A Gaby la seguimos extrañando

Claudio Cerviño
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17 de mayo de 2012  

Aquel sábado 9 de mayo, después de la victoria sobre Mary Joe Fernandez y mientras caía el sol en el Foro Itálico, Carlos Kirmayr, el coach que sacó el mejor tenis de Gabriela Sabatini, confiaba en el título, en Roma, y ante la 1 del mundo, Monica Seles. "Gaby está capacitada para ganar otra vez en Roma. Al margen de los aspectos tácticos, lo fundamental, para mí, es el coraje. Esto significa tener la audacia suficiente para poner en práctica cosas que por ahí no hizo en la semana. Intercambiar peloteos con Seles puede resultar peligroso. En cambio, si muestra el nivel que tuvo aquí el año pasado, tiene las mejores chances", decía Kiki.

Al día siguiente, Gabriela jugó uno de los mejores partidos de su carrera. Seles estaba tanto o más compacta que en 1991, cuando en un cotejo con interrupciones climáticas Sabatini la superaba por 6-3 y 6-2. La central del Foro reventaba; un estadio que la tuvo siempre como su preferida y que por esos días le colgaba banderas con leyendas como "Benvenuti a Gabylandia", "Gaby, un sueño que está dentro de nosotros", "Rome is your home", "Gaby, mira el cielo: es tan grande como tú".

Tras casi dos horas, desplegando un tenis brillante (aquí, el desenlace http://www.youtube.com/watch?v=iG7o7Baqmos ), Sabatini se imponía por 7-5 y 6-4 y anticipaba la celebración de su cumpleaños N° 22. Con la ilusión enorme de conquistar, algunas semanas después, nada menos que Roland Garros, ese que la vio coronarse en juniors, en 1984, con apenas 14 años, desparramando a rivales cuatro años mayores. Un sueño que terminó precisamente ante Seles en semifinales, set iguales y 4-2 en el tercero, con su saque, cuando la N° 1 le tiró toda su categoría encima.

Son 20 años desde aquellos toques de distinción de una de las mejores deportistas argentinas de la historia. Que ayer cumplió 42, en otra etapa de su vida. Lejos de aquellos padecimientos previos al retiro, en 1996, cuando el tenis había pasado a ser una tortura y ya no provocaba el encanto que la divertía desde pequeña.

Gaby se fue del tenis muy joven, a los 26, y no se arrepintió. No volvió, aunque siempre estará flotando en el ambiente de las raquetas. Silenciosa, dando una mano a condición de que no trascienda. Agradecida y memoriosa. Un perfil inalterable.

Nunca buscó construir una imagen carismática; no lo sentía ni le brotaba. Gabriela encandilaba desde la cancha, con ese estilo y técnica que impregnan la memoria.

Una vez, cuando ya la irregularidad se había apoderado de su cuerpo, alguien me deslizó: "Disfrutala, sentite privilegiado de haberla visto y compitiendo contra monstruos como Seles, Graf, Navratilova, Evert, Sánchez, Capriati, Mandlikova. Nadie le valora que sea la 3 y que llegue a semifinales de Grand Slam. Cuando se vaya, no habrá otra igual y la van a extrañar".

Debo admitir que no se equivocó: Gabriela fue única.

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