Bolas nuevas, por favor...

El nuevo modelo de las pelotas que se utilizan en el torneo no pasó inadvertido para los jugadores, que se quejaron por su peso; "Me sacan de quicio", sostuvo el Mago Coria
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30 de mayo de 2003  

PARIS (De un enviado especial).- Sin ella no se puede jugar. Pero ellos, además de pegarle fuerte, la desprecian. La gran controversia de este Roland Garros es la pelota. Todos se quejan del implemento de juego. Que es pesada. Que obliga a golpearla con más fuerza y eso provoca un mayor desgaste en los jugadores.

"Por los buenos recuerdos que me provoca este torneo, no debería protestar, pero nunca se jugó aquí con pelotas tan pesadas", dijo Agassi, campeón en 1999. "En Roland Garros las pelotas siempre fueron rápidas. Creo que las cambiaron respecto de las de otros años", señaló el inglés Tim Henman; "Noto una diferencia abismal", alertó el español Juan Carlos Ferrero, el gran candidato; "Son más pesadas que nunca", advirtió Lleyton Hewitt; "Me sacan de quicio", agregó Guillermo Coria. Como se verá, los analistas son nombres fuertes del circuito.

Las pelotas que se utilizan en el segundo torneo de Grand Slam de la temporada llevan el nombre del aviador francés que le da el nombre al certamen. Son producidas por la empresa Major, que durante la gira europea de polvo de ladrillo abastece a las pruebas de Barcelona y, especialmente, la Copa del Mundo de Düsseldorf y St. Polten, escalas previas a la cita parisiense, en la que 60.000 pelotitas se desparraman por el complejo del Bois de Boulogne.

Pero el fabricante Pierre Bayssat, legalmente el dueño de la pelota, salió al cru ce de las acusaciones de los tenistas y le echó la culpa al estado de las canchas por el mal tiempo reinante aquí en las últimas semanas. "Llovió mucho, los courts están pesados y el polvo de ladrillo se impregna más en la pelota y eso hace que se la sienta mucho más pesada que lo habitual. No es un problema de la felpa o el caucho, que son productos naturales".

Los tenistas no la quieren. Sus fabricantes la defienden. Pero más que nunca, el lema que rige el tenis masculino está más vigente que nunca: bolas nuevas, por favor.

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