El otro partido de los argentinos

Unos 400 simpatizantes con remeras, gorros y banderas celestes y blancas alentaron ruidosamente al equipo nacional y se batieron en inferioridad con la gran hinchada local
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24 de septiembre de 2005  

BRATISLAVA (De un enviado especial).– La virtud de hacerse notar parece ser una costumbre en esto de la Copa Davis. Fue en el sector D, detrás del banco argentino, donde una vez más los hinchas con los colores celeste y blanco se hicieron presentes con su aliento. Como en Málaga, como en Sydney o como aquí, en Bratislava, una vez más el tenis tuvo el apoyo futbolero de aquellos que hicieron el esfuerzo para jugar la semifinal copera desde las tribunas de un estadio cerrado, que fue una caldera. Y que terminó con un prolongado festejo de los hinchas de la Legión.

Cuatrocientos hinchas de todas partes del país y algunos que residen en Europa empezaron a llegar cerca del mediodía, tres horas antes del comienzo de la serie. No hacía falta demasiada rapidez para distinguirlos: en cada esquina aparecía una camiseta del seleccionado de fútbol. O la de los Pumas. Y un montón de banderas.

“Feliz cumpleaños, Guillermina”, era la que portaba Oscar Pianetti, de Esperanza, Santa Fe. Estaba acompañado por su hermano, Miguel, y por Carlos Acosta y Víctor Engler. Oscar, o Chango, como lo conocen todos, es presidente del Lawn Tennis de Esperanza, el lugar en el que se conocieron en un Torneo Nacional, hace poco más de 14 años, Coria y Nalbandian. “Tenemos la única escuelita del país que lleva el nombre de Guillermo Vilas. Por él, mi hija se llama Guillermina”, dice orgulloso Pianetti.

Dentro del estadio, guardando el rincón para los “trapos”, los primeros en llegar son los hermanos santafecinos Juan y José, de El Trébol. Los dos llevan camisetas de Newell’s Old Boys y una enorme bandera: “Somos los mismos de siempre”. Hay otras más con sello leproso. “Teníamos que reaccionar, porque a Sydney fueron todos los canallas.”

“Newell’s 5-Central 4” y “40.000 de visitante, el más popular”, decían otras colocadas por Raúl Pallotti. Una hacía alusión a los campeonatos ganados; la restante, en referencia a la concurrencia a la cancha de Independiente, cuando obtuvieron el Apertura 2004. El clásico rosarino, quizás el más folklórico de la Argentina, encontró su nicho en el tenis. Cerca de ellos, Bettina porta la suya. “Nalbandian, el Rey David”, dice.

Hay quienes también se hicieron seguidores del equipo por todo el mundo. Como la modelo Valeria Mazza y Alejandro Gravier, su marido, quienes fueron testigos de la series ante Marruecos y Belarús. En la misma fila de asientos están Rubén y su hijo Mateo, hinchas fanáticos de Coria. En julio, fueron testigos de la hazaña en Australia. Para esta ocasión se agregó una invitada especial: Pilar, una sobrina, que también dice que estuvo gritando por Nalbandian, apoyado por Alda, su madre, que ayer llegó desde Córdoba para alentarlo.

Freyre, Monte Grande, Carhué, Isla Verde y Las Varillas, todos identificados con una bandera celeste y blanca. En el medio, surge también imponente la bandera de Uruguay. También los de River, Boca, Independiente, Huracán, Tigre y Racing, este último representado por Luis Cayuela, titular de la Cámara de Apelaciones y Garantías en lo Penal de San Isidro, quien está acompañado por Any, su mujer.

Todos, en el único sector que se contrapuso a la marea blanca eslovaca. A la llegada al Sibamac Arena, todos los simpatizantes locales recibían una remera con el escudo de Eslovaquia. Que también hicieron la ola y bastante ruido, al compás del bombo, las matracas y los redoblantes.

Todos le dieron vida a la primera jornada de la Copa Davis. Como siempre, con el magnetismo capaz de transformar lo ceremonioso del circuito en una fiesta en las tribunas.

Un tango en Eslovaquia

BRATISLAVA (De un enviado especial).– Al igual que sucedió en Sydney, frente a Australia, antes del arranque de los partidos de singles se realizó la ceremonia inaugural, rito que anteriormente se efectuaba en los minutos previos a la disputa del dobles.

Esta vez, además de los himnos nacionales de ambos países y el tradicional cambio de banderines, hubo lugar para las danzas típicas de Eslovaquia y algunos pasos de tango por parte de tres parejas de bailarines, a modo de agasajo para los argentinos presentes en el coqueto estadio Sibamac Arena.

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