Que el Championshipno se vuelva un infierno

Jorge Búsico
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26 de junio de 2014  

T res wins, 12 tries & 5 debutants". Los Wallabies anunciaban orgullosos, vía su cuenta de Twitter (@QantasWallabies), el excelente balance de su serie de junio como locales ante Francia. Un 3-0 rubricado el sábado a través de una goleada por 39-13, con un récord de 43.188 personas en el Allianz Stadium de Sydney. Los australianos fueron en los dos últimos años los que más cerca tuvieron los Pumas en su objetivo de atrapar una victoria en el Rugby Championship. Hoy, las diferencias son tan enormes como las que existen con los All Blacks y los Springboks, por lo cual se prevé que este torneo que se viene será el más duro de todos los disputados hasta el momento.

Los Pumas no pudieron ni de cerca mostrar las mismas credenciales que sus próximos rivales del Sur (los All Blacks también marcaron un 3-0, pero a Inglaterra, y los Boks cerraron un 2-0 con Gales y seguramente sumarán otra victoria este fin de semana ante Escocia). Lo único en lo que superaron a los Wallabies fue en la cantidad de debuts. La ventana de junio resultó negativa no sólo en resultados, sino en juego y en el contagio con el público.

Treinta jugadores viajaron anoche a Pensacola, ese centro de alto rendimiento que se ha transformado en la casa de los Pumas previamente a los Mundiales 2007 y 2011 y a los RCh 2012 y 2013. Trece de ellos lo harán por primera vez y 16 no disputaron nunca el torneo de la Sanzar. La situación obligó a cambiar la rutina: esta vez no habrá sólo puesta a punto física y grupal, sino también táctica. Por eso viajó Germán Fernández, analista de videos y encargado de las destrezas.

Ya fue el momento de analizar las decisiones de Daniel Hourcade, que resultan incomprensibles si se tienen en cuenta el juego y el contexto (¿por qué llevar a Pensacola a algunos de Europa y a otros no?; ¿por qué no citar a los mejores?) y que podrían ser razonables si se dieran otras razones que al menos no se expusieron públicamente. Los Pumas necesitan un recambio como cualquier otra selección, pero hacerlo de esta manera no condice siquiera con la transición que lleva adelante el rugby argentino a partir de su joven recorrido en la alta competencia profesional.

Se apoya y es saludable que haya un proyecto de estructura, de línea de juego y de plantel a largo plazo. No es común en este país proyectar más allá del día siguiente. Y también llevarlo a cabo al margen de los resultados. Pero lo que debe medirse es hasta dónde se corren riesgos que puedan llegar a estropear o tirar para atrás todos esos planes. Da la sensación, en ese sentido, de que con los Pumas se está caminando al borde de la cornisa y, lo peor, sin necesidad.

Lo mismo con el juego. Se aplaude la intención de un rugby más agresivo con la pelota, de sorpresa, explosivo, ¿pero cómo desarrollarlo sin la pelota? Sin obtención en scrum y line no es serio ningún planteo. Tampoco sin autocrítica. No se escucha ni se lee una dentro de las diversas estructuras de decisión en la UAR. Como está hoy la situación, sólo cabe esperar que este Rugby Championship no se transforme en un viaje al infierno.

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