Mundial de rugby. Partidazo: Gales venció a Australia en los mejores 80 minutos del torneo

Fuente: AFP
Jorge Búsico
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29 de septiembre de 2019  • 12:30

TOKIO.- Una impresión: fue el mejor partido hasta ahora y es muy posible que al final lo sea del todo el torneo. Un deseo: Gales, el país donde más intensamente se vive el rugby, merece ganar alguna vez la Copa del Mundo. La fiesta que se vivió en el Tokio Stadium y en sus alrededores tuvo como banquete principal un encuentro a todo o nada, en todo sentido, disputado entre Gales y Australia y que quedó en manos de los europeos con la angustia hasta la última pelota. Difícil encontrar tanto rugby en 80 minutos. El pleito, decisivo para definir el primero del Grupo D, combinó técnica, fiereza, dramatismo y un ida y vuelta que dejó la sensación de que ambos tiene con qué pelear por el título. Se van a cruzar en cuartos con los que emerjan del Grupo C, el de la Argentina.

Bajo un calor por momentos agobiante -una de las características del torneo en Japón hasta aquí- la fiesta arrancó temprano en la Tokyo Station, donde hinchas australianos -en gran mayoría; están a 9 horas de vuelo- y galeses coparon junto a los japoneses los vagones repletos que cada 5 minutos iban hasta la estación Shinjuku para allí abordar la Keio Line que lleva hasta Tobitakyu, a unos 10 minutos a pié del Tokio Stadium, el escenario del partido inaugural, del que sostuvieron los Pumas con Francia y el mismo donde el próximo sábado los argentinos se jugarán la última carta frente a los ingleses.

En el tren, un matrimonio australiano le desea buena suerte a parde e hija galeses. Esto es posible en el rugby, como también que simpatizantes de ambos países compartan las tribunas. Sucede aquí y también en la Argentina. "¿Cuántos puntos marcará Gales?", pregunta, sonriente, el aussie. "Uno más que Australia", responde, también sonriente, el papá británico. "¿Cuál es el cruce en cuartos de final?", vuelve a interrogar el australiano. "Inglaterra o Francia", contesta el galés. "¿Y Argentina?", tercia uno. Risas de todos. "Lo veo mal, pero si le gana a Inglaterra no me gustaría cruzármelo", agrega el señor que lleva la camiseta roja del Dragón.

La charla siguió con Japón y sui victoria espectacular del sábado ante Irlanda. Le ha dado todavía más vida a este torneo, especialmente por lo que generó el juego de los locales, a puro tackle y excelentes destrezas para desnivelar. Quizá la historia le reserve a Japón un lugar en los cuartos de final. Lo que ya se aseguró es ser protagonista de dos de los cinco impactos más importantes en una Copa del Mundo. El otro fue en 2015 ante los Springboks.

Los televisores de bares y restaurantes seguían repitiendo ayer las imágenes de la victoria japonesa. Es para verla y enseñar cómo se juega este tipo de partidos. Japón ya dejó su marca. La Copa del Mundo es un éxito y el seleccionado anfitrión acompaña.

En cuanto al partido, Gales jugó un primer tiempo estupendo. Es un equipo granítico, clínico, que en la primera salida recuperó la pelota con un contraruck y una rápida apertura para que Biggar asestase un drop. A los 12, Hadleigh Parkes hizo un gran try tras un kick táctico de Biggar.

Dos golpes seguidos sacaron de la cancha a Biggar, conductor de Gales, y los Wallabies se fueron al humo con un try del eterno Adam Ashley-Cooper, pero sobre el cierre, Gareth Davies interceptó un pase de Will Genia y se fue solo hasta debajo de los pales. El reemplazante de Biggar, Rhys Patchell, anotó esa conversión más otros dos penales. El Dragón se fue al vestuario con un lapidario 23-8.

Pero Australia, que siempre se agranda en los Mundiales, salió hecho una furia a jugar el segundo tiempo. Marcó rápido un try por vía de Dane Haylett-Petty. Fue tras el ingreso de Matt Toomua por Bernard Foley, quien dio otra impronta al juego. Dos veces rompió el apertura en la misma jugada para ese try. Luego vino otro por intermedio del capitán y león de los Wallabies, Michael Hooper. Y un penal de Toomua dejó a su equipo a un solo punto: 26-25. Faltaban todavía 13 minutos.

Pero Gales pudo salir del asedio. Comandado por el gigante Alun Wyn Jones -el mejor capitán del mundo- le quitó ritmo al juego hasta que tuvo otro penal y Patchell, con toda la presión, acertó de nuevo. El partido terminó con Australia a centímetros del ingoal galés, pero no pudo quebrar la defensa. Fue una enorme batalla.

Gales está para llegar a la semifinal al menos, como en 2011. Australia será un peligro para el que le toque. En Tokio hubo domingo de fiesta rugbística. En las tribunas -multitudes de camisetas amarillas; toda la gente cantando "Sweet Caroline", de Neil Diamond, más alguna del galés Tom Jones- y en el campo, con dos equipos que reivindicaron la belleza de este juego.

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