De Hamburgo a Venado Tuerto

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19 de mayo de 2003  

VENADO TUERTO, Santa Fe (Especial).- La distancia ahonda las emociones. Lo saben los Coria, que desde aquí vivieron un domingo conmovido gracias al hijo pródigo que colocó el apellido en lo más alto del tenis. Bien temprano, la familia repitió su sencillo ritual para ver la final de Hamburgo por televisión: pocas cábalas -salvo la de siempre, con papá Oscar y mamá Graciela sentados cada uno en su sillón y Federico, uno de los hermanos de Guillermo, en su habitación- y tratando de no ilusionarse demasiado; tal vez, por el perfil bajo que Oscar le quiere imponer a la circunstancia. "Es que somos conscientes de lo difícil que es esto... Hay que estar contentos, pero también preparados por si mañana la cosa no va bien. Ni volverse locos cuando se gana ni deprimirse demasiado cuando se pierde", explica.

No es fácil abstraerse de los nervios, que se apoderan de mamá Graciela más que de Oscar, todo un experto en el tema: es profesor de tenis desde hace tres décadas. "En todos los partidos una está nerviosa. Yo no juego, pero de tanto ver, algo sé. A Guille lo vi bien, tranquilo, pero a veces igual no se da...", cuenta ella.

Un café y algún bocado de la torta preparada por Graciela el día anterior, sin desprender el ojo de la pantalla. Cada tanto, Oscar busca distracción encordando la raqueta de algún alumno. Pero todo transcurre bien para el Mago. Segundos después de las 10.20, la última pelota de Agustín Calleri se va larga y acaba el sufrimiento. Los Coria se abrazan con orgullo y lágrimas. Suena el teléfono; comienzan a llegar vecinos, conocidos...

Después, Oscar traza el análisis sesudo : "Guillermo jugó muy bien tácticamente; pero para mi gusto tenístico habría sido mejor que arriesgara un poquito más. Se dice que las finales no se juegan, se ganan, pero la verdad me gustó mucho más cómo jugó con Philippoussis o el último set con Gaudio".

Oscar sabe que queda algo por hacer. Entonces, en medio del continuo desfile de amigos en la casa, se va. "Fui a agradecerle a la imagen de la Virgen que está en el cruce de Venado Tuerto. No es que haya hecho una promesa: sentí ganas de agradecer, porque no sólo es importante pedir", dice.

La comunicación telefónica con Guillermo llegaría más tarde, a eso de las 16. "Le pregunté cómo se sentía, cómo estaba del calambre. Pero nada relacionado con el partido: en la familia no hablamos de tenis", asegura Oscar, y habrá que creerle. Agrega que, además, tuvo que cumplir con un encargo del campeón, que le pidió que cambiara en la agencia de viajes los pasajes para Austria -pasará por allí, pero no jugará el torneo de St Pšlten-, porque el vuelo prefijado ya estaba perdido.

"Estoy muy contenta. Recontenta . No se puede explicar mucho lo que se siente", sintetiza Graciela. "Nuestro hijo nos sorprendió: logró mucho más de lo que imaginábamos", resume Oscar. La familia Coria es orgullo en estado puro. Venado Tuerto también.

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