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Editorial: Del running al atletismo

Daniel Arcucci
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28 de octubre de 2015  • 17:15

"Un nuevo atletismo empieza a vivir", era el alentador título de aquella nota de la revista El Gráfico, publicada el 20 de octubre de 1987. Ilustrada con una foto de los jóvenes Luis Migueles, corredor, y Andrés Charadía, lanzador, se completaba su apertura con un recuadro de fondo amarillo, pero bien podría haber sido dorado, en el que figuraba la colección de medallas de ese color que habían recolectado los atletas argentinos en el reciente Sudamericano de San Pablo, en Brasil. Entre ellas, además de varias de saltadores y lanzadores, las de Deborah Bell, en 100m; Allende, Conte, De Falco y Bell, en las posta 4x100m; Juan Pablo Juárez en 10.000m; y el propio Migueles, dueño absoluto de los 800m en el continente. Decía por entonces el entrerriano, ya firme en sus convicciones: "Hay que definirse: o un atletismo de entrenamiento de media hora y sin resultados, o un atletismo más profesional, con dedicación y proyección en el tiempo… Por supuesto, esto último es lo que tratamos de hacer nosotros".

Revista El Gráfico, octubre de 1987
Revista El Gráfico, octubre de 1987 Fuente: Archivo

Pero casi tres décadas después, la marca de 1m46s1 lograda por Migueles para la distancia en el Grand Prix de Bratislava, República Checa, el 14 de junio de 1986, sigue imbatible entre los atletas argentinos. Lo mismo sucede con los registros de Antonio Silio en 10.000 (27m38s72, Bruselas, 1993), Media Maratón (1h00m45, Uster, 1998) y Maratón (2h09m57, Hamburgo, 1995), por citar sólo tres de las distancias más tradicionales, las mismas que hoy convocan a miles de corredores aficionados, que inundan las calles a lo largo y a lo ancho del país.

Migueles y Silio, como Leo Malgor y el Indio Cortínez, también destacados corredores de élite en su momento, acompañan ahora ese fenómeno desde diferentes lugares. Como entrenadores de atletas competitivos o aficionados y jóvenes o grandes, como promotores de carreras, pero con una inquietud íntima y esencial, que va más allá, mucho más allá del boom: recuperar aquella esperanza para el atletismo argentino.

Hay que utilizar el combustible del running para impulsar el motor del atletismo

¿Cómo?

Ese es el punto. Y encontrar respuestas varias a esa pregunta única fue la intención al reunirlos a los cuatro: lograr que esa masividad apasionada decante hacia una elite igualmente apasionada. Aprovechar la energía de quiénes se suman a la actividad en busca de una vida saludable y de una competitividad tan legítima como amateur, pero con más pasado y presente que futuro, para trasladarla a quiénes el día de mañana puedan competir en el más alto nivel internacional.

Algo así como utilizar el combustible del running para impulsar el motor del atletismo.

Y eso, genéricamente, podría hacerse de dos maneras: con energía emocional y con energía económica.

Revista El Gráfico, octubre de 1987
Revista El Gráfico, octubre de 1987 Fuente: Archivo

"Necesitamos captar gente más joven. Los mexicanos, por ejemplo, en cada carrera de calle hacen competencias infantiles, para detectar chicos con condiciones. Lo que un runner puede sumar a esto es que le inculque a sus hijos que hagan atletismo. ¿Para qué queremos a miles de personas corriendo con edades de 40 años para arriba? Eso no suma nada para el atletismo. Con el aporte de los grandes, yo llevo chicos a la pista. Los que se necesitan son entrenadores pagos full time en atletismo…", dice Migueles.

"Creo que se podría cobrar un arancel mínimo para que vuelva al atletismo. Cuando salimos a correr masivamente por las calles, cuando pagamos una inscripción, también podemos, y seguramente queremos, retribuir en algo hacia una causa. Y esa causa puede ser, debe ser, el mismo atletismo, el deporte federado, la pista, los deportistas…", dice Silio.

Algo, mínimamente, ha cambiado en los últimos tiempos. Más gente pendiente de la medalla de bronce de Mastromarino en los Panamericanos, de las emocionantes clasificaciones a Río 2016 de Marita Peralta en Berlín y de Luis Molina en Buenos Aires o del mismo intento de parte de diez atletas argentinos en la próxima maratón de Valencia. Algo, mínimamente, ha cambiado.

Pero hay mucho por hacer y ya no pensando en los próximos Juegos Olímpicos, sino en los que siguen, y los que le siguen a los que siguen… Un esfuerzo maratónico, sí, en el que da gusto embarcarse como medio, como comunicador, para impulsar desde donde corresponde. En este caso, desde la difusión. Para que esta nota –a propósito de Migueles, de Silio, de Malgor, de Cortínez y de todos los que trabajan con más pasión que recurso– termine como terminaba aquella de El Gráfico, hace casi treinta años: "Ellos están haciendo un nuevo atletismo argentino. Hay que ayudarlos, no combatirlos".

Que la nota termine igual, sí. Pero que la historia termine distinto.

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