Un triunfo fundamental para pensar en el futuro

Impulsados por un fuerte ánimo para torcer el destino, los Pumas batieron a Italia por 19 a 14; fue sin brillar, pero con convicción; ahora es tiempo de descanso
Santiago Dapelo
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24 de noviembre de 2013  

ROMA.– Nicolás Sánchez pateó la pelota con fuerza hacia afuera de la cancha. "Sí", gritó alargando la "i" hasta el infinito y estiró los brazos con furia antes de fundirse en un abrazo con sus compañeros. Llegó el desahogo tan esperado, tan buscado. El triunfo necesario y urgente. Ese que se demoró mucho tiempo, demasiado para un equipo como los Pumas. Ayer, ante Italia, la Argentina volvió a celebrar después de muchos meses de sinsabores. Pasaron 10 derrotas –no se toma en cuenta la ventana de junio porque es otro plantel– y un año de derrotas antes de la victoria frente a la Azzurra por 19-14, en el estadio Olímpico de esta ciudad. Por eso, la felicidad de todos. Los jugadores festejan, se abrazan y hablan en el campo de juego. Pero no son los únicos: en la tribuna hay otro equipo que también se sacó una mochila de encima. Daniel Hourcade, el nuevo entrenador que tuvo que lidiar con la responsabilidad de dirigir al grupo tras la salida de Santiago Phelan, explota de felicidad. Lo mismo pasa con sus colaboradores; Pablo Bouza apenas puede contener las lágrimas. La emoción es absoluta. Al igual que en el césped, todos se abrazan, todos sonríen. El plantel es pura alegría.

No fue un buen partido, pero poco importa. El objetivo era cortar la racha negativa y lo lograron. Pero no se trató de una tarea sencilla. A los Pumas todo le cuesta demasiado y esta no fue la excepción. Ahora empieza otra historia; una que tiene que ver con volver a un sendero que dejaron olvidado esta temporada: el del crecimiento. Se terminó un año durísimo. Los resultados y la performance no fueron buenos, pero el encuentro de ayer abre una luz de esperanza. Sirve como base para empezar a construir una nueva historia.

Aunque no se trató de un partido atractivo, fue una prueba de carácter la que aprobaron los argentinos. Se ganó con lo justo, sí. Vencieron a un rival de menor valía, sí. Pero también por primera vez en el año superaron las dudas y miedos. En el momento de quiebre, en la encrucijada, ahí fue donde apareció el equipo. Ganaron la batalla mental; esa en la que venían perdiendo desde hacía tiempo. Desde el primer minuto se propusieron salir a buscar el encuentro. Así marcó el camino el capitán Juan Manuel Leguizamón. Pero las infracciones de la Argentina –cometió 17 penales, una barbaridad– pondrían a Italia al frente en los primeros minutos. El joven apertura Tommaso Allan, no tuvo una buena tarde en su debut desde el inicio –falló cinco envíos a los postes–, marcó dos rápidos penales. Italia mandaba en el resultado, pero no en el juego.

Impulsados por las ganas de torcer el destino, los Pumas fueron por el try. Un scrum en campo italiano fue la plataforma perfecta para un ataque coordinado. Tras dos fases con los delanteros, Landajo le abrió juego a Nicolás Sánchez, la figura del equipo, que cortó la línea de ventaja rival y cuando tuvo la marca encima le lanzó el pase a Imhoff (doble salteo incluido). El wing rosarino amagó ir por adentro y se fue por afuera hasta aterrizar en el in-goal. Primera conquista en la gira por el Viejo Continente de los Pumas; la única. Otra de las grandes deudas que deja el equipo para lo que viene.

Pero la respuesta de los locales fue inmediata. Otra vez el apertura, de origen escocés, llevó a los italianos arriba (9-7). Se jugaba como un test-match. La pelota viajaba de lado a lado por el aire. Otro penal de Sánchez puso 10-9 a la Argentina y así concluía la primera etapa. Se trataba de una sensación nueva para el seleccionado argentino: por primera vez en seis encuentros. La última había sido en la revancha ante los Springboks (se fueron al descanso en ventaja por 17-13), por la segunda fecha del Rugby Championship, en Mendoza.

Tras el descanso fue poco lo que cambió. Ambos intentaban suplir las deficiencias técnicas por ímpetu. El juego con el pie fue nuevamente el arma que eligieron los dos; uno de los principales motivos fue la intensa lluvia durante los 80 minutos.

La Argentina seguía cometiendo infracciones, pero Allan volvió a fallar un envío, el tercero, mientras que el otro N° 10, el tucumano, seguía con buena puntería. Los Pumas ampliaban la ventaja; ahora ganaban 13-9. Era un duelo de necesitados. Los dos querían fervorosamente el triunfo. Era fundamental para poder aferrarse a algo que les permitiera construir un futuro con más calma, con menos urgencias.

Ahí fue cuando Italia fue a fondo. Arrinconó a los Pumas, que sólo podían frenar la embestida con penales. Tres penales factibles para sumar tuvieron destino de touch. El line y el maul se convirtieron en un martirio para los argentinos, que sufrieron la amarilla de Ayerza. Inteligente, con la defensa argentina desordenada, Allan cruzó un kick de 30 metros que McLean fue a pelear con Cordero. El fullback de la Azzurra ganó el duelo aéreo y tiró la pelota para atrás. Ahí se zambulló Campagnaro para decretar el try, que dejó dudas. Italia volvió a ponerse arriba.

Ahí llegó el momento clave para los Pumas. ¿Podrían superar sus titubeos o volverían a encadenar errores hasta decretar una nueva derrota? La respuesta fue contundente. Sin brillar, la Argentina salió a jugar. Perder no era una opción. Así fue que llegó el primer intento. Sánchez intentó un penal desde atrás de mitad de cancha, pero no llegó. Dos minutos después, una nueva infracción le daría la revancha. Esta vez no falló. Pero no fue suficiente. Los Pumas querían más. No querían que Italia despertara. Así fue como volvieron a la cargar. Tras varias fases de juego coordinado, Cubelli –ya había reemplazado a Landajo– le soltó el pase al apertura argentino que de sobrepique envío la pelota por el medio de la hache.

Sólo restaban ocho minutos. Los italianos intentaron cambiar la historia, pero los argentinos plantaron una sólida defensa. Así llegó el final. Los Pumas ganaron. Es lo que cuenta. Ahora llega el tiempo de descanso. Se terminó 2013 para la selección. Un año que no fue bueno, pero que deja cosas positivas. Será trabajo del nuevo staff ahora preparar lo que será un 2014 igual de exigente. El triunfo sirve para trabajar con esperanza. Este puede ser el principio para empezar a construir una nueva identidad. Pero hay mucho por hacer. No hay tiempo que perder.

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