Luis Molina corre por un ideal

Molina, tras cruzar la meta en 2h15m23s
Molina, tras cruzar la meta en 2h15m23s Crédito: Chino Avalos para Fotorun
En la Maratón Arnet de Buenos Aires compitió contra todos los pronósticos y consiguió la marca para los 42,195 km de los Juegos de Río 2016
Damián Cáceres
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28 de octubre de 2015  • 18:28

Las lágrimas desbordan los pómulos enrojecidos. La emoción a flor de piel. Y un gesto, en cuclillas, para agradecer. A los suyos, a su entrenador César Roces y a todos sus amigos que también corrieron con él. Luis Molina estaba agotado, pero satisfecho. El cuarto puesto en la Maratón Arnet de Buenos Aires, tras 2h15m23s, lo dejaron en las puertas de lo que un año atrás y en la misma carrera parecía una utopía: correr los 42,195 km en los próximos Juegos Olímpicos. El ideal que un pibe comenzó a acuñar a los 14 años en su Chascomús natal. Allí, cuando todavía se sentía un jugador de fútbol conoció a su formador. Y ese hombre, poco amigo de las redes sociales y de las nuevas tecnologías y más afín al trabajo silencioso, es el mismo que lo condujo a transformar el querer en poder.

Aquella vez, en 2014, no pudo sostener el ritmo pactado con su amigo personal Mariano Mastromarino, quien finalmente se alzó con la carrera tras diez años de triunfos foráneos. Las dudas volvieron a aparecer en su horizonte como ese muro inexpugnable que en la maratón llega después del km30. "La maratón de 2014 fue de un gran aprendizaje. Era mi segunda experiencia en la distancia y había llegado muy cansado físicamente", cuenta. Y añade: "Esta vez entrenamos pensando más en lo que iba a hacer el día de la carrera. Por eso, estuve 30 días en la altura de Cachi, [Salta, a 2300 metros sobre el nivel del mar]".

La decisión de correr en Buenos Aires y no en Valencia (ver página 22) se debió a que el corredor de 27 años prefirió hacerlo casi en soledad y no enrolarse en la comitiva nacional de 10 atletas que el próximo 15 de noviembre estarán en tierra española. "En Buenos Aires dependés primordialmente del clima y este año se dieron todas las condiciones para que sólo buscara la marca exigida por la CADA (Confederación Argentina de Atletismo)", afirma.

Molina, en esencia, refleja que el sueño del pibe, con trabajo y sin acudir a atajos oscuros, es posible. "Se me dio ahora, si no era en abril en Rotterdam porque este sueño no se me podía escapar. Corrí detrás de él por mucho tiempo y hoy me siento feliz", dice mientras devora otro chocolate. El enésimo desde que en Buenos Aires se abrazó a la gloria.

25 km en la pista de Cachi

Este año, Molina trabajó durante 30 días en la altura de Cachi, Salta. "Fue la primera vez – dice– que estuve tanto tiempo y el resultado indica que hicimos una buena elección." Y entre tantos entrenamientos, hubo uno que lo marcó. Fueron los 25 km que realizó en la pista de tartán. Es decir, 62,5 vueltas a un óvalo de 400 metros. "Los entrenamientos así son los que más te fortalecen", sostiene.

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