Auténticos legionarios

El éxito argentino también se nutre de historias particulares; Browne, Delfino y Roitman, tres luchadores que llegaron a fuerza de sacrificios
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26 de mayo de 2003  

PARIS (De un enviado especial).- Hace unos días, Guillermo Vilas señalaba que una de las grandes ventajas que entrega este presente del tenis argentino es la posibilidad de que los tenistas se vayan empujando unos a otros. Y el efecto provocado por Coria, Nalbandian, Gaudio y compañía movió las bases. Es que la Legión se alimenta de historias conocidas como las citadas anteriormente y de nombres que hacen mil y un sacrificios por cumplir el sueño de formar parte del mundo grande del tenis. Como el caso de Mariano Delfino, Sergio Roitman y Federico Browne, los tres que superaron la etapa clasificatoria en el cuadro masculino.

"Estoy viviendo un sueño, la meta más importante de mi carrera", cuenta Rocky Delfino, de 25 años, quien tomó una raqueta por primera vez en Rosario, ciudad en la que sus padres se radicaron cuando Mariano tenía siete años.

"Llegar fue toda una lucha", agrega este fanático de Los Ramones. Y lo explica, pues para vivir del tenis necesitó ir a Alemania para jugar la Bundesliga (torneo interclubes) para Grün Rot, una entidad de Weiden.

"Ellos me adelantaban la plata y yo viajaba después por Europa para disputar challengers. Pero siempre me encontraba con un obstáculo, siempre había un límite. Aunque tuve amigos como Alejandro Lombardo (entrenador), Daniel Nicero (PF) y el profesor Horacio Anselmi, que pusieron toda la buena onda para que yo mejorara mi juego. Y a mi viejo, Mario, que vendió un departamento para darme los 5000 dólares que necesitaba para hacer esta gira. ¿Sabés cómo debe estar ahora de contento?", agrega Delfino, 154° en el Ranking de Entradas, que hoy se medirá con el francés Jean-René Lisnard.

En el vestuario, reponiéndose de una torcedura de tobillo, estaba su compañero de equipo y de aventuras, el porteño Sergio Roitman, que ingresó en el cuadro principal como perdedor afortunado. Tiene 24 años y empuñó una raqueta por primera vez en el complejo Village, en Flores. "Siempre me acuerdo de que mi viejo me decía: jugá al tenis pero terminá el colegio. Hoy le estoy superagradecido".

Roitman, que ya obtuvo un título de dobles de ATP en Amsterdam, y que aquí debutará ante el español Albert Costa, el último campeón y 9° favorito, también es ayudado por Lombardo, Nicero y Anselmi. Pero cuenta que vivió un momento singular cuando trató de buscar un rumbo distinto en el planeta tenis. "Dos personas se juntaron y me prestaron 8000 dólares hace tres años. Me dieron un anticipo y yo les tenía que devolver el préstamo más el 80% de lo que facturara. En el primer viaje gané US$ 18.000 y yo sólo me quedé con 3000 dólares. Ellos bicicletearon un tiempo más con la plata que les dí y, como suele pasar, terminé perdiendo", comenta este hincha de River, apodado Escopeta, que está 180° en la Carrera de Campeones y 134° en el Ranking de Entrada, y cuyo certamen preferido es Wimbledon.

La tercera pata de esta historia se llama Federico Browne. Tiene 27 años, fue campeón mundial juvenil en 1994 y un año después disputó un match de Copa Davis ante Venezuela. Hace un mes y medio, en Casablanca, alcanzó por primera vez los cuartos de final en un torneo de ATP. Hoy es entrenado por Daniel Orsanic, pero Browne (128° en la Carrera y 148° en el Ranking) también necesitó de la Bundesliga alemana para construir su camino en el tenis.

Ante el belga Olivier Rochus, después de tres años, hará su segundo intento en este certamen. "Sufrí mucho por las lesiones, tuvieron que operarme de un tobillo, el codo y el hombro derecho. El tenis fue toda una lucha. Pero aquí estoy, dando pelea y queriendo terminar el año entre los 100 mejores del mundo", comenta Browne, alguien que junto con Delfino y Roitman, conforma el lote de nuevos legionarios. Un grupo que también pretende dejar su huella en el polvo de ladrillo más venerado.

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