Arde París

Mientras la capital francesa ya vive el frenético ritmo del segundo Grand Slam de la temporada, Agustín Calleri, uno de los argentinos de mejor rendimiento en 2003, habla de su gran momento y se anima a soñar con jugar la Copa Davis ante España
(0)
24 de mayo de 2003  

PARIS.– ¡Arde París! En el Bois de Boulogne se ultiman los preparativos para la gran fiesta del tenis. La fisonomía de la Ciudad Luz ya siente el cosquilleo del acontecimiento que se avecina. Roland Garros está muy cerca en el horizonte y la rueda del circuito vuelve a girar. Un Roland Garros que el tenis argentino aguarda con mayores expectativas que en ocasiones anteriores, dados los impactos logrados por la Legión; en medio del torbellino, Agustín Calleri, una de las caras fuertes de esta temporada del tenis argentino, deja crecer, en silencio y lentamente, su ilusión.

Sustentado en su potencia y su sacrificio, Calleri escribió varios capítulos importantes durante estos cinco meses. Hace apenas seis días cayó ante Guillermo Coria en la final del Masters Series de Hamburgo, un eslabón importante de una cadena que en este 2003 ya cuenta con un título: Acapulco, el primero de su carrera; el encuentro decisivo de Estoril y la semifinal de Barcelona; actuaciones que lo llevaron a disfrutar su mejor ubicación en las clasificaciones de la ATP: 7° en la Carrera de los Campeones y 19° en el Ranking de Acceso.

Nacido en Río Cuarto hace 26 años, Calleri es dueño de una historia particular. En 1996, cuando se preparaba para dar el salto al profesionalismo decidió cortar su vínculo con el tenis. Ante esta noticia, su padre, Juan, relacionado con el comercio vitivinícola, fue tajante: "Si dejás el tenis, te ponés a estudiar y venís a trabajar conmigo a la bodega". Y el Gordo, hoy uno de los cabezas de serie de Roland Garros, recogió el guante. Acompañó a su padre durante casi un año y ese tiempo le sirvió para templarse y tomar definitivamente el rumbo del mundo de las raquetas.

"En el fondo yo sabía que iba a ser tenista. Pero desde que era chico vivía en los torneos provinciales, nacionales y sudamericanos. Nunca me había dedicado a mí, a vivir como una persona normal. Lo necesitaba. En realidad, me tomé vacaciones y empecé de nuevo", comenta el pupilo de Mariano Monachesi, minutos después de saber que Franco Squillari será el rival con el que se medirá en la apertura del torneo parisiense.

–Volviste, irrumpiste hace tres años y tuviste un pequeño bajón. Hoy estás de nuevo entre los mejores. ¿Cuál fue el camino que tomaste para disfrutar de este momento?

–Ahora soy un laburante. Yo era vago. No me gustaba entrenarme y eso se reflejaba en los resultados. Pero en agosto empecé un proyecto de cero, con Mariano y Cristian Elseser (PF). Ya en el Masters Series de Madrid me sentía cambiado. Regresamos a Buenos Aires y las seis semanas de pretemporada fueron durísimas, pero el fruto apareció.

–Encontraste la fórmula.

–Se tenía que dar. En el tenis, si trabajás aparecen los resultados. Hay que saber aprovechar todo y mirar para adelante. Los cuadros buenos y los duros. Y eso que tuve cuadros durísimos. Para ganar en Acapulco tuve que dejar en el camino a (Marcelo) Ríos, (Gastón) Gaudio, (Félix) Mantilla y (Mariano) Zabaleta.

–También empezaste a trabajar con un psicólogo...

–Y una nutricionista que me ayudó a bajar siete kilos. Todo sirve para sumar. El psicólogo es Pablo Pécora y a mí me sirvió para descargar tensiones o broncas y canalizarlas en el juego. No puedo negar que el trabajo de mi entorno fue importantísimo para disfrutar todo esto.

–¿En qué cambia la vida de un tenista la llegada del primer título?

–Es como cruzar una barrera. Primero querés meterte entre los 100; luego, ganar un título. Y el de Acapulco era grande. Había que ganarlo como fuera. Realmente sentís un cambio, porque ves que te respetan y te miran de otra manera.

–¿Hoy te gusta la vida de tenista?

–De afuera no parece, pero es algo muy sacrificado. Viajes, aeropuerto, hoteles y club. Es todo monótono, o rutinario, y eso te cansa. Por eso hay que armar bien todo, sabiendo tener descansos, porque si no, te desgasta.

–¿Creés que éste será el Roland Garros de los argentinos?

–En mi caso no me gusta aventurar. Soy como Mostaza Merlo: paso a paso. Tengo que jugar con Squillari, que es un rival duro. Es el torneo que queremos ganar. Todos queremos ser los mejores en este polvo de ladrillo.

–Desde abril de 2001 no integrás el equipo de la Copa Davis. ¿Sos un candidato para jugar la semifinal con España? ¿Cómo ves a la Argentina en ese match?

–Me veo con posibilidades, pero la decisión es del capitán. El partido va a ser duro, pero se puede ganar. Me imagino que España hubiese preferido jugar la semifinal con otro país y no con nosotros.

–¿Cuál es la diferencia que existe entre españoles y argentinos?

–Ellos nos llevan ventaja en los torneos ganados e historia reciente. En el nivel de juego, ninguna. Hoy, en eso estamos parejos.

Más argentinos

PARIS (De un enviado especial).– Roland Garros puso primera. Ayer al mediodía se realizó el sorteo del cuadro principal y ya se sabe cuál será el punto de partida para el certamen que tanto desvela a la Legión Argentina. La clasificación conseguida ayer por Federico Browne, Natalia Gussoni y Gisela Dulko aseguraron la presencia de diez varones y cuatro mujeres en el segundo torneo de Grand Slam de la temporada. La cifra se puede estirar hoy si Mariano Delfino vence al español Oscar Hernández, en la jornada de cierre de la clasificación.

Justamente con relación a esta instancia, Browne, ex N° 1 del mundo juvenil, logró el pasaporte a este torneo al vencer al español Francisco Clavet por 6-3, 1-6 y 8-6; Gussoni, integrante del conjunto nacional de la Fed Cup, derrotó a la norteamericana Samantha Reeves por 6-1, 4-6 y 6-4, y Dulko superó a la bielorrusa Nadejda Ostrovskaya por 6-3 y 6-0. En cambio, Sergio Roitman perdió con el francés Nicolas Coutelot por 6-2 y 6-3. Los ausentes, en ambos casos por lesión, serán Guillermo Cañas y Mariana Díaz Oliva.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.