Sobre técnicos y estructuras

Por Alejandro Coccia De nuestra Redacción
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23 de marzo de 2000  

Federico Méndez no es el único Puma que cree que nuevo DT del seleccionado de rugby "tiene que ser extranjero", tal como lo afirmó en una entrevista realizada por la corresponsalía de La Nación en Mendoza. Sin ofensas y con la coherencia que siempre demostró al respecto, el hooker de Northampton, que se perdió el Mundial por la rotura del tendón de Aquiles izquierdo, aportó sus argumentos para respaldar esa idea: "Los técnicos de acá (de la Argentina) no tienen ni la dedicación ni el profesionalismo que tienen los de afuera. Creo que hay personas que saben mucho de rugby, pero son un poco antiguos. No están al tanto de las últimas técnicas, no pueden hacer un curso de perfeccionamiento, no disponen de tiempo para hacer análisis de videoestadísticas... También, creo que un entrenador del extranjero ayudaría mucho porque la política interna está bastante mezclada con el juego... Muchos de los coaches, por más buena intención que tengan, sean de Buenos Aires o del interior, están comprometidos con algún club. El (técnico) de afuera, en cambio, viene despolitizado, elige los jugadores que quiere y no le importa de dónde vienen, quiénes son o qué amigos tienen".

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Es cierto lo que dice Méndez; en la pretendida comparación entre los entrenadores de aquí y de allá es elemental que los técnicos extranjeros dispongan de más tiempo y dedicación: cobran por realizar esa actividad; viven de ello.

Pero no se trata de seguir compartiendo o disintiendo con los dichos del mendocino, sino de aterrizar en la realidad del rugby argentino... Un rugby argentino con tiempos muy particulares: ya van cinco meses de espera para conocer al nuevo DT de los Pumas.

El misterio sobre la identidad del flamante coach dejará de ser tal la semana próxima. Y contra los deseos de Méndez, será un técnico criollazo de pura cepa. Y amateur, como lo mandan la moral y las buenas costumbres de nuestra patria rugbística. ¿Loffreda? ¿Santamarina? ¿Tito Fernández? Los candidatos varían de acuerdo con las versiones periodísticas, pero el único que tiene la precisa es Emilio Perasso, el flamante presidente de la Comisión de Selecciones Nacionales, cuyo hermetismo es, hasta ahora, inviolable.

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Perasso está al frente de un área neurálgica. Y es la persona justa para el lugar indicado, podría agregarse desde este rincón de opinión. Básicamente, su tarea y de la gente que lo acompañará (en especial el cordobés Daniel Graco) apunta a crear una estructura organizativa que el rugby nacional necesita imperiosamente, quizá con más urgencia que conocer el nombre del técnico de los Pumas. Por otra parte, se supone que este nuevo orden debería ayudar a que el próximo entrenador del seleccionado optimice su tiempo y gaste menos energías.

Y sobre todo, se cree que los fondos y recursos que se destinen para la construcción y apuntalamiento de esta plataforma van a rendir más frutos (y habrá más beneficiarios) que los miles de dólares que deberían pagársele a un técnico extranjero, con dedicación full time y despolitizado.

Alguna vez el rugby argentino tendría que abandonar el cortoplacismo y apostar a los proyectos de largo alcance. De esa manera, no habrá tanto margen para que los Pumas estén "basados sobre la improvisación que tenemos los argentinos para todo" o para que algún día "los resultados provengan de una dirigencia organizada, ordenada y que piense en el jugador" , como pregonaba -con razón- Federico Méndez.

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