Capriati volvió a ganar el Open australiano

La Nº 1 del mundo confirmó su gran momento y derrotó a Hingis luego de salvar cuatro match-points
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27 de enero de 2002  

MELBOURNE.– Las imágenes en la tarde del sábado de Melbourne fueron casi idénticas a la del año último. Las mismas protagonistas, el mismo lugar... y el mismo resultado. La chica de la sonrisa amplia, la norteamericana Jennifer Capriati, de 25 años, levantó los brazos y empezó el festejo; del otro lado, el infinito desconsuelo de la suiza Martina Hingis, derrotada por tercera vez consecutiva en la final. Igual que el año último, Capriati, N° 1 del mundo y máxima favorita, se adueñó del Abierto de Australia al vencer a Hingis (3ª) por 4-6, 7-6 (9-7) y 6-2, en 2h10m de un partido increíble.

En esta oportunidad, el choque tuvo más emoción que el del año último. Aquella vez, la norteamericana se impuso con cierta comodidad (6-4 y 6-3); ayer, el éxito sólo llegó después de una extensa batalla en la que debió salvar cuatro match-points. Con el rebound ace del Rod Laver Arena convertido en un horno (38 grados), Capriati dio vuelta una historia que parecía inclinada hacia el lado de la suiza.

“Era difícil respirar en la cancha, el aire era fino y muy caliente. Tenía la necesidad de irme bajo la sombra, o sentarme”, reconoció Capriati. Y explicó que durante los diez minutos de pausa entre el segundo y el tercer set, los fisioterapeutas les aplicaron hielo en una camilla en el vestuario. Y en los descansos, ambas se pusieron bolsas de hielo en el cuello y en la cara.

Capriati dejó de lado el clima del Día de Australia para comentar sus sensaciones tras la victoria. “Tuve una oportunidad única para levantar el partido después de ganar el segundo set, y creo que ella también lo sintió”, aseguró.

Hingis, con mucha precisión en sus envíos, comenzó el partido adelantándose 5-1, tras quebrar dos veces a su rival. Luego lo perdió dos veces, la primera cuando servía para ganar el set y la segunda tras disponer de set-point. Sin embargo, cuando Capriati buscaba igualar el score, perdió su saque y la suiza se llevó el primer set.

El arranque del segundo set fue similar al del primero. Hingis se mostraba sólida mientras Capriati, nerviosa, discutía con la umpire y un juez de línea; en pocos minutos, la norteamericana estaba 0-4. Todo parecía terminado para ella.

Sin embargo, la final sufrió un vuelco inmediato. Hingis, afectada por el calor, no supo o no pudo rematar la obra. Falló un match-point con el score 5-3; luego otros dos cuando estaba 6-5. Aún contaría con otra chance en el tie-break, cuando se colocó 7-6. Pero perdió tres juegos seguidos y el suspenso se trasladó al tercer set.

Pese a todo, Hingis se las arregló para quebrar y ponerse 2-1. Fue un espejismo, un último intento. Agotada, la suiza se quedó sin resto, mientras Capriati ganaba los cinco games restantes.

“No sé cual de las dos veces fue mejor, si el triunfo del año último o éste”, reflexionó la bicampeona, que recibió un cheque por 525.000 dólares. “Tampoco sé como levanté el resultado. Sólo fui realmente agresiva en los match-points y funcionó”, explicó Capriati.

Visiblemente agotada, Capriati mostró su satisfacción. “Tenía mucha responsabilidad sobre mis hombros; era la defensora del título, la máxima preclasificada, tratando de mantener el status de N° 1 del mundo”, confesó.

“Sabía que no estaba jugando mi mejor tenis al principio, pero luché duro y no me rendí. Eso demuestra que si se intenta pelear se pueden ganar partidos, y eso es exactamente lo que hice”.

Con esta victoria salida de la galera, Capriati quebró un récord que se mantuvo durante 113 años: la única campeona de Grand Slam que había podido salvar tres match-points en el encuentro decisivo fue Blanche Bingley Hillyard, que se impuso en la final de Wimbledon a Lena Rice, por 4-6, 8-6 y 6-4.

Con esta victoria, que significó su tercer trofeo de Grand Slam –el otro fue Roland Garros 2001–, Capriati se afianzó en la cima del ranking y consolidó su ingreso en el selecto grupo de jugadoras con el juego y la mentalidad necesarias para mantenerse en lo más alto.

La ex niña prodigio, la ganadora de la medalla dorada en los Juegos de Barcelona 1992, nombrada campeona del mundo de 2001 por la Federación Internacional, volvió a hacer realidad un sueño que había esperado mucho tiempo.

“Estoy orgullosa de haber sido capaz de regresar después de todo lo que sucedió en mi vida, de disfrutar con el tenis y de jugar bien. Esto prueba que nunca es tarde para demostrar tu talento”, explicó cuando alcanzó el N° 1 del ranking, el 15 de octubre del año último.

Con esas palabras, Capriati coronaba un regreso histórico. El pasado nefasto, en el que protagonizó problemas familiares, un arresto por robo, problemas legales por posesión y consumo de drogas, pasó a ser un recuerdo gris, cada vez más distante. Este presente exitoso, de brazos en alto, de festejos repetidos, es el tiempo de Jennifer Capriati, la chica de la sonrisa amplia. Con los mejores motivos para reírle a la vida.

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