Sin consuelo

"Sentía que podía concretar el mejor torneo de mi vida", aseguró Vanino Oneto, que aún sufre por quedarse fuera del Mundial; dijo que quiere permanecer en Perth como ayudante de Vigil
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26 de noviembre de 2002  

PERTH, Australia.- Sigue mal Vanina Oneto. Todavía no entiende por qué le pasó a ella, por qué justo ahora, cuando tenía todo para consagrarse. Intenta escapar de esta pesadilla, pero no lo logra. Por momentos llora, en otros no le salen las palabras y apenas se le escucha un hilito de voz. A veces se ríe y nos despierta la carcajada con un chiste, otras veces se toma la cabeza y vuelve a caer en la dura realidad de que ya no forma parte de la 10ª Copa del mundo de hockey sobre césped.

Así de ciclotímica está la delantera, entre tanto desconcierto y frustración. Hasta los periodistas extranjeros y los organizadores del torneo preguntaban ayer insistentemente: "¿Cómo está Vanina?" Este lunes tuvo ganas de recibirnos. Abrió las puertas del apartamento de la concentración que comparte con Mariné Russo, Mariela Antoniska, Natalí Doreski, Luciana Aymar y Ayelén Stepnik. Apareció con su mano izquierda vendada y protegida con una férula, tras el bochazo que recibió anteayer de parte de una rival, a los 8 minutos del partido debut de la Argentina frente a Nueva Zelanda. El diagnóstico indicó la fractura del cuarto metacarpiano y... chau Mundial.

"En estas últimas horas se me cayeron 50 lágrimas nada más. Empecé con los cuestionamientos: por qué no me corrí antes de que me pegara la bocha, por qué no la vi cuando se me venía... Las cosas suceden por algo, aunque no le encuentro explicación de por qué me pasó a mí. Ahora me siento mejor, pero el primer día fue un desastre, lloré para la eternidad. Lloré con angustia, mal, con bronca, con impotencia", relata Vana a punto de quebrarse.

-¿Y ahora que sabés que te quedaste fuera del Mundial...?

-Lo único que no quiero es ser un factor de tristeza o de angustia para el grupo. Cuando esté bajoneada me voy a ir a comer sola en otro lado. Creo que el equipo está bárbaro para llegar muy alto.

-¿Qué pasó durante el golpe?

-Me encandiló el sol. Vi que venía la bocha cerca de mi cara e hice así (se tapa la cara); entonces me pegó en el maxilar y en la mano. Primero moví los dedos y noté que la mano andaba. A los médicos les dije: "Está todo bien, no tengo nada" , y los convencí para seguir. Pero el árbitro me hizo salir. Prefería seguir jugando, aunque después me doliera. Cuando llegamos al banco yo insistía en que estaba bien. De repente quise cerrar la mano y sentía que estallaba, pero no quería que nadie me dijera lo que ya suponía, que me iba a quedar fuera del Mundial.

-¿Cómo dormiste?

-Como un baby , porque con todo lo que lloré era para inundar Buenos Aires.

-Antes del partido se te veía muy entusiasmada.

-Era el mejor momento de mi vida en todo sentido; físicamente había mejorado un montón, y en el resto de las cosas andaba bárbara. Nunca se me cruzó que me podía ocurrir una desgracia así. ¿Viste cuando pensás que vas a hacer el mejor torneo de tu vida? Bueno, era éste. Sentía que podía concretar la mejor actuación de mi vida.

-¿En qué medida repercutirá esta lesión en tu carrera?

-Este fue mi último Mundial. Tengo decidido retirarme del seleccionado en los Juegos de 2004, en Atenas. Es una decisión que ya había tomado antes de venir. Después de esa fecha quiero formar una familia y bueno, calculo que llegará la hora del recambio del equipo... antes de que me recambien.

-¿Te volvés a Buenos Aires?

-No, yo me quiero quedar. Me siento parte del equipo. Hablé con Sergio Vigil para ver en qué podía colaborar. A mí me gustan las estadísticas, analizar partidos, y Cachito me dijo que sí, que le gustaba la idea de que lo ayudara. Aparte puedo darles información a nuestras delanteras. Lo que menos quiero es sentirme una carga y que digan "pobre Vanina" . ¿Entendés?

El diagnostico final, mañana

PERTH, Australia (De un enviado especial).- La fractura de Vanina Oneto en la mano izquierda fue tratada por dos especialistas australianos. El cuerpo médico argentino consultó ayer con Bill Chapman, el encargado del departamento médico de la Copa.

Chapman derivó el estudio a Jeff Ecker, un especialista en mano. Tras observar las radiografías, Ecker concluyó que la lesión podía acarrear una cirugía o un tratamiento no quirúrgico. Frente a las dos alternativas, se realizó una inmovilización en la zona afectada, con reducción y corrección, y mañana se efectuará una nueva radiografía. Por lo pronto, Oneto tendrá un período de seis semanas de recuperación: son tres semanas de inmovilización de la zona y otras tres de rehabilitación, lo que garantizará un regreso al hockey en perfectas condiciones.

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