisado como wing; el triunfo marca la despedida de dos históricos: Eliseo Branca y Rafael Madero.

Como tantas otras veces en su historia, los Pumas llegaban heridos a una serie internacional. En julio de 1990 arribaba Inglaterra para realizar una gira por nuestro país, y la actualidad del seleccionado no invitaba a ser optimista. Un mes antes, los dirigidos por Rodolfo O’Reilly y Raúl Sanz habían sufrido un golpe muy duro: en el último partido del triangular clasificatorio para el Mundial de Gales 1991, cayeron en Vélez contra el seleccionado canadiense (15-19) y quedaron condenados a jugar en una de las zonas más complicadas, junto con Australia, Western Samoa y el equipo local. Era el principio de otra temprana eliminación en la Copa del Mundo.

Como en otras oportunidades, O’Reilly tuvo que echar mano a sus dotes de motivador para tocarles el amor propio a muchos jugadores que no habían estado contra Canadá y que serían necesarios para hacerles frente a los ingleses. Así, reaparecieron Rafael Madero, Alejandro Scolni (cumplió una larga suspensión), Marcelo Loffreda y Eliseo Branca, en un intento por renovar el espíritu del equipo. La formación la completaban dos jugadores titulares indiscutidos como Sebastián Salvat y Cuesta Silva entre los backs. En la tercera línea, Pablo Garretón, el mendocino Miguel Bertranou, y Marcos Baeck (porteño radicado en Mendoza) como octavo, un puesto que no encontraba dueño por aquellos años. Alejandro Iachetti, que había sido el capitán ante los canadienses, integraba la segunda línea con Branca; en la primera, dos del SIC, Diego Cash y Juan José Angelillo, junto con Manuel Aguirre, un pilar de Alumni que al fin conseguía su primer cup después de varias convocatorias. El medio scrum era Fabio Gómez, un jugador explosivo y talentoso que tuvo que adaptarse a un esquema con menos vuelo del que acostumbraba desplegar en Banco Nación.

El rugby argentino no atravesaba un buen momento en el plano internacional, y por eso las potencias se animaban a viajar sin todos sus titulares. Nuestro país era una excelente oportunidad para buscar fogueo en los más jóvenes. Inglaterra traía al capitán Will Carling como figura principal, acompañado por otros experimentados como el segunda línea Wade Dooley, el pilar Jeff Probyn y el ala Peter Winterbottom, además del joven pilar Jason Leonard y el hooker Brian Moore y el moreno Chris Oti. Todos ellos serían fundamentales para llevar a Inglaterra a la final del Mundial del año siguiente, jugado en Gran Bretaña (cayeron ante el campeón, Australia).

Si los Pumas tenían presión, ésta se incrementó después de las derrotas de los ingleses en sus partidos previos ante Banco Nación (de la mano de Hugo Porta), y los seleccionados de Buenos Aires y Cuyo. "Inglaterra no había traído lo mejor que tenía en esa época. Entonces se creó una gran expectativa porque encima les ganó Banco Nación en el primer partido de la gira y después volvió a perder dos veces más. El pensamiento de todos era: "¡Cómo no les van a ganar los Pumas!" Pero perdimos el primer partido", cuenta Rafael Madero, uno de los que volvió para sumar en ese momento complicado.

"Yo había decidido no jugar más para los Pumas. Incluso sabía que iba a ser mi último año en el SIC, porque ni siquiera hacía las pretemporadas: arrancaba directamente en abril... Pero Michingo O’Reilly me llamó, me insistió y al final acepté jugar para el seleccionado."

Después de la derrota (25 a 12) en el primer test el clima era muy tenso y O’Reilly les confió a sus allegados que la revancha contra Inglaterra sería su último partido en los Pumas, cualquiera fuera el resultado.

"Para el segundo test salimos con todo el amor propio, tocados por ese partido que habíamos perdido una semana antes, y conseguimos el objetivo de derrotar por primera vez a los ingleses. Después O’Reilly dejó de ser el técnico y eso tuvo mucho que ver con que ese fuera mi último partido con la camiseta de los Pumas", cuenta Madero.

Un jugador decisivo en aquellos enfrentamientos fue Hernán Vidou, un apertura con gran técnica y efectividad con el pie que se lucía en el club Buenos Aires. Su única contra era un físico considerado muy pequeño para el rugby internacional. Sin embargo, Vidou demostraría que podía suplir los kilos con inteligencia y valentía.

"Jamás había jugado de wing. Cuando recibí la convocatoria para la serie con Inglaterra pensé que podía ser suplente de Madero o apertura si Rafa jugaba de centro. Pero en un entrenamiento previo, en el SIC, Michingo y el Ruso Sanz me llamaron aparte y me dijeron: "¿Alguna vez jugaste de wing? No, nunca. ¿Te animarías? Por supuesto". Ahí empecé a darme cuenta de lo que pretendían de mí para esos partidos.

"El miércoles previo al primer test, Inglaterra perdió con Cuyo. Un día antes nosotros disputamos un amistoso contra Salta y ahí tuve mi primera experiencia como wing. Recuerdo que me sentí desubicado todo el partido. Yo había sido medio scrum toda la vida y los últimos cuatro años había pasado a ser apertura, así que sentía una gran diferencia."

Vidou no desentonó en esa formación que no tenía wingers naturales, porque Sebastián Salvat, que actuaba en la otra punta, habitualmente se desempeñaba como centro o fullback en Alumni. O’Reilly buscaba un pateador efectivo, algo que costaba encontrar en aquellos años (Santiago Meson y Diego Halle no habían conformado en los partidos previos), y decidió arriesgar con el apertura en una de las puntas. El resultado fueron cinco penales de Vidou en el segundo partido que sirvieron para alcanzar la victoria por 15 a 13.

"El wing que me tocó enfrente era el negro Chris Oti. Era enorme. Mi primera impresión cuando lo tuve ahí adelante fue que era mucho más grande de lo que me imaginaba. No tuve mayores problemas, a pesar de que perdimos ese primer test", recuerda Vidou, que a pesar de su actuación decisiva no tuvo continuidad en el siguiente proceso del seleccionado.

"Con Oti me quedó una anécdota. Después del primer partido fuimos al tercer tiempo en Belgrano y él se acercó a conversar. Enseguida me di cuenta de que estaba bien informado. Me dijo que ellos sabían que yo en realidad era apertura y que por eso entendían que siempre pisara para adentro cuando agarraba la pelota. En la revancha, la primera vez que entré en juego hice el ademán de encarar para adentro y cuando Oti se vino con todo para tracklearme, lo esquivé por afuera. La jugada fue peligrosa y terminó con un scrum cinco en el in-goal inglés. Cuando quedamos frente a frente otra vez, el negro me miró, se sonrió y me señaló con el dedo acordándose de lo que habíamos charlado esa noche".

Más que nunca, aquel agónico y festejado triunfo contra los ingleses marcó el cierre de una etapa en los Pumas. No sólo fue el final de la conducción de O’Reilly; también significó la despedida del seleccionado para dos jugadores que surgieron en la década del 70 y que participaron de todas las grandes conquistas, convirtiéndose en verdaderos símbolos del equipo: Rafael Madero y Eliseo Branca. Los dos respondieron a su estilo en el final del partido: Rafa se perdió entre sus compañeros en el festejo de cara a la tribuna. El Chapa dio una lenta vuelta olímpica con los brazos en alto para guardarse para siempre la última ovación.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.