Sabor agridulce

Las Leonas gustaban, jugaban bien y goleaban por 3-0 a Japón, pero en el último minuto se relajaron y terminaron apenas 3-2; una lección para el futuro
(0)
29 de septiembre de 2006  

MADRID.- Por esta vez Gabriel Minadeo dejó su postura reflexiva. Se mordió los labios, tomó temperatura y finalmente estalló de bronca por ese último minuto en el que las Leonas perdieron la cabeza y terminaron ganándole a Japón apenas por 3-2, en la segunda fecha del Mundial de hockey sobre césped. El entrenador no se guardó el fastidio: se lo hizo saber a las jugadoras cuando finalizó el partido. Les dejó en claro que si quieren volver a ser campeonas del mundo, no deben cometer esas fallas en la concentración. Se descargó, aunque se quedó reflexionando con el resto del cuerpo técnico varias horas después en el Club de Campo. Ya de noche, el interrogante fue: ¿por qué se despistaron tanto luego de ir ganando 3-0? Quizás hoy, en el primer día libre para el seleccionado en el certamen, empiece a rearmar ese rompecabezas psicológico junto con el plantel.

Lo más valioso es que otros tres puntos están en el bolsillo de la Argentina tras aquel debut exitoso ante los Estados Unidos (2-1), hace dos días. Las albicelestes y Australia comandan el Grupo B y ambos equipos están encaminados para las semifinales, gracias al traspié de Corea del Sur, que sólo igualó con Sudáfrica 0-0. Sin embargo, quedó ese sinsabor de lo que pudo haber sido una sólida victoria y terminó transformándose en un mal recuerdo. Ahora es tiempo de refrescarse la cabeza y enfocarse en el tercer compromiso ante Sudáfrica, que llegará mañana a las 13 de nuestro país. En caso de ganar, se habrá allanado gran parte de la clasificación.

Mucho antes de que pusieran un pie en el ómnibus para el regreso a la concentración, las chicas ya habían recapacitado y elaborado ese bajón postrero en el que no suelen incurrir ante las potencias, debido a la tensión competitiva que muestran. En esos 40 segundos finales, en lugar de controlar con el 3-0 en favor, se dispersaron y facilitaron el desvío de Kaori Chiba. En la siguiente jugada tras sacar del medio, Soledad García tiró la bocha hacia adelante, la encontró una de las zagueras niponas y ésta lanzó el largo envío para provocar un córner corto, que derivó en otro con el tiempo cumplido. Y allí disparó seco y alto Kimura, para empañar un éxito que venía siendo redondito.

Al margen de una pelota que se estrelló en el palo en los primeros minutos del primer tiempo, la Argentina siempre se movió a sus anchas en un encuentro en el que no debía realizar un gran gasto físico. Minadeo pensó que sería bueno poner a Luciana Aymar como centrodelantera para que no sufriera la combatividad de las japonesas en el medio. Para la pelea en ese sector estarían dispuestas entonces tres obreras como Mariné Russo, Mariana González Oliva y Rosario Luchetti. El plan funcionó a medias, porque Lucha tuvo como estampilla a Rika Komazawa, algo así como la marca del peruano Luis Reyna a Maradona en aquellas eliminatorias de 1985.

Así, ante la imposibilidad de encontrar la bocha para desnivelar como 9, la rosarina fue rotando a volante por izquierda, por derecha y como wing izquierdo. No hubo manera: la Nº 7 roja siempre estaba ahí, friccionándola o dándole palazos. Aymar desapareció en el juego, pero de a poco creció la movilidad general del resto del equipo y llegaron los córners cortos. Afortunadamente, en este rubro la Argentina volvió a despertar admiración por su efectividad: convirtió en las tres primeras ocasiones que tuvo. El 1º) a los 9 minutos, Claudia Burkart remató hacia la derecha y apareció Charito Luchetti sola para desviar y convertir. El 2º) a los 14 minutos, el toque de Aymar para Soledad García, que anotó el segundo gol en el certamen. El 3º) a los 6 minutos de la segunda etapa, la arrastrada de Mercedes Margalot al cuerpo de la arquera Terazono.

Ahí comenzó lo mejor: las Leonas sometieron al rival al juego que ellas quisieron, con un ritmo pausado, de toque y circulación permanentes. Eso, a las japonesas las saca de quicio, porque lo que necesitan ellas es velocidad, vértigo y diagonales profundas. Nada de eso tuvieron. Por momentos fue un placer ver a la Argentina encontrando siempre el mejor pase y aprovechando los espacios, con una posesión del 63%. Hasta las menos experimentadas se animaban: se abría por un lado Carla Rebecchi, surgía Agustina Bouza por el otro, Florencia D Elía marcaba y también participaba en la ofensiva... El marco ideal para acompañar esa demostración hubiese sido un estadio lleno, gente gritando y disfrutando del plan de las campeonas del mundo. En cambio, hubo más silencio que otra cosa, más allá de algún cántico aislado de los padres y familiares de nuestro país en una de las dos bandejas semivacías. Se ve que los españoles todavía no encuentran motivos suficientes para quedar atrapados por el hockey.

Todo se encaminaba para un éxito perfecto y pasar a encabezar el Grupo B por mejor diferencia de goles. Era cuestión de seguir pisando firme, atentas, sin desmayos y sin sobrar la situación hasta que sonara la chicharra. Hasta que se aflojaron los brazos, se descansó en la goleada y sobrevino la rápida reacción japonesa, que sólo se interrumpió porque ya no hubo más tiempo. "Mejor que haya pasado esto ahora y no después", se escuchó como moraleja en el plantel. Fue otra lección aprendida, a un bajo costo.

3 son los cortos que aprovechó la Argentina de los cinco que dispuso en total frente a Japón. Definió el partido en las tres primeras ocasiones que tuvo.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.