Sobrevivir a los reproches

Cristian Grosso
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22 de marzo de 2000  

Tal vez la única unanimidad que arroja el fútbol es que para los hinchas son los árbitros los personajes más odiados. Bien fuerte debe ser entonces la vocación para resistir la convivencia con los silbidos y los reproches. Con las décadas, los jueces se han tenido que adaptar a toda la vorágine de cambios del planeta-fútbol y, además, avanzan, crecen, se superan. Ahora, con la alianza de la rama femenina. Como la inglesa Wendy Toms, que trabaja para una sociedad de mensajería en Londres y también es jueza asistente en la Premier League. O la colombiana Martha Liliana Toro, que el 8 de agosto de 1999 dirigió el empate 2 a 2 entre Bucaramanga y Quindío y así se convirtió en la primera mujer de América del Sur en controlar un encuentro de primera división entre hombres. O la jueza Florencia Romano y sus asistentes Elvia Maldonado y Alejandra Cercato, que el sábado último arbitraron la tercera división de Atlanta y Argentinos de Quilmes, transformándose en la primera terna femenina que estuvo al frente de un cotejo oficial en la Argentina.

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Justicieros o permisivos. El mundo de los árbitros sostiene de mil modos su protagonismo. Lo concreto es que siempre hay sobre ellos una lupa gigante, por cierto nada permisiva. Antes de fin de este año la FIFAdará a conocer una primera lista de árbitros profesionales, con la proyectada intención de que la mayoría de ellos se encargue de dirigir los partidos del Mundial del 2002. Si uno de los escogidos fuese el sargento Daniel Giménez deberá abandonar sus funciones en el Regimiento Militar del Chaco. O Angel Sánchez tendría que apartarse de sus tareas como radiólogo en un hospital de Lanús. "No es posible que el fútbol avance con la profesionalización mientras que otras figuras clave como los árbitros continúan siendo simples aficionados", advirtió Joseph Blatter. Y no es el único cambio que se viene para los jueces, porque también la FIFA está resuelta a introducir la figura del "entrenador", que acompañará a los referís a cada partido y también se encargará de instruirlos antes, durante y después como un técnico a su equipo.

La novedosa inclusión de dos árbitros en el fútbol de Italia, Brasil y Malasia no ha arrojado por ahora conclusiones definitivas. Pero está claro que se busca innovar, y aquí también aparecen los adelantos tecnológicos que se ponen..., ¿al servicio del referí? Desde la próxima temporada se instalarán en la Premier League las cámaras en los postes de los arcos para dilucidar esas jugadas polémicas donde se desconoce si la pelota cruzó o no la línea de gol. Al mismo tiempo, hoy los ojos electrónicos a disposición de la televisión persiguen y no perdonan ningún fallo.

Cuestionados, criticados y recusados. Los árbitro son la coartada perfecta de todos. Se pierde por ellos, y se gana pese a ellos. Entonces pasan a ser el blanco de reproches y agresiones. ¿O no se ha visto a jugadores golpear a un juez en la cancha o a dirigentes patear las puertas del vestuario? El referí siempre parece indefenso, aunque, por ejemplo, la federación española acaba de suspender por 12 partidos a José María Ceballos, arquero de Racing, por empujar, pechar, tirar al suelo y pegarle en la nariz al juez Prados García.

Igual, queda la imagen de que el árbitro siempre lleva las de perder. Tal vez por eso el brasileño Alfredo Loebling reinvindicó hace poco el derecho a celebrar en la cancha con los brazos alzados, con los puños apretados o como sea una buena actuación al final del partido. Por años los jueces se vistieron de luto, posiblemente tristes por ellos mismos. Fabián Madorrán dirigió el segundo tiempo entre Ferro y Boca con una camiseta rosa. Es que al menos ahora disimulan con colores.

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