Se iluminó un rato y lo liquidó

Buenos Aires venció con holgura a Córdoba por 43 a 21 y se clasificó finalista; el sábado define con Tucumán
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29 de octubre de 2000  

Desperdició no menos de diez situaciones claras de try. Dilapidó los primeros 40 minutos en trasladar al tanteador las evidentes diferencias que existían en el desarrollo. Y la inspiración se tomó licencia en sus jugadores más creativos. Por la combinación de estas tres razones Buenos Aires le ganó sólo por 43 a 21 a Córdoba, cuando las circunstancias estaban dadas para un resultado más categórico.

Pero así como se deja constancia de estos factores negativos que salpicaron su actuación, habrá que convenir que la victoria de Buenos Aires jamás corrió riesgos y que, en definitiva, ganó por 22 puntos de distancia para avanzar tranquilo a la final del Campeonato Argentino.

Quedará en el gusto del consumidor acomodar esta ambivalente producción del bicampeón, que aportó material proporcional para los exigentes y los conformistas. Está claro que, al margen de cierta disciplina colectiva, le sobra jerarquía individual a Buenos Aires. Estuvieron más apagados que otras veces hombres como Juan Fernández Miranda (sufrió una molestia en el muslo izquierdo en el calentamiento), Orengo o Borges, pero aparecieron a pleno otros valores, como Rimas Alvares, Serra, Longo o Ugartemendía, que compensaron, con otras características rugbísticas, la ausencia de musas, la falta de inventiva para quebrar la resistencia cordobesa.

Justamente Córdoba fue eso: resistencia a puro tackle, actitud para cortar el circuito ofensivo de su adversario, con un candado en el centro de la cancha a través de la fiereza defensiva de Canestri y Vartanian. Y después, apostar a que el avance agrupado de sus forwards generase brechas. Lo primero lo consiguió; el segundo paso no, porque Buenos Aires se plantó con solvencia.

De cualquier manera, la austera propuesta visitante tuvo relativo éxito en el primer tiempo, en el que sólo pasó tres veces la mitad de la cancha y sumó nueve tantos por intermedio de tres penales de Soler.

Buenos Aires fue responsable del magro 11-9 con el que se retiró a los vestuarios en el entretiempo: no supo concretar en puntos el permanente asedio que ejerció sobre los cordobeses. Y eso que los Dogos también ayudaron al arrinconamiento propio con una flojísima utilización del pie para despejar.

En el arranque del segundo tiempo súbitamente se encarriló el triunfo de Buenos Aires. La secuencia incluyó un par de penales de Juan Fernández Miranda, la expulsión transitoria de Soler por cometer un penal burdo y el rédito que ahora sí sacó Buenos Aires, que apoyó dos tries (Hernán Senillosa y Orengo) cuando Córdoba aguantaba con 14 jugadores.

Incluso, llegaron otros dos tries -el segundo de Serra y la muy linda conquista de Borges- para sentenciar el partido. Y luego le cedió la iniciativa a Córdoba, que se dio el gusto de anotar dos tries por intermedio de Massanet para hacer más digerible la derrota.

Buenos Aires ya se colocó donde el potencial de su plantel lo obligaba. Y le queda un paso, ante Tucumán, para cumplir con el dictamen de la lógica

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