Australian Open: el enorme desafío que Roger Federer tiene por delante

Federer, en busca de una nueva final en Melbourne
Federer, en busca de una nueva final en Melbourne Fuente: Reuters
José Luis Domínguez
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29 de enero de 2020  • 00:44

La leyenda continúa, pese a todo. Desafiando al tiempo, a los rivales e incluso alguno de esos problemas físicos que atosigan al resto de los mortales y que, a veces, lo rozan a él también. Roger Federer sigue. A los 38 años, está otra vez entre los cuatro mejores del Abierto de Australia. Casi una tradición: el ex número 1 del mundo ha pisado quince veces las semifinales en el Melbourne Park. Siempre protagonista, fiel a esa historia que escribe a puro talento, listo para un nuevo y enorme reto en la antesala de la final: Novak Djokovic, el número 1 del mundo, en un duelo que se jugará este jueves, desde las 5.30 de nuestro país.

Al deslumbramiento que genera con sus golpes geniales, esta vez Federer sumó una dosis de épica, siempre necesaria en un héroe de cualquier época. Salvó siete match-points en su victoria sobre Tennys Sandgren. El número 100 del mundo acaso jamás imaginó haber estado tan cerca de vencer al coloso, pero no pudo. Ganó Federer, por 6-3, 2-6, 2-6, 7-6 (10-8) y 6-3, en 3 horas y 31 minutos de un combate que empezó por la tarde y concluyó en la noche de Melbourne, con algo de alivio, un poco de estupor.

Las estadísticas muestran una arista de lo sucedido; los números favorables a Sandgren, que tuvo más aces (27 a 5), más puntos ganados con el primer servicio (79%, contra el 71% de Federer), más winners (73 a 44) y menos errores no forzados (53, contra 56). Hasta ganó un punto más en todo el partido: 161 a 160. Pero el vencedor fue Federer.

Dolido e impreciso, el ídolo trastabilló durante un buen rato. Una molestia en la ingle derecha empezó a mermar su juego. "A veces uno se siente raro. Mi pierna se tensaba un poco. No me gusta recurrir al médico, no me gusta mostrar mis debilidades", dijo.

Los errores (30 en el segundo y tercer parcial) lo empujaron a un exabrupto: recibió un warning por lanzar un insulto al aire. "Honestamente, sentir algo de frustración en un momento creo que es normal. Entiendo que fue un poco exagerada la sanción, no es que yo sea conocido por decir palabras así, y tampoco es como si todo el estadio lo hubiera escuchado, no fue así", se quejó.

Federer salvó siete match-points en su duelo contra Sandgren
Federer salvó siete match-points en su duelo contra Sandgren Crédito: @AustralianOpen

Pero se aferró como pudo a lo último que le quedaba. Más experimentado en esta clase de duelos donde la mente juega un partido aparte, el suizo consiguió una remontada espectacular.

"No merecía ganar este partido, pero estoy aquí, y estoy feliz. Durante un buen rato pensé que estaba sentenciado. En algún momento sólo es una cuestión de suerte, porque en los match-points no tenés el control de lo que pasa. También me ha tocado estar del otro lado. Podría haber parpadeado en el momento equivocado y fallar, y eso hubiera sido todo. Pero de repente te das cuenta de algo: no está terminado", admitió.

Cierto es que el desgaste puede pasarle factura. A la dolencia que acusó se agrega el trajín -ya venía de jugar cuatro horas contra John Millman-, y por supuesto, el peso del tiempo. Necesitará Federer de todos sus trucos para salir airoso de lo que se le viene el jueves, si quiere llegar a su octava final en Australia. Previamente ganó seis y sólo perdió una, aquella recordada definición contra Rafael Nadal, que terminó con lágrimas de Roger.

Federer lleva casi ocho años sin vencer a Djokovic en un Grand Slam
Federer lleva casi ocho años sin vencer a Djokovic en un Grand Slam Fuente: AFP

El suizo conoce de memoria a Djokovic: han jugado 49 veces, con 26 triunfos del serbio contra 23 de Roger. No hay muchas ocasiones en las que Federer no es el favorito, y esta es una de esas. Nole llega con la chapa de candidato. Al fin de cuentas, ha sido siete veces campeón en Melbourne, es el defensor del título, y viene de ganarle sin mayores problemas por 6-4, 6-3 y 7-6 (7-1) al canadiense Milos Raonic. El único momento de fragilidad que mostró Djokovic fue después del encuentro, cuando se refirió a Kobe Bryant, el astro del básquetbol fallecido en un accidente aéreo, como su mentor y amigo, y no pudo ocultar las lágrimas por esa tragedia.

"Siento un tremendo respeto por Federer, por todo lo que ha logrado en este deporte. Uno ya sabe que siempre saldrá a jugar al máximo, sin importar cómo esté. Él disfruta este tipo de encuentros, las rivalidades, los grandes encuentros en este tipo de torneos", consideró el serbio. El suizo ganó el último choque entre ambos, en el round robin del Masters de Londres, en noviembre pasado. Pero en la misma ciudad, Djokovic le arrebató de las manos la corona de Wimbledon, en junio del año pasado. Más: el serbio ganó los últimos cinco duelos en Grand Slams entre ambos [Roger no lo vence desde Wimbledon 2012], y tres de los cuatro antecedentes entre ambos en Australia.

El clásico entre Federer y Djokovic está previsto para la sesión nocturna del jueves (las 5.30 en nuestro país). El suizo dijo que espera recuperarse del problema muscular que lo aquejó para llegar en buenas condiciones para un duelo que lo exigirá al máximo. "No sé si es una lesión, son dolores y problemas. Pero para las semifinales tengo un día libre, así que tendré tiempo de descansar, ver médicos, hacer fisioterapia. Esperamos que no sea nada grave, que solamente es una molestia en la ingle por jugar mucho, o por los nervios. No lo sé, pero estoy confiado", señaló.

Djokovic ha saldado con eficacia su sendero hasta aquí, en la ruta hacia su octavo título en Melbourne. A diferencia de Federer, no ha dejado mucha energía en el camino, y apenas si dejó escapar un set en el primer encuentro, frente al alemán Struff. Si es campeón, achicará la distancia con Federer en la tabla histórica de Grand Slams (tiene 16, contra 20 del suizo), además de seguir de cerca a Rafael Nadal en la lucha por el número 1 del mundo. Ya en la recta decisiva, se viene un clásico imperdible, con mucho en juego; a lo grande, como lo manda la historia.

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