Con una mancha a cuestas

Por Alfredo Bernardi
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22 de diciembre de 2001  

El mejor año del tenis argentino en materia de resultados se despide de la peor manera: con dos casos de doping en menos de ocho meses.

Se trata de circunstancias distintas, de hechos diferentes. Chela y Coria fueron víctimas. Uno por no preguntar lo que ingería; otro por consumir pastillas contaminadas. Pero los dos actuaron con sustancias prohibidas en su cuerpo. Culpables o no, en sus organismos circularon metabolitos que se consideran aptos para sacar ventaja.

Dijimos que se trataban de casos distintos. Chela, engañado en su buena fe, tenía una alta dosis de metiltestosterona y demostró cómo había sido su proceso. El aval de la defensa de Guillermo Vilas sirvió al Tribunal de la ATP para comprobar que Chela había sido víctima del engaño de un médico. Pero en el circuito, varios se quejaron por creer que los tres meses de suspensión y la multa (8550 dólares) fueron escasos.

Dos semanas más tarde de anunciar la sanción de Chela, la ATP recibe la muestra del caso Coria. Por más que posteriormente haya demostrado que las pastillas estaban contaminadas, que la cantidad de metabolitos era insignificante y que en los controles que le efectuaron antes y después no había un rastro de ninguna sustancia con doping, la gente que posee las oficinas en Ponte Vedra Beach actuó casi de oficio. Y no es muy difícil de imaginar lo que pensaron: "¿Otra vez un argentino con doping?". Fue así. Es más, Franco Davin, ex capitán de la Copa Davis y entrenador de Coria, aseguró que antes de ponerle punto final al juicio deportivo, los representantes de la ATP le señalaron al Tribunal que "fuimos leves con Chela; no volvamos a cometer el error".

Por culpa de las pastillas infectadas, Coria disputó un par de encuentros bajo los efectos de la nandrolona en el Conde de Godó. Fue capaz de demostrar esa falla, pero ganó y perdió un encuentro bajo esas circunstancias, por lo que recibió el castigo económico y deportivo.

Ahora hay que ver un poco más allá. Porque con dos antecedentes sobre la mesa, el tenis argentino deambulará por el circuito con un fantasma. Un sambenito que estará colgado y que causará molestias durante mucho tiempo.

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