Corazones que latieron a la distancia

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18 de mayo de 2003  

A miles de kilómetros de Hamburgo hubo dos familias que se emocionaron en un día de tenis por TV. Venado Tuerto y Río Cuarto; los Coria, los Calleri y los corazones latiendo en sintonía con los de los dos finalistas de Hamburgo.

"Fue una gran alegría. Guillermo jugó bien el primer set y se le complicó en el segundo; después vino lo del calambre y la discusión con el árbitro, y pensamos que se le podía comprometer, pero Guille lo controló bien". ¿Lo dijo un colega del Mago Coria? No, fue su padre, Oscar, cuyo análisis fue propio de entendidos. Comprensible: es profesor de tenis desde hace 31 años.

El partido ante Gaudio fue seguido en familia: "El primer set y el segundo lo vimos con mi señora, Graciela; después se nos sumó Federico, nuestro hijo menor, y Verónica, la chica que trabaja en casa. ¿Cábalas? Sólo que cada uno ocupe el lugar de siempre... Y cuando no lo dan por televisión y hay que seguirlo por Internet, en una de esas me pongo a encordar alguna raqueta, para entretenerme", contó Coria padre.

"Apenas ganó, empezaron a sonar los teléfonos. ¿Qué puede pasar mañana (por hoy)? No lo sé... Agustín viene jugando bien, pero si Guille hace su juego, el resultado lo puede acompañar", vaticinó Oscar, que tras el partido habló por vía telefónica con su hijo y con el entrenador, Alberto Mancini. Seguramente, en Río Cuarto, donde los Calleri vivieron una satisfacción parecida, opinan lo contrario.

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