Sin juego y perdiendo el fuego sagrado

Jorge Búsico
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30 de julio de 2015  

Qué es jugar bien? Primero hay que interpretar la situación de juego en la que me encuentro. Luego, tengo que abrir mi archivo y buscar cuál es la mejor solución que puedo ofrecer. Y el tercer paso es ejecutar la técnica correctamente. Muchas veces no se ven las dos primeras, que son fundamentales. Si lo entendemos así, no se puede ganar sin jugar bien." La definición le corresponde a Julio Velasco, una eminencia cuya vuelta a la Argentina es mucho más valiosa que la medalla dorada que acaba de conseguir con el seleccionado de voleibol en los Juegos Panamericanos de Toronto.

¿Qué es jugar bien en el rugby? No es una pregunta que haya circulado con frecuencia en el ambiente ovalado, porque se trata de un juego de equipo por excelencia, que ofrece innumerables variantes de planteos tácticos que responden a la misma lógica que define Velasco. Los All Blacks post Mundial 2011 son la perfección porque ejecutan todas las partituras, pero jugaban bien los neozelandeses campeones de 1987 que basaban su poderío en el maul, como también el Gales del 70, que movía la pelota de un lado al otro.

A lo largo de su historia, el seleccionado argentino quizá no haya respondido a los parámetros de jugar bien, pero sí generó una sustancia de adrenalina que proviene de la camiseta celeste y blanca: la pasión. Lo que acá se le llama la locura. Aquella que, a igualdad de fuerzas, desnivela; que se impone en la adversidad. Esa es una marca argentina. La destacó la Sanzar a la hora de convocar a los Pumas al Rugby Championship como una virtud por encima de los tres colosos del Sur. Es Gonzalo Camacho volviendo después de dos años sin jugar un minuto y atravesando los muros australianos como una fiera desatada, sin medir riesgos físicos y provocando emoción. Porque no hay Pumas sin emoción.

Está claro que no se gana con eso solo. También se aplaude la idea de buscar un rugby de más variantes, porque el asumir el riesgo siempre es más valiente y menos vago. Pero en estos últimos años, los siguientes al Mundial 2011, los Pumas han deambulado sin encontrar el juego que buscan y, lo que es peor, perdiendo el fuego sagrado que lleva cada jugador en su alma amateur.

Salvo dos tests, con los Wallabies en Mendoza y con Francia en París, ambos a fin de 2014, el equipo no tuvo el fuego sagrado. A los australianos se les ganó más con la receta Hourcade; a Francia, con coraje, tackle suicida, drops y penales. Así lo exigía la situación y así respondió el equipo, con mayoría de jóvenes. Las dos veces emocionaron.

Camacho no entró en ningún sistema, pero marcó el camino el sábado pasado. Los Pumas deben asentarse sobre su base, que no implica, como algunos quieren hacer creer interesadamente, volver a la pelota en alto y a la carga barraca. Es construir desde esa locura, que no es la de una franquicia ni de otro combinado, sino de los Pumas.

En otra nota, Velasco también se refirió a las excusas. Y contó una anécdota de su juventud, cuando su equipo ganaba todos los partidos en parquet y una vez fue a la arena, y perdió. "Le echaban la culpa a la arena. Y yo les decía: si jugás en la arena, tenés dos posibilidades: te adaptás o no jugás. Lo que no podés hacer es jugar en la arena como si fuese parquet".

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