Los Pumas junto al Papa, en un día inolvidable

Francisco recibió al plantel argentino en el Vaticano; habló de compromiso, de lucha y les pidió "no correr solos"
Santiago Dapelo
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23 de noviembre de 2013  

CIUDAD DEL VATICANO.– Juan Manuel Leguizamón resopló, arqueó las cejas y levantó los párpados. "Fue muy intenso; ¡tremendo!", dijo el capitán de los Pumas. Finalizaba un momento único para el equipo argentino. Los jugadores, algunos con sus esposas e hijos en brazos, inmortalizaban la ocasión. La emoción por lo que acababan de vivir fue inmensa. La visita al papa Francisco sacudió en lo más profundo a los visitantes.

Unos minutos antes del encuentro, todo era nerviosismo. La expectativa crecía rápidamente. Después de cruzar la Plaza San Pedro e ingresar por una de las puertas laterales a la imponente Basílica, la comitiva argentina y la italiana atravesaron varios pasillos hasta llegar a un patio interno del Palacio Apostólico. Siempre en fila, las cerca de 100 personas invitadas subieron dos largas escaleras hasta llegar a la bellísima y majestuosa sala Clementina. Los argentinos se ubicaron del lado derecho de la nave. Monseñor Guillermo Karcher, encargado del cerimoniere pontificio (maestro de ceremonias pontificio), uno de los dos argentinos que asisten a Francisco, daba las últimas indicaciones a los visitantes. El silencio era casi absoluto. Sólo pequeños comentarios y nada más.

La ansiedad aumentaba a medida que la hora se acercaba. Todos los presentes miraban el mismo punto: la puerta derecha del salón rodeado de mármoles y frescos, situado en el segundo piso del Palacio Vaticano. Con paso tranquilo, una sonrisa y saludando con la mano derecha, ingresó el Papa. Ahí fue que tanta emoción contenida se transformó en un atronador aplauso.

"Queridos amigos", comenzó el Papa que vino del fin del mundo. "El rugby es un deporte simpático, duro, con mucha confrontación física, pero sin violencia. Hay una gran lealtad y un gran respeto. Jugar al rugby es duro. ¡No es un paseo! Y esto creo que también es útil para templar el carácter, la fuerza de voluntad", siguió en su alocución.

Sus palabras retumbaban en la sala. "En el rugby se corre hacia la meta. Esta palabra tan hermosa, tan importante, nos hace pensar en la vida, porque toda nuestra vida nos lleva a una meta, y esta búsqueda es trabajosa, requiere lucha, compromiso, pero lo importante no es correr solos. Para llegar, hay que correr juntos. La pelota se pasa de mano en mano y se avanza juntos, hasta que se llega a la meta. ¡Y entonces lo celebramos!", manifestó el Santo Padre, que habló de pie y en italiano. Y añadió: "Puede que mi interpretación no sea muy técnica, pero es la forma en la que un obispo ve el rugby. Y como obispo les deseo que pongan en práctica todo esto fuera del campo, en sus vidas".

En el final, como hace siempre, les solicitó a los presentes que oren por él. "Y ustedes recen por mí, para que yo, con mis colaboradores, hagamos un buen equipo y arribemos a la meta; rezo por ustedes y les deseo lo mejor. ¡Que mañana (por hoy) sea un buen partido! Gracias", finalizó Francisco.

Salió por donde entró. Con el paso sereno, pero firme y una sonrisa que le iluminaba la cara. La misma que tenían todos los asistentes que participaron de un encuentro que se mantendrá para siempre en sus memorias.

  • 18

    Son los partidos que disputaron los Pumas e Italia. El equipo argentino ganó 12, empataron una vez y la Azzurra venció en cinco oportunidades.
  • Un olivo, el obsequio

    Juan Manuel Leguizamón y Sergio Parisse, capitanes de la Argentina e Italia, le entregaron al Papa un retoño de olivo –símbolo de la paz y la solidaridad– que será plantado simbólicamente hoy en el estadio Olímpico y después, trasladado a los jardines del Vaticano.

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