Editorial: en los pies del otro

Solidaridad, integración y competitividad, los valores que trascienden
Solidaridad, integración y competitividad, los valores que trascienden Crédito: Graciela Zanitti
Daniel Arcucci
(0)
31 de julio de 2015  • 00:07

"Esto para vos es nada, ¿no?", me dice Luis Vinker, histórico periodista de atletismo, en el encuentro casual ya dentro del corral de largada, cuando sólo faltan unos minutos para el comienzo de otros 10K, los enésimos, desde el corazón de los bosques de Palermo. Se trata de la edición Invierno del Circuito de las Cuatro Estaciones, pero podría ser cualquier otra de esas carreras y la respuesta hubiera sido, y seguramente seguirá siendo, la misma que le di, al paso. "No, es mucho".

Algo tienen los 10K, para que no pasen de moda. Me plagio a mí mismo para responder a las críticas que suelen recibir. Podrán cuestionarlos, pero seguirán siendo una atracción irresistible: los 10K siempre serán los 10K. Alguna vez objetivo que parecía inalcanzable y por eso aspiracional; con el tiempo, hermanos menores de la media maratón, la prueba de la superación; y, para siempre, la distancia iniciática de la explosión masiva del running. Todo eso han sido y son las carreras urbanas de 10 kilómetros.

Con razón, suelen criticarlas los entrenadores de atletas de elite, por pensar que los distrae en entrenamientos para metas más trascendentes y también suelen ponerle reparos preparadores de corredores aficionados pero con pretensiones, por considerar que incluso a ellos les altera sus planes más ambiciosos. Pero algo tienen, evidentemente, que hace que se vuelva a ellas como quien vuelve a los orígenes, entre la emoción y el agradecimiento.

Es que no se habla de distancias; se habla de sentimientos. Los de los debutantes, por ejemplo, que son muchos. Y tan fácil resulta identificarlos como identificarse con su adrenalina, con su ilusión: lo que corren por primera vez 10K se dan ánimo como los que corren por primera vez 21K, los que corren por primera vez 42K o los que corren por primera vez una ultramaratón. Es imposible no dejarse contagiar por esa sensación. Siempre habrá algo que buscar en la distancia que sea para que no resulte indiferente. Se trata, de diferentes maneras, de ponerse en los pies del otro.

Aficionados, como Rodolfo Rossi o Juan Martín Saab y su grupo de amigos, suman kilómetros para que esos kilómetros se conviertan en ayuda. Desde cruzar el país de lado a lado por la Ruta 40 o transitar los caminos del Norte delante de una camioneta cargada de alimentos, lo que se busca es volver sinónimos las palabras superación y solidaridad.

Elites, como Federico Bruno o Mariano Mastromarino, suman kilómetros en busca de récords o de marcas, que por suerte van cayendo, de a poco pero con cada vez mayor consistencia, para volver también sinónimos las palabras entrenamiento y superación.

Cuando se corre, nunca es "nada". Cada paso es "mucho".

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.