Desahogo adentro y festejo afuera

Los pronósticos se cumplieron: cerca de 100.000 argentinos vivieron el partido en el estadio, en el Fan Fest o en las calles,sin efectivo: doce clubes no completaron el cupo de los dos refuerzos; la única venta a europa fue la de guido pizarro, de lanús a fiorentina
Nicolás Balinotti
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26 de junio de 2014  

PORTO ALEGRE.– Arrinconado a la vera del Guaíba, el imponente estadio Beira-Rio parecía encogerse al comprobar que era cierto lo de la invasión de argentinos. No se trataba de una exageración, ni de algún alocado cálculo de las autoridades migratorias. La marea albiceleste avanzaba y cubría cuadras, kilómetros. Daba la sensación que si avanzaba un poco más, el gigante de cemento, sitiado por vallas y policías, podría caer hacia las costas, cediendo a la presión de la multitud.

Se sabía que todos no iban a ingresar. Hubiera sido imposible. La cercanía geográfica había animado a decenas de miles de argentinos a estar allí, afuera, en la calle, cansados de viajar y sin entradas y con poco dinero. Y lejos, quizás a unos 3000 metros del estadio o más. Todos se contentaban al pensar que eran más que los de adentro. Y se alegraron tanto con los goles de Messi como al comprobar que el seleccionado, como nunca antes, había poblado dos estadios al mismo tiempo: el Beira-Rio y el Fan Fest, un inmenso predio al aire libre que ayer estuvo colmado con unos 20.000 argentinos que vieron el partido en pantalla gigante.

Los Fan Fest son sitios montados por la FIFA en el que se baila, se bebe y se siguen los partidos en una pantalla gigante. Guardan alguna semejanza con un recital, con pogos, cánticos y música. Ayer, el partido desde allí olía a marihuana y a aglomeración. Con el madrugador gol de Messi, los hinchas que estaban atrás quisieron avanzar a los empujones. Los afortunados que estaban delante de todo, con sus miradas casi estampadas en la pantalla, estaban allí desde la madrugada, varias horas antes del comienzo del partido y de que habilitaran los accesos al predio.

Pero también hubo personas que debieron resignarse a ver el partido desde cualquier otro lugar. Fue porque no lograron conseguir entradas en la reventa ni tampoco pudieron ingresar a tiempo en el Fan Fest, que por primera tuvo que limitar el ingreso. Les pasó a Alberto, Horacio, Mario y Germán, cuatro amigos de Paraná que acamparon en una plaza sobre la avenida Ipiranga. "¿Para qué vamos a hacer quilombo e intentar pasar? La policía de acá es jodida. Y tampoco vamos a pagar fortunas por una entrada ni vamos a empujarnos al Fan Fest. Lo veremos por ahí, en cualquier lado", se lamentó uno de ellos. Lo terminaron viendo en el patio de comidas del shopping Praia de Belas, rodeados de otros argentinos.

Lucas y Diego, dos jóvenes mendocinos, vendían camisetas de Messi a 50 reales, pero no les fue tan bien como para acceder a un boleto en la reventa. Distinta suerte tuvo un chico de Guernica, que contaba orgulloso cómo había estafado a un nigeriano. "Le pagué con dólares falsos", se jactó del penoso engaño. Y detalló la estrategia: "Nos juntamos con tres amigos y compramos en Argentina 2000 dólares falsos a 2100 pesos. Y así decidimos venir. Son idénticos los billetes, casi iguales".

En el Beira-Rio como en el Fan Fest todos se pusieron de pie con el himno nacional, una melodía pegadiza que hasta cautivó a los brasileños. "¡Oh, o-o-o-o-o ooooo!", tararearon, adentro y afuera. Y el arranque del juego despertó con un explosivo grito de "¡Vamooooos!" Ni hablar el estallido con el gol de Messi, a los tres minutos.

A diferencia del debut en el Maracaná, esta vez se colgaron unas pocas banderas con las ciudades argentinas que llegaron para conquistar tierra desconocida. Insólitamente, la policía y la organización lo prohíben. Lo hacen para que las banderas no tapen el logotipo de FIFA o algún cartel de un sponsor. El fútbol, antes que nada, es un negocio. Siempre.

La multitud que circulaba por los alrededores no logró encender al privilegiado público que estaba dentro del estadio. Durante el primer tiempo, la gente estuvo algo desanimada. Sólo reaccionó ante Messi, a quien le hicieron reverencias cada vez que se acercó hasta el banderín del córner para patear un centro. "¡Meeessssi, Meeeesssiiiii..!", lo veneraron argentinos e hinchas rivales. Todos. Y hasta un puñado de cordobeses le cantó el feliz cumpleaños y el número diez alcanzó a sonreírles, en gesto de agradecimiento.

Afuera, el segundo tiempo sirvió para descansar las piernas e ir al baño. La gente bebía cerveza y fernet con Coca. La mayoría se había preparado con conservadoras y viandas. Los hinchas continuaron bebiendo tras el partido, dispuestos a seguir hasta caer redondos.

En el Beira-Rio, la segunda mitad se animó con los goles, pero hasta la salida de Messi. Sin el 10, no había espectáculo. Lo más interesante, entonces, pasaba en las tribunas. Un grupo de hinchas argentinos se dedicó minutos a insultar al presidente de la AFA, Julio Grondona, después de haber tildado de "mufa" a Maradona. "¡Maradooo..!", le gritaban. Pero el momento más tenso fue cuando la policía irrumpió en varios sectores para disipar las peleas entre argentinos y brasileños, lamentablemente cada vez más habituales.

Con la clasificación en el bolsillo, la salida fue moderada y con promesas de estar el martes en San Pablo, en el partido por los octavos de final. Allí, la Argentina no será local, como lo fue ayer, pero tampoco estará sola.

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