Silva y Fernández, de pura cepa oriental

La fórmula ofensiva del campeón llegó desde Uruguay; muy pirotécnicos en la cancha, afuera no se apartan del bajo perfil
Diego Morini
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14 de diciembre de 2009  

No es parte de la casualidad que el flamante campeón del fútbol argentino tenga al goleador del certamen. Tampoco es cuestión del azar que Banfield haya entrado en la historia gracias a la contundencia y efectividad de sus muchachos. Existen dos buenas razones para entender por qué Banfield pudo ingresar en el Olimpo futbolero: Santiago Silva y Sebastián Fernández. Los uruguayos que escribieron sus nombres en el firmamento del equipo del Sur. Los que construyeron la sociedad de ataque más importante y determinante, especialmente afuera de la cancha, donde cultivan una gran amistad. Silva, de 29 años, convierte, Fernández, de 24, construye. Uno es el máximo artillero del Apertura, con 14 gritos, el otro fue una pieza clave dentro de todo este asunto. El resultado: Banfield campeón

El abrazo del final entre la pareja charrúa, ese que marcó el comienzo del festejo y de la locura, también resultó una buena muestra del vínculo dentro y fuera de la cancha. Se cubrieron con la bandera de Uruguay y debajo, la risa fue la que dominó la escena, casi sin palabras, no eran necesarias. "La sensación de este campeonato es buenísima, sobre todo la de tener la copa en la mano: es impagable, especialmente, porque es la primera en la historia de Banfield", dijo Silva, ya con un gesto más duro, ese que ofrece cuando enfrenta un micrófono. Pero no siempre es así, porque su postura es distinta cuando comparte con su compinche, Fernández, su compañero de candombe. Ese que Silva incorporó en la Avellaneda uruguaya y Fernández adquirió en su Montevideo natal.

"El club se merecía este campeonato. Esto no se logra todos los días. Se sufre demasiado y este grupo dejó todo para alcanzar el título. Nadie nos regaló nada y ahora hay disfrutar. ¿Qué le dije a Santiago cuando terminó el partido? Casi nada, nos reímos mucho. Tenemos una relación genial", comentó Papelito, como lo conocen al atacante oriental, que llegó al club en junio de 2008, pero después de haber jugado en Miramar Misiones y Defensor Sporting, ambos de Uruguay.

Los dos mantienen el perfil bajo. Evitan exponerse, incluso, Silva intenta minimizar su condición de goleador del torneo. "Fue un aporte increíble, muy bueno para mí, pero estoy convencido que el premio es de todos. Sin los muchachos que se mataron para defender y la colaboración de todos cuando atacamos, es imposible poder hacer la cantidad de goles que me tocaron hacer y que hizo el equipo". Así explicó Silva su relación con el gol, la misma que cultivó en Uruguay, cuando pasó por Central Español, Defensor Sporting y River. Incluso, cuando vistió la camiseta de Gimnasia y Esgrima La Plata, donde también marcó 14 goles en 35 partidos, durante la temporada 2006/07. O cuando en Vélez, en el Clausura 2008, fue el máximo anotador del equipo con 7 festejos.

"Mate a Mate", es la bandera que los identifica y que los hinchas de Banfield lucen en honor a la fórmula charrúa. Así como dejaron una huella en eso de los exóticos festejos, los comenzaron... "En una práctica, después los dos hicimos goles. Así que había que mantenerlo", comentó Fernández, el de la bromas y el dueño de los CD de "Agarrate Catalina", auténtica murga oriental.

"Fuimos un equipo humilde y sólido, que en 15 fechas estuvimos invictos y sólo tuvimos dos partidos malos... No pudimos cerrar con un triunfo, pero estoy seguro que fuimos el mejor equipo del torneo", dice el matador del Taladro. Es la contundencia de Silva, esa que construyó junto con su amigo Fernádez o Papelito. La que grita Banfield campeón.

17 es la cantidad de goles que convirtieron entre los dos. Silva marcó 14 tantos y Fernández festejó tres conquistas.

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